Letras: saber cuándo acabar una historia

Me gustaría hoy traer una reflexión sobre ese siempre tema tan discutido en literatura como es la extensión que debe tener una obra, y no me refiero a la clasificación por palabras, sino a la longitud de un texto literario, y las consecuencias que conlleva esa extensión. También, cuando se escribe una saga literaria, saber cuándo se ha de cerrar el contenido, y pasar a otra historia. Es importante delimitar nuestra pasión por escribir, porque podemos despistar al lector, o frustrarlo, con una obra demasiado extensa, que se centre en un solo argumento.

De lo contrario, podemos agotar al lector, que perderá interés en lo que escribimos, porque no acaba nunca. Habiendo, como hay, excepciones muy concretas, sin embargo, es una regla importante de la que vamos a hablar a continuación.

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Escribir es una pasión, y frecuentemente, podemos cometer excesos. ¿Hasta dónde es bueno alargar una historia? ¿Cuándo hemos de cortar? ¿Es cierto que un libro de mil páginas es mejor que uno de cien?

Para esta última pregunta, la respuesta es evidente: libros de cien páginas pueden tener una calidad fabulosa, y otros de mil ser completamente tediosos. Pero hay algo más: un libro de cien páginas lo tiene más fácil para mantener la tensión y el interés que uno de mil páginas. Luego, se deduce que escribir mil páginas va a requerir, por parte del autor, un trabajo extremadamente más complejo en tensión emocional y literaria que uno de cien.

¿Cuándo terminar entonces un libro? Previamente deberemos haber acordado una estructura principal de la historia, y quizás algunos argumentos secundarios. Luego tendremos que tener claro la extensión aproximada que vamos a dar a esa obra.

Lo mismo ocurre cuando queremos escribir una saga de libros. Sean dos, tres, o más. Debemos comprender que la extensión no puede, ni debe, ser infinita. En ese sentido, una saga de libros demasiado larga, de más de seis o siete libros, puede llevar al lector a confusión y frustración.

Cuando un lector quiere leer una historia, quiere conocerla completa. Si la historia completa son siete, ocho libros, no digamos ya diez libros, lo normal es que el lector considere que es demasiada lectura, y abandone esa saga. En un mundo donde escribir textos de una relativa longitud tiene poca cabida, porque la mayoría de lectores quieren textos cortos o muy cortos, llegarles con una saga de siete libros o más será absolutamente contraproducente. Por lo tanto, mi personal recomendación es: nunca estires una historia hasta el punto de convertirla en un sinfín de hechos que nunca terminan.

Todo esto es fácil decirlo, pero, por supuesto, no es tan fácil de llevar a cabo. Si somos del tipo de escritor que gusta de extenderse, deberemos comprender que al lector le podemos estar llevando por un hilo argumental demasiado largo, complejo, sinuoso, y lleno de subidas y bajadas, sin que nunca termine de conocer cómo acaba todo. Por eso la gran mayoría de libros no tienen más de doscientas o trescientas páginas, siendo quinientas páginas un límite probablemente ya definitivo.

Hay excepciones de grandes obras clásicas muy largas y muy leídas por supuesto, pero son eso: excepciones. Quizás un ejemplo bueno sea “El Señor de los Anillos”, verdadera joya literaria, que sin embargo mucha gente rechaza leer por su extensión, y he conocido varios casos de lectores acérrimos y muy amantes de las letras, que no han leído esta gran obra precisamente por su extensión.

Por último, no se trata de que coartemos nuestra pasión literaria. Se trata de que exploremos nuevos rumbos, nuevas metas, nuevos horizontes. Hemos escrito un libro, o incluso varios, sobre unos personajes y una historia. Los lectores gustan de la obra. Ven un libro, o tres, y se animan a leer. Pero si ven un libro enorme, y peor, si ven una saga interminable, ni siquiera abrirán el primer libro. No quieren pasarse un año leyendo a un solo autor. Y es normal; solo autores muy consagrados consiguen eso. Los demás, deberemos conformarnos, con suerte, a que alguien lea alguno de nuestros libros. Y deberemos estar agradecidos por ello.

La pasión por escribir no conoce límites. Pero la pasión debe dejar paso a una estrategia para que podamos obtener el interés del lector. Y ello pasa por historias de tipo corto o medio, bien centradas, bien definidas, con una narrativa intensa que interese, y que tenga un claro final, sin dejar puertas abiertas. Entonces el lector estará satisfecho, y quizás se anime más adelante con otra de nuestras obras. Y habrá merecido la pena ese esfuerzo.


 

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