Historias oscuras, historias de luz

Miércoles. ¿He dicho música? En esta ocasión traigo un tema difícil y duro, que puede molestar a algunos, pero que es una realidad, tanto ayer como hoy. Una historia desagradable, pero bueno, con el tiempo todo se supera. O casi todo.

Es una historia de cuando yo tenía diecisiete años, y de mis tiempos de estudiante de secundaria en el instituto. Las clases de inglés las daba un cura, de una parroquia cercana. Era uno de los dos párrocos de la iglesia, y además era profesor de inglés en el instituto. El caso es que un día nos pidió que eligiéramos la típica canción en inglés para traducirla al español.

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Lesley Duncan

Yo, como buen romántico, y como buen amante de Alan Parsons, un músico y compositor de los años setenta y ochenta que organizó una banda muy conocida entonces, elegí uno de sus temas más llenos de sentimiento: “If I could change your mind” (si pudiese hacerte cambiar de opinión), una pieza del álbum “Eve”, el cuarto disco de este artista.

El caso es que propuse la pieza para la clase al cura-profesor, cuya letra habla de la típica historia del amor perdido. La canción puede que no sea para enmarcarla, pero a mí me gustaba y me gusta. Para mí es especial. Quizás porque me recuerda a cierta morenita que rondaba por allá.

El problema vino luego. Cuando acabó la clase, y la habíamos traducido, aquel cura-profesor se acercó a mí con cara sonriente, y me empezó a hablar en un lenguaje obsceno sobre el significado de la canción, y los pensamientos sexuales que provocaban aquella letra y aquella pieza musical. Yo, ante mi asombro frente a aquella situación que tenía frente a mí, tenía dos opciones a elegir: callar, o tomar alguna acción de respuesta. Opté por la primera opción, porque al fin y al cabo tampoco merecía la pena el esfuerzo. Evidentemente mi silencio fue suficiente para que aquel hombre saliera de ese trance en el que había entrado, y volviera al mundo real.

¿El dato fundamental de aquel momento? El recuerdo de una mente perversa, retorcida, monstruosa, y que me hizo sentir francamente mal. Un ser enfermo y corrupto en lo más profundo de su ser, que sin duda podría representar un peligro para muchos seres humanos. Aquella mente oscura me dejó una marca en los pocos instantes que pude sentirla frente a mí. No lo olvidaré nunca.

Es obvio que, desde entonces, cuando escucho esta canción, aparte del buen recuerdo de la época de juventud, suele aparecerme a veces la cara de aquel pervertido con los ojos encendidos y mirada lasciva, pensando y diciendo cosas que no podría nombrar aquí sin clasificar este blog como exclusivamente para mayores de dieciocho años.

Ahora, cuando veo esas noticias de miles, repito, miles de curas por todo el mundo acusados de pervertir a muchos miles de menores, de abusos sexuales, de destrozar miles de vidas, siempre me acuerdo de aquel cura-profesor y de su mirada.

No fue mi única experiencia negativa en este campo. Con once años un pervertido me secuestró en su coche e intentó abusar de mí, pero pude escapar por poco. De eso hablaré otro día, quizás. O quizás no. Pero una cosa sí tengo clara: cuando aparecen en televisión esos pobres chicos y chicas que han recibido abusos, sé muy bien lo que sienten. Yo tuve más suerte. Ellos no la tuvieron. Solo espero que estas monstruosidades acaben algún día. Porque siguen sucediendo de forma cotidiana, y se siguen ocultando a la opinión pública. Es algo que debe perseguirse con toda la fuerza de la ley, y se debe acabar con ello. De una vez, y para siempre.

Pero bueno, vamos a intentar acabar con buenas sensaciones. Al fin y al cabo, es miércoles de música. La canción que pedí traducir aquel día la interpreta maravillosamente bien Lesley Duncan, con una voz que siempre me recuerda muchas cosas buenas, muchas más que esta historia por supuesto.

Afortunadamente he podido aprender a disfrutar de la canción por encima de todo lo demás. Y es que en la vida hemos de construir puentes y un futuro incluso con las lágrimas de nuestras pesadillas. Espero que disfruten de la música. Y muchas gracias por estar ahí.

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2 comentarios en “Historias oscuras, historias de luz”

  1. No hay cosa peor q los lobos disfrazados d corderos y si encima son “cordero d Dios” ni t cuento… Tremenda historia… Lo peor d todo esto es q s sigue tapando impunemente el abuso en la iglesia..
    M gusta este tema 🙂 .. Abrazos d luz

    1. Lo has definido muy bien, lobos disfrazados es lo que son. Y son estos especialmente peligrosos. Un abrazo y muchas gracias por tu compañía.

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