Una huella (literaria) en la red

Nota: para elucubraciones anteriores sobre cómo dar a luz un libro, pulse o piense en este enlace.

Seguimos, un capítulo más, con el trabajo de preparar y publicar nuestro libro. Y, en este caso, hablaremos de la promoción en las redes sociales. Ah, las redes sociales, ese amasijo de almas que van y vienen en una interminable espiral de sentimientos encontrados y conflictos humanos. Las redes sociales son algo nuevo que enseña lo mucho de viejo que viene teniendo la humanidad desde hace milenios: que todo cambia, para que todo siga exactamente igual. Pelearnos en las redes sociales no es tan distinto de pelearnos en la plaza del pueblo, o en el bar. Pero con más repercusión. Y ahí es donde empieza el interés.

Recientemente se han dirigido a mí dos jóvenes personas, llenas de entusiasmo con su primer libro, y ajenas a mi círculo personal (que es extremadamente pequeño, eso es cierto) preguntando sobre consejos en relación a “cómo publicar mi libro”, y he comprobado cómo se crean unas expectativas propias de la juventud que, sin duda, son maravillosas, pero que están muy lejos de la brutal realidad del mundo de la literatura. Y es que este mundo es duro, muy duro, con muchísimos escritores, algunos realmente buenos.

snoopy_escritor

Destacar es muy difícil, conseguir ventas ya es una misión increíblemente compleja. Pero puede hacerse. No hay que tirar nunca la toalla. Nunca. Y, para eso, esta nueva entrada sobre cómo escribir y promocionar un libro intentará dar algunas ideas personales, que no son una solución fantástica, pero que pueden funcionar relativamente bien.  Por supuesto, hablo de autopublicación, porque el trabajo de dar a conocer un libro debería hacerlo una editorial. ¿Queda alguna? Supongo que sí. Otro día hablaré de ello, y de una anécdota de una propuesta reciente “con la que vas a conquistar el mundo literario” (risas).

El tema de las redes sociales da para escribir cien ensayos, o mil ensayos. Pero aquí y ahora vamos a hablar de cómo se pueden emplear para promocionar su último libro, o su primer libro. Como siempre, me baso en mi experiencia, no soy un “coaching expert marketing trainer for special targets in psychology”. Soy simplemente uno más de los miles y miles de personas que suelen usar la red para promocionar su trabajo. Y, después de unos años, se obtienen unos perfiles de comportamiento más o menos eficaces. Vamos con unas reglas.

Primera regla: el marketing empieza antes.

Mucha gente empieza a hablar de su libro cuando ya lo ha terminado. No lo haga. Debe empezar cuando esté al 60 o 70 por ciento de su final. La razón es que la gente debe conocer su obra antes de que aparezca. Esto crea un caldo de cultivo de posibles y potenciales lectores de tu novela. Prepare una sinopsis, y muéstrela. Que sea potente, entendiendo por potente, impactante. Ahora hablaremos de ello.

Segunda regla: las redes sociales sí funcionan.

Efectivamente. La gente suele decir que, para promocionar una obra literaria, las redes sociales no sirven, no son útiles. No es cierto; funcionan. Pero atención: no para vender su obra. Sino para darla a conocer. ¿Entonces para qué voy a perder el tiempo? Es muy fácil: si su obra no se conoce, seguro que no vende.

Hay un concepto curioso con las redes sociales que dice: “si la gente no me pone click o no comparten, es porque no les interesa; no me leen”. No, no es verdad. Estadísticamente he podido verificar que, tras poner una entrada “potente” en las redes sociales (insisto, ahora veremos qué es eso de “potente”) el número de visitas al blog ha aumentado.

Están ahí fuera. Ocultos, escondidos en la niebla de la red. Pero están ahí. No te lo dicen. Callan, no porque no les guste nuestro trabajo literario. Simplemente, prefieren mantenerse en la distancia, como el amante platónico que siente algo sincero por alguien. ¿Y cómo se sabe esto? Precisamente, porque la entrada provoca un movimiento en el blog, una desviación positiva, en cristiano: un aumento significativo de las visitas y las lecturas. Si una entrada significa un aumento del tráfico, son ellos, y son ellas. Están ahí. Les ha interesado su trabajo.

Tercera regla: entradas “potentes” en las redes sociales.

Cuando hablo de “entradas potentes” me refiero a que ponga en las redes material de calidad. Lo primero que tiene que hacer es huir de frases tremendamente gastadas como “una obra diferente”, “no podrás dejar de leerlo”, “te atrapará de principio a fin”, o del tipo “ola k asen hamijos, lean mi blog de escritor que es muy precioso y salen fotos de gatitos”…

No, por favor. Quinientas entradas diarias con escritores sugiriendo, a veces casi exigiendo, que los lectores se pasen por su blog, porque ahí van a encontrar el nirvana de la nueva literatura del siglo XXI, que deja atrás todo lo visto anteriormente. La gente no va a caer. Al contrario, van a huir despavoridos.

En cambio, lo que sí funciona es ir directo al corazón, y al alma. Con dos tipos de entradas:

Entrada tipo 1: un texto, no demasiado largo, que quepa en media pantalla, con un contenido que realmente ejemplifique el contexto y la razón de ser de tu obra. Tiene que estar en línea y consonancia con el tipo de mensaje que se quiere mandar. Si el libro trata temas de política y asuntos sociales, debe ser sobre ese contenido preferentemente. Sí, puede haber un momento romántico, pero su libro es de política, o de historia, o erótico. Bien, elija el texto, o, como suelo hacer yo, escriba algo potente directamente para subir a la red, y luego, si ve que funciona, lo integra realmente en el texto del libro.

Este es el camino contrario al habitual, sin duda. Pero funciona. Un texto potente, duro, provocativo, llamativo, que realmente marque diferencias. ¿Es difícil? Claro. Poner “Oh María, tus ojos brillan como la noche, y tus labios de pétalos hacen vibrar mi alma” provocará una estampida de posibles lectores de su novela romántica. ¿A dónde se pretende ir con un texto que se ha escrito y reescrito un millón de veces? Tiene que ser algo realmente impactante, lo más original posible. Y sí, sé que ya está todo inventado, es cierto. Cualquier cosa que pongamos tendrá referencias. Pero no es lo que se dice; es cómo se dice. Pongo un ejemplo reciente personal que ha funcionado más o menos bien:

“Los grandes logros de la humanidad se han conseguido gracias a los que más arriesgaron. Hitler, por ejemplo. ¿Cuánto avanzó la ciencia y la medicina gracias a él? ¿Cuántos logros y descubrimientos, que salvaron y mejoraron la calidad de millones de vidas, se obtuvieron gracias a sus políticas? Incontables, casi infinitas. Hitler y su actuación en los años treinta y cuarenta del siglo XX conformaron el paradigma del hombre que lo sacrifica todo por una causa, y logra los mayores éxitos que ninguna ambición podría nunca empezar a soñar. Hitler, sin embargo, cometió un error crítico: ser demasiado ambicioso. Si se hubiese conformado con algo menos, hoy estaría definido como uno de los mayores hombres de la historia, y sería venerado en todo el planeta como uno de los más grandes ejemplos de genio, en lo político, y en lo social. La ambición separa al líder del ególatra. Yo no cometeré ese error”.

En este texto podemos observar varios aspectos:

  • Se centra directamente en el tema de inmediato.
  • Palabras clave que introducen al personaje y su contexto de forma llamativa y que pretende captar la atención: “logros de la humanidad”, y “más arriesgaron”. En la primera frase. Luego “Hitler”, que unido a “logros de la humanidad” y “más arriesgaron” conforma un coctel explosivo: el lector, con un poco de suerte, pensará: “¿logros, humanidad, y Hitler en la misma frase? Ummmmh…”
  • Aparece un personaje introduciendo el contenido sin perder el tiempo con circunloquios.
  • El personaje explica los grandes logros de Hitler, ese gran hombre que tanto hizo por la humanidad, si es que era más majo Hitler…
  • El lector se termina identificando con el personaje, y su explicación sobre los logros de Hitler. Casi parece que habría que hacerle una estatua.
  • El lector comprueba que el personaje intenta superar a Hitler. Es decir, tenemos a un personaje, afortunadamente en este caso literario, que quiere superar a uno de los mayores monstruos de la historia, responsable de millones de muertes.
  • El lector, sin embargo, se llega a identificar momentáneamente con el razonamiento, y piensa: ¿”Qué? ¿Cómo puedo empatizar con lo que dice este monstruo?”

No hemos usado frases manidas y trilladas. Hemos puesto un texto directo. Luego la referencia al libro al final, la fecha en que saldrá publicado, o que ya está a la venta, y una imagen de algo relacionado, pero que no destaque demasiado. En este caso, una foto de un hombre con aspecto oscuro, fumando un puro habano.

Conclusión que se obtiene del texto: Hitler fue un hombre maravilloso, pero nuestro personaje lo es aún más. Dos grandes líderes que aman a la humanidad y su bienestar, y se sacrificarán por sus semejantes hasta el final. Qué grandes seres humanos son.

Esa es la idea: empatizar. El lector tiene que empatizar con los personajes. Incluso con los peores. Además, no nos engañemos; en muchas obras y películas, el preferido es “el malo”. ¿Por qué? Porque nos sentimos atraídos hacia esa maldad. Es atractiva. Es oscura. Está prohibida. La chica mala, el chico duro… ¿Y hay algo mejor en la vida que lo prohibido? Tenemos que jugar con esos sentimientos que el lector tiene, pero que casi nunca reconocerá. Es la mejor forma de atraparlo.

Es la esencia para llegar al lector, para atraer su mirada. En un párrafo, el lector se ha convencido de lo fantástico que era Hitler, y de que nuestro personaje es aún mejor. Dos aberraciones que llaman la atención, por cuanto se está yendo directo al grano, y se está mostrando la brutalidad de unos argumentos que, convenientemente retorcidos, pueden presentar a un monstruo como Hitler como a un gran líder carismático.

Y, lo más importante: dan una idea del contenido que el lector va a encontrar en nuestra obra. Porque, al fin y al cabo, ese era el objetivo del texto: ir directo al lector. Directo y sin concesiones. El mensaje que dejamos es evidente:

“Lee mi obra, y encontrarás que la política, la manipulación del ser humano, y los aspectos más oscuros de la humanidad están reflejados en la misma”. No hemos tenido que usar frases manidas y gastadas. Hemos demostrado lo que queríamos directamente.

Entrada tipo 2: no nos olvidemos de la entrada tipo 2. La entrada tipo 2 consiste en una imagen, significativa y con contenido adecuado, con una frase que, como la de antes, resume el contenido del libro. Tengamos en cuenta los siguientes aspectos:

• La imagen debe ser con colores equilibrados, nada de rojos furiosos o imágenes típicas. No ponga a la chica y al chico, ella preciosa y delicada, él sacando músculo y pectorales. No, por favor. La gente no es así, en general. Ponga algo más sencillo, unos ojos, una mirada, una sonrisa. Puede ser una persona, y puede ser bella. Pero con un halo de misterio. Que su postura diga algo, que su mirada diga algo.
• El texto debe ser corto. Dos, tres frases como máximo.
• El texto debe poder leerse bien. Grande, y que destaque sobre el fondo. Si el fondo es claro, letras oscuras, y viceversa.
• Debe usarse un tipo de letra que sea elegante.

Una frase del tipo 1 que se podría extraer para el tipo 2 sería: “La ambición separa al líder del ególatra”. Resume el texto anterior, y tiene fuerza, marca lo que se pretende comunicar.

Naturalmente, combinar tipos 1 con tipos 2 es la mejor elección para dar a conocer nuestra obra. Ambas tienen un gran poder si se usan adecuadamente.
Un-cuento-para-Snoopy

Cuarta regla: reseñas, el camino a la venta.

En las redes sociales la gente tiene la mente en otras cosas, no en comprar. Eso contrasta a cuando están en tiendas como Amazon u otras, donde pueden ver un libro, leer la reseña, algunos comentarios (que casualmente han escrito algunos familiares y amigos, pero eso no tiene por qué saberlo nadie) y comprar el libro.

Un libro con dos o tres reseñas venderá mucho más que uno sin reseñas, que probablemente venda poco o nada. La gente es muy poco dada a poner reseñas, incluso si el libro les ha maravillado. Y nadie puede impedir que tu madre o tu amigo del colegio ponga lo bueno que es el libro. Y no nos engañemos: todos lo hacemos. Bueno yo no, pero  es que yo soy un bicho raro. No lo sea usted.

Quinta regla: estáis ahí; os oigo respirar.

La quinta regla es simplemente tener presente una idea: si trabajamos nuestra obra a nivel de darla a conocer, y tenemos el cuidado de no intentar seguir los pasos clásicos, e intentamos ser originales, con un material mínimamente digno y de calidad, que atrae al lector, que le implica en la obra, podemos tener una razonable seguridad de que habrá gente observando nuestro trabajo. E insisto: la gran mayoría no mostrarán su presencia, no dirán “hola”, no pondrán “me gusta”. Pero estarán ahí.

Por supuesto, es importante que el ritmo de entradas en las redes sociales sea constante, pero no cansino. Y usar una entrada dos veces como máximo, espaciadas en el tiempo. Si uso una frase que creado que es genial, la pongo una vez, y luego otra más adelante. Y punto. Puedo poner esa frase en mi blog, porque quien va al blog va ya con la intención de leer el material literario. Pero, en las redes, precaución, y no abusar. Entradas de tipo 1, o de tipo 2, con contundencia, con un objetivo claro: hacer que el lector tiemble, se estimule. Que la primera frase le invite a leer la segunda, y la segunda la tercera. Si no se atrapa al lector en la primera frase, o máximo en la segunda, no se le atrapará ya nunca.

Siga estos consejos, y no acabará como informático regional de tercera, y escritor de cuarta categoría, o sea, como yo. Pero, sobre todo, disfrute escribiendo. Viva la escritura. Siéntala. Ese es el paso definitivo. Y eso el lector sabrá captarlo. Puede usted estar seguro de eso. Escribir con el corazón y con pasión puede que no le dé para vender un millón de libros, pero si lo que busca son lectores que amen su obra, ese es el camino. Lo otro, simple comercio. Y de eso podemos hablar otro día. O quizás no.

Nota final: le habrá llamado la atención lo de “pulse o piense en este enlace” de la primera línea. ¿Pensar en el enlace? Es un recurso literario que empleo en mis libros. Los seres avanzados de la saga Aesir-Vanir disponen de capacidades mentales, y pueden interactuar el entorno con la mente, por ejemplo, pulsando con la misma en un enlace. Sin embargo, aquí lo he usado en el contexto de un ensayo. Quienes hayan leído alguna obra lo recordarán. Quienes la lean luego, recordarán esta entrada. Hay que sorprender siempre al lector. Hay que buscar aquello que le dé a un texto un toque de originalidad. Sea distinto. O todo lo distinto que se puede ser. Es importante. Es fundamental.

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