Corrección política y literatura

Bien, vamos a ver, creo que lo tengo todo dispuesto: el ordenador, el teclado preferido, una música adecuada, varios litros de café, y lo más importante: mi dosis diaria de corrección política. Vamos a plantear la nueva novela.

Para escribir una nueva novela, necesitará estos ingredientes:

  • Una historia que contar.
  • Unos personajes que den vida a la historia.
  • Una trama que sea interesante.
  • Un final que impacte.
  • Un blanco.
  • Un negro.
  • Un asiático.
  • Un gay.
  • Una lesbiana.
  • Un transexual.
  • Un vegano.
  • Un religioso.
  • Una feminista.
  • Un amante de la paz mundial.

Bien, una vez tiene estos ingredientes, no olvide ninguno, pasemos a la cocción.

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Para ello, tome estos personajes, y deles actitudes que reivindiquen derechos y comportamientos afines con los grupos sociales a los que representan. No olvide hablar de los derechos de los gays, de la libertad religiosa, de los derechos de la mujer, y, por supuesto, de la igualdad entre el blanco, el negro, y el asiático.

Procure adornar la cocción con dosis de fantasías de paz y de amor mundiales, y de equilibrio ecológico. Para eso el vegano es un ingrediente fundamental. Hable de los derechos de los animales, de lo malos que son los lobbies de las empresas, y no mencione nada que tenga que ver con armas, guerras, o violencia en general. Hable un poco de violencia machista, que siempre viste mucho, y luego, haga que la mujer sea convertida en un símbolo de libertad y de paz y progreso. Ponga niños en una escuela que colaboran con alguna ONG, y en donde todos los niños, de diferentes razas y culturas, trabajan juntos para recaudar fondos por una causa noble.

Termine la novela hablando de derechos humanos, comente otra vez lo de la paz mundial, y cierre la novela con la victoria del amor y la concordia entre los hombres y mujeres de la Tierra. Ah, no lo olvide: siempre hombre/mujer, él/ella, vosotros/vosotras, no se olvide nunca del femenino.

Y con esto ya lo tenemos todo. Una novela que no molestará a nadie, donde la corrección política ha conseguido crear una historia donde ningún grupo social se ve molesto. Aunque, no se preocupe, incluso así podrán acusarle de algo. ¿De qué? Por ejemplo, de querer tapar su odio racial y su violencia bajo un marco de falsas propuestas sociales.

¿Qué nos está pasando? El principio de la corrección política, que dice:

“Cualquier cosa que se escriba o se diga siempre dañará a un grupo social, que organizará una persecución por haber vejado sus derechos, y por destruir este o aquel valor moral, político, o social”

Eso está llevando a los medios de comunicación, a los escritores, y a cualquiera que desee no enfrentarse a estos grupos a pedir el concurso y participación de especialistas que están aflorando actualmente, y que se dedican a revisar novelas y otros textos, para asegurarse de que no dañan los sentimientos de nadie. Incluso J. K. Rowling ha pasado por esta censura autoimpuesta, en la que sus novelas han sido examinadas con lupa para no dañar a ningún grupo social.

De todas las formas de censura que puedan existir en una sociedad, esta es la peor de todas. Porque no es un gobierno, un dictador de turno, o un paranoico, el que somete el arte a la censura. Es la misma población la que se somete a esa censura voluntariamente.

No importa lo que escribas, ni el cuidado con lo que lo escribas. Siempre habrá una frase, un matiz, una conversación entre personajes, que permitirán a alguno de estos grupos el organizar un ataque indiscriminado y destructor contra el autor de ese texto, teniendo en cuenta que ese texto es una novela. Pero no importa. ¿Para qué separar ficción y realidad? El autor será pasado por la trituradora de la censura más cruel que pueda haber: la de querer que el mundo sea un lugar fantástico, maravilloso, encantador, donde todo es paz y amor.

Yo, por supuesto, me niego a este tipo de censura, y de hecho en mis novelas, negros y homosexuales son perseguidos y asesinados cruelmente (aquí ponga usted una risa cruel e histérica de malo muy malo). La razón de por qué ocurre eso se explica en la novela, pero ya le adelanto que es un elemento fundamental que explica muchos aspectos de ese gobierno que describo. Y, por supuesto, me siento muy satisfecho de ello. Naturalmente, como nadie ha leído la novela (bueno, excepto un par de amigos a los que sometí a torturas y vejaciones para que la leyesen) no tengo ese problema. Pero no me quiero ni imaginar lo que le puede ocurrir a un autor de éxito que se niegue a entrar en esa cadena de censura del buen rollo que lo está invadiendo todo.

No. Es evidente que negros y blancos, heterosexuales y homosexuales, y todos los humanos en general tenemos los mismos derechos (y deberes, que demasiadas veces se omite eso). Pero una novela es una novela, y ahí ocurren las cosas que ocurren en el mundo real. Si una novela va a reflejar un mundo de fantasía perfecta e imaginaria, donde todo es paz y amor, será la novela más aburrida de la historia del universo. Si tenemos que cuidar cada palabra, cada acto, cada pensamiento, nos estaremos convirtiendo en esclavos de una corrección política que de corrección no tiene nada, y de censura y persecución lo tiene todo. Porque no lo olvidemos: la censura y persecución promovida desde las redes sociales puede destruir una vida de forma cruel y sin piedad, y eso no parece importarle a nadie.

Así que, desde este modesto blog, y aunque sé que mi voz se perderá en el ruido de los miles de sonidos que cada segundo se publican en Internet, yo digo: basta de censura. Basta de quedar bien con todo el mundo. Basta de ser buenos. Basta de hablar de paz y amor. Basta de él/ella. Basta de derechos sociales y libertades del individuo. Viva la guerra, viva la muerte, vivan las persecuciones por carácter político y de ideas, y viva la destrucción, el hambre, y las enfermedades. Viva todo aquello que puede dotar a una novela de vida, de acción, de coraje, de fuerza. Viva todo aquello que construya novelas profundas, interesantes, llenas de personajes difíciles, complejos, psicópatas, y malvados.  Si en mi última novela la “chica buena” es capaz de llevar a cabo un genocidio, no digamos lo que hacen los “malos”.

Sea malo. Sea muy malo. Y escribirá usted novelas magníficas. Con trabajo, claro. Con dedicación y mucho esfuerzo. Pero serán novelas vivas. Novelas profundas. Novelas que impacten. Deje el buen discurso para los políticos. Usted es un novelista. Que no lo conviertan en un circo. Haga que el papel arda. Y habrá dado el primer paso para ser novelista. Y luego. disfrute con esas hordas de fanáticos que buscan problemas sociales en una coma o en una frase. Es un valor añadido que siempre deberemos tener en cuenta, y que nos hará incluso mejores para ser más malos aún en nuestra próxima novela.

Más información en este enlace del diario El Mundo.

 

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1 comentario en “Corrección política y literatura”

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