Dos sencillas historias de perros

Los perros son nuestros compañeros. Y nuestros amigos. Y el reflejo de nuestros sentimientos y estado de ánimo. Sin embargo, en una sociedad donde el maltrato animal es una fiesta, y un signo de cultura, el maltrato a los animales es constante, y recibimos noticias prácticamente todos los días de verdaderas monstruosidades. Una sociedad está enferma y pervertida cuando usa la fuerza para atormentar a seres inocentes e indefensos. Una sociedad así no tiene futuro. Está condenada a extinguirse.

Hoy me gustaría traer aquí un mensaje de esperanza. Somos muchos los que amamos a nuestros perros, y muchos los que los cuidamos hasta el último día de sus vidas, o de nuestras vidas. Hay gente que me dice: “¿No vas de vacaciones a tal sitio por el perro?” Yo sonrío, pienso en mi perrita Lyra, y contesto: “no voy a ningún sitio sin mi perrita Lyra. A ninguno”.

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Las dos historias que voy a contar son de dos vecinos de mi barrio. El primer caso es de un hombre entrado en los sesenta, cuya hija le dejó el perro hace nueve años para un fin de semana. Aquel hombre tuvo a su perro, Thor, durante ocho años. Era su compañero. Su amigo. Su socio. Yo me cruzaba con él a menudo mientras paseaba a Lyra, y nos saludábamos, y hablábamos de la vida y de cualquier cosa. Mientras tanto, Thor saludaba a Lyra, y yo a Thor.

Un día, hace unos dos años, apareció la hija de nuevo. De pronto quería recuperar a Thor. Sin mediar palabra, se llevó al perro, y dejó a aquel hombre sin su socio. Sin su amigo. En una completa soledad.

La semana pasada, Thor murió. Estaba ya viejo, tenía una enfermedad, y lo incineraron. Aquel hombre fue a ver a su perro, a su amigo Thor. Luego le dieron las cenizas, que él reclamó, y su hija le dio. Ahora tiene a Thor en una vitrina, encima de una repisa de su casa. Y el hombre dice que Thor está de nuevo en casa. Su amigo y socio ha vuelto. Esta vez, para siempre. Ya nunca más nadie les separará.

La segunda historia es de ayer, cuando escribo estas líneas. Otro hombre, este de unos cincuenta años, llevaba siempre a sus dos perros, Morgan y Axel. El primero enorme. El segundo muy pequeño. También me cruzaba con él, y de nuevo llevábamos a cabo la conversación sobre vida y sucesos. Morgan jugaba con Lyra, mientras que Axel prefería mantener una distancia de seguridad.

En el último año, la conversación con este segundo hombre siempre se centraba en cómo le iba su tratamiento contra un cáncer que sufría. Los médicos le habían operado creo que hasta tres veces, le habían hecho quimio y radioterapia, y en los últimos meses le habían estado haciendo tratamientos experimentales. A veces tenía más fuerza, a veces menos. A veces estaba más animado, a veces menos. Pero siempre, siempre, iba con sus dos perros, incluso con dolores, con sufrimiento, con las condiciones que fuesen.

La semana pasada me enteré por su hija que estaba ingresado. Se había agravado, y el médico había olvidado recetar medicinas paliativas. El hombre gritaba tanto de dolor que al final las hijas tuvieron que exigir de forma contundente alguna solución. Por fin le dieron la medicación paliativa.

En medio del dolor, del sufrimiento final de los últimos días, aquel hombre pedía por favor que le contaran cómo estaban sus perros. Pedía por favor que le llevaran fotos y vídeos de sus perros, los cuales le calmaban, quizás no el cuerpo, pero sí el alma.

Anteayer su cuerpo se rompió del todo. Ya no pudo aguantar más. Y ayer fui al tanatorio, donde estuve con la familia acompañándoles. Aunque no soy muy amigo de ver el cuerpo, prefiero recordar a la gente en vida, esta vez sí entré a ver su cuerpo. Quería ver a ese hombre, fiel y amante de sus perros, siempre sincero y cariñoso con ellos, y siempre con una sonrisa amable en la boca. Les di el pésame a la mujer y a la hija, y me fui a casa. Allí me esperaba Lyra, fiel como siempre, y esperando que le diese su galleta.

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Lyra

Estas son historias reales. Auténticas. Y llenas de amor. Del amor de dos hombres por sus perros. Por sus compañeros. Por sus amigos. Mucha gente no puede entenderlo. Pero no importa; lo importante es que lo entendamos nosotros, los que sabemos que un perro es un colega para toda la vida. Y que haremos cualquier cosa, repito, cualquier cosa, por su bienestar. Quien quiera entenderlo perfecto. Quien no, no podrá disfrutar de una de las cosas más bellas de la vida. Porque la amistad de un perro es algo que se escribe en el alma para siempre.

Siempre me acordaré de Thor. Y seguiré saludando a su dueño, que alegre saluda a Lyra cuando la ve, con una lágrima en los ojos, pero una sonrisa en su rostro. Y siempre me acordaré del dueño de Morgan y Axel, que hasta el último día vivió pendiente de sus dos perros. De sus amigos sinceros.

Seamos humanos, por favor. Aprendamos a ser humanos. A respetar la vida. A respetar y a cuidar a aquellos que necesitan de nosotros. Demos una oportunidad a la vida. Una oportunidad de esperanza para un mundo mejor para todos. Muchas gracias.


 

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Autor: Fenrir

Escritor aficionado, me gusta la aviación, el cine, la cerveza, y una buena charla sobre cualquier cosa que ataña al ser humano.

8 comentarios en “Dos sencillas historias de perros”

  1. Dos historias muy emotivas. Gracias por compartirlas y espero que vayamos aumentando los que respetamos al resto de seres vivos. Sin duda será la mejor noticia y que se está produciendo un cambio.

  2. Me he quedado un poco serio, sin reacción aparente, pero he aquí lo que siento: En primer lugar que mala fe de lo que hizo aquella chica, dejarle el perro a su padre y luego llevárselo… el tiempo los consagro como unos amigos ¿y los separan? Muy mal. Por otro lado, excelente tu reflexión al final y gracias por aquellas dos emotivas historias. Por cierto; que linda Lyra.

    1. Muchas gracias por tus palabras, y gracias por lo de Lyra, que es encantadora, eso sí, dale sus galletas o se enfada ja ja, un abrazo.

  3. ¡¡Que bonitas historias y que emotivas!!
    La historia de Thor, que triste, que mal lo debió pasar aquel hombre sin su amigo!
    La amistad de un perro, sin duda, es un gran regalo!!
    Gracias por compartirlas!!

    1. Son dos historias que demuestran que las historias sencillas son las mejores, las más humanas. Muchas gracias por tus palabras y un abrazo.

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