No; el lenguaje no es sexista; nosotros sí

Hoy vengo con otro tema polémico, que quizás me acarree algún que otro disgusto. Pero, una vez más, en La leyenda de Darwan se comentan temas y asuntos de todo tipo, sin miedo y sin preocupación por el que dirán.

Me refiero, por supuesto, al absurdo y agotador uso del “ellos/ellas”, que tanto gusta a los políticos y grupos sociales para darse un aire de modernidad, sin saber que ellos, constantemente, están incumpliendo su propia normativa.

Porque la lengua no es sexista; y, mucho más importante: porque, cuando decimos “los gatos saltaban de la mesa”, sí sí, los gatos, no estamos siendo sexistas con los gatos. Y cuando decimos “los niños jugaban en el campo” no estamos siendo sexistas. Cualquiera que haya estudiado los elementos básicos de lingüística lo sabe. ¿Lo sé yo? Después de ocho años casado con una filóloga puedo decir que, al menos, obtuve una buena cantidad de conocimientos sobre estos temas. Y puedo dar fe de ello. Vamos pues a hablar de este tema, y a demostrar que el sexismo no está en el lenguaje, sino en las personas.

Nota: aquí hablo del género y me centro en ese aspecto.

lenguaje

Lo primero que tengo que decir es que me parece genial que se defienda a las mujeres y se combata el machismo, entre otras cosas porque yo llevo casi sesenta años en esa actividad, aunque no salga en las revistas del corazón ni en Telecinco.  Llevo décadas comprobando cómo la sociedad machista en la que vivimos somete a las mujeres a todos los niveles, social, cultural, político, familiar, personal. Quizás ver a mi tío golpear con el cinturón a mi tía, o ver todo tipo de abusos a amigas, o tener que defender a mujeres violadas porque eran vejadas ya que “llevaban la falda corta” o “se habían ido con alguien con quien no debían irse” me enseñara que debía tomar posiciones. Y así lo hice cuando tenía doce años y yo mismo fui raptado para ser violado. Afortunadamente pude huir antes de la agresión, no sin antes ocuparme del violador por supuesto, al que le agradecí su amabilidad para conmigo, y aprendí una dura lección por el camino.

Pero no podemos por ello acusar a una herramienta como es la lengua de sexista. El lenguaje no es sexista. Lo siento. Soy feminista convencido, y si alguien tiene dudas puede leer sobre estos temas en este blog, o los libros, protagonizados por dos mujeres. Además de muchos argumentos que puedo usar y emplear para defender que toda mi vida he tratado de igualar la posición de la mujer con el hombre, con muy poco éxito. Sin duda he cometido errores, pero la idea siempre ha sido esa.

De ellos y de ellas.

Voy a empezar con un teorema, como en las matemáticas. Lo llamo el teorema de Sandra, en honor a mi querida Sandra, que es un personaje de mis libros, inspirada en alguien real de mi pasado, y en donde tiene que luchar constantemente contra un mundo caótico de machismo infinito. Un mundo que ella usa a su favor para conseguir sus fines.

Dicho esto, el teorema de Sandra dice lo siguiente:

“Dado un texto escrito u oral que pretende ser inclusivo, el carácter inclusivo será inversamente proporcional al cuadrado del número de palabras que incluya ese texto”.

Voy a poner un ejemplo muy rápido. Ustedes pueden comprobar, en cualquier texto o discurso inclusivo de los que escuchamos cada día, cómo este teorema se cumple escrupulosamente.

Imaginen el siguiente texto:

“Los niños y  las niñas fueron a jugar al campo, donde se encontraron con los profesores y profesoras y los niños y niñas de otros colegios. También estaban los padres y las madres de esos niños y niñas, atendidos por un equipo de psicólogos, para estudiar su comportamiento y averiguar si alguno de ellos tuviese un problema que requiera tratamiento”.

Fíjese, pero fíjese bien por favor en este texto, porque pretende ser inclusivo, pero no lo es. ¿Lo detecta? ¿Ve el problema?

El redactor ha querido usar un lenguaje inclusivo. Pero, a lo largo del discurso, ha ido bajando en control sobre el uso de los dos sexos en las frases que ha ido encadenando. Muy bien. ¿Dónde está el problema?

El problema está al final: “por un equipo de psicólogos, para estudiar su comportamiento y averiguar si alguno de ellos tuviese un problema que requiera tratamiento”.

El redactor se ha ido relajando en el lenguaje inclusivo. La causa: la extensión del texto. Dado un texto que crece en palabras, el control sobre el lenguaje inclusivo decrece. Definitivamente, si ese texto tuviese, digamos, cinco páginas, ¿podría ser consecuente de tener un sentido práctico si constantemente, se introdujese el lenguaje inclusivo? ¿Alguien podría leer un texto inclusivo de diez, quince, veinte páginas?

No. Claro que no. Ahora observe. Vamos a corregir la parte final:

…”por un equipo de psicólogos y psicólogas, para estudiar su comportamiento y averiguar si alguno de ellos o ellas tuviese un problema que requiera tratamiento”.

Aquí he puesto el texto corregido en negrita. Es evidente que el autor del texto no ha tenido en cuenta el lenguaje inclusivo.  La razón: la extensión del texto lo impide, según el teorema de Sandra. ¿Es machista el autor? No. No por esa razón. ¿Por qué? Yo se lo explico.

Porque, en español, y en otras lenguas, cuando se habla de grupos, el masculino no es realmente un masculino; es un término neutro que denota grupo. Es cierto que se podría haber elegido el femenino. ¿Se debería cambiar entonces el femenino?

Entonces, si se hace eso, algo que podría ser factible, solo se debería usar el femenino. Repito: solo el femenino. En este caso, la frase:

“Los niños jugaban el el campo” se debería sustituir por “las niñas jugaban en el campo” pero nunca “los niños y las niñas jugaban en el campo”. ¿Por qué? Por la razón antes aducida en el teorema de Sandra; porque nadie, nunca, en un texto medianamente largo, va a estar constantemente controlando el uso de masculinos y femeninos.

lenguaje_sexista

Pruebas.

¿Las pruebas de toda esta idea? Miren ustedes declaraciones cortas, medianas, y largas, de textos inclusivos, o de discursos inclusivos. Verán que, salvo alguna excepción que realmente da vueltas increíbles sobre este tema, todos los textos dejan de usar masculino y femenino conformen se desarrollan los textos.

En estos discursos inclusivos he ido notando, además, cómo el lenguaje ha ido recortando esa falsa inclusividad. Declaraciones recientes de políticos ya no acostumbran a tener lenguaje inclusivo excepto en textos muy cortos y de caracter mediático muy importante. En el resto, en entrevistas, charlas, etc, empiezan usando el lenguaje inclusivo, pero en unos instantes dejan de hacerlo. La razón es sencilla: sería una locura estar toda una entrevista de más de dos minutos usando el lenguaje inclusivo.

Ahora voy a citarme a mí mismo en este texto. Tomo un párrafo de unas líneas atrás:

Aquí he puesto el texto corregido en negrita. Es evidente que el autor o la autora del texto no ha tenido en cuenta el lenguaje inclusivo.  La razón: la extensión del texto lo impide, según el teorema de Sandra. ¿Es machista el autor o la autora? No. No por esa razón. ¿Por qué? Yo se lo explico.

Este texto lo han leído ustedes hace unos instantes en la zona superior de este artículo. ¿Notaron algo raro en la versión original? No. ¿Notan algo raro aquí? Sí. He usado el inclusivo. ¿Se imaginan ustedes un texto de diez páginas usando el lenguaje inclusivo? ¿Se imaginan ustedes una novelas de seiscientas páginas usando lenguaje inclusivo. No esperen que yo la lea. Sería extremadamente agobiante.

Ahora imagine que todo el mundo en todo momento y lugar usara el lenguaje inclusivo. Y que pusieran una multa cada vez que no se usase. Escribo esto en el tren. Acabo de escuchar a una mujer decir “los abogados se hicieron cargo del caso”. ¡Sexismo! ¿Y las abogadas? Me voy a levantar de mi asiento, y le voy a decir a esa mujer del tren que es una machista retrógada. Y voy a ponerle una multa de 25.000 euros. Por lo menos.

En fin, creo que la idea está clara. O, al menos, yo así lo espero.

Si no le convence.

De todas formas, si todo esto no le convence, está usted en su derecho por supuesto. Pero, antes de dejar este tema, déjeme hacerle una pregunta:

¿Cree usted que, de todas formas, se ha de seguir usando el lenguaje inclusivo? ¿Sí? De acuerdo. ¿Cuándo? Usted dirá. “En todos los casos. Sin excepciones. Siempre”.

Muy bien. Vamos a poner en práctica su idea.  Recuerde: usted ha dicho “siempre”. Y somos esclavos de nuestras palabras. ¿No es así?

Fíjese en el siguiente ejemplo:

Lenguaje no inclusivo:

“Los gatos jugaban en el campo”.

Lenguaje inclusivo:

“Los gatos y las gatas jugaban en el campo”.

Ahora usted dirá: “¿Me estás tomando el pelo? ¡Solo se ha de usar con personas!

¿Y si son niños disfrazados de gatos?

“Los niños y las niñas disfrazados de gatos y gatas jugaban en el campo”.

¿Qué tal esto? ¿Es mejor? ¿Lo ve? Gatos y gatas denotan personas. ¿Hay que usar el lenguaje inclusivo? Es evidente que no.

Los niños y las niñas disfrazados de gatos jugaban en el campo”.

¿Hemos de excluir “y gatas” porque solo aplica a seres humanos, y no a animales? ¿Y por qué no lo acortamos ya y lo dejamos en gatos y niños? Al fin y al cabo, eso se llama “economía del lenguaje”.

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Un chiste sin sentido. ¿Es la profesora de este chiste machista? Claro que no. Me gustaría ver cuántos maestros dicen “salid todos y todas ahora al patio” cada día de clase durante toda su vida lectiva. Si lo hacen les doy un premio. Pero no lo hacen, claro que no. Porque no funcionan así las cosas.

Economía del lenguaje.

Una de las primeras cosas que te enseñan en lingüística general es el concepto de “economía del lenguaje”. Ese concepto dice que, dado un uso complejo de un modelo idiomático, la lengua y su uso tenderán siempre al modelo más sencillo posible. Los humanos no queremos usar complejas formas lingüísticas, y las lenguas se adaptan para poder expresar la mayor cantidad de información en la mejor cantidad de espacio posible y de la forma más concisa posible.

De ahí surge el modelo de uso del “ellos”, no como una venganza contra las mujeres, sino como un modelo de ahorro lingüístico que pretende crear en la lengua el sistema más eficiente posible. Todo ello no tiene nada que ver con una extraña venganza de aquellas personas que empezaron a usar las primeras lenguajes hace miles de años.

¡Ja! ¡Estamos inventando la lengua, y pondremos el masculino como uso genérico porque odiamos a las mujeres!

No. Puede que esos pueblos odiasen a las mujeres, aunque no olvidemos que muchas primeras sociedades eran matriarcales, ya que se divinizaba a la mujer porque podía traer seres humanos al mundo, y el hombre no podía. En todo caso, no creo que fuese una venganza de alguien que odiaba profundamente a las mujeres. Y la ciencia demuestra que no es así.

En todo caso, y como se está viendo, este uso absurdo del “ellos/ellas” está en decadencia, y seguirá siendo así excepto en personas o instituciones que insistentemente pretenden imponer un modelo de habla y escritura que nada tiene que ver con el sexismo.

Pero la prueba final son sus discursos. Vea aquellos que son largos, verá cómo van dejando de usar las dos formas conforme van hablando. Incluso los más tercos entienden que las cosas no son como ellos quieren que sean, sino como son en realidad. Porque la lengua es un mecanismo que lleva implantado en la mente miles de años, y no va a cambiar por una moda o una idea concreta.

Seguirá funcionando con la misma eficiencia de siempre. Y el sexismo seguirá existiendo, porque el problema no es la lengua; el problema es, lisa y llanamente, las personas que lo hablan.


 

 

 

Autor: Fenrir

Amateur writer, I like aviation, movies, beer, and a good talk about anything that concerns the human being.

4 comentarios en “No; el lenguaje no es sexista; nosotros sí”

  1. Coincidencias de la vida. Ayer por la noche dialogaba con mi hijo de este tema -el filólogo y estudiante de filosofía- y él defendía tu postura. La cua lme parece de agardecer como ejercicio crítico en una sociedad de pensamientoúnico asfixiante. No obstante, yo discrepaba con él en el sentido de que el genérico que se usa que concide con el morfema masculino no me parecía una arbitrariedad o casualidad -como también sostienes tú- Mi argumento era que si analizamos el sutrato socio-cultural que dio origen al castellano,como evolución más simple del latín, la consideración social de la mujer era de menosprecio o de encumbramiento por su capacidad gestante. Lo cual, a mi juicio contribuye a incidir en unos roles que menoscaban las oportunidades de las mujeres. Con esto tampoco afirmo que los hombres hayan tenido demasiadas opciones de elección a lo largo de la historia, ya que también han estadosometidos a las exigencias del sistema de producción -sea el que fuere- Pero siendo así, quien más menospreciada, marginada y cosificada incluso en elámbito familiar ha sido la mujer,porlo que me cuesta aceptar que la coincidencia lingüística del genérico con el masculino sea un azar que no responde al contexto en que se origina.
    Te felicitoporla calidad del artículo y se lo reenvio a mi hijo que se congratulará. Gracias!!!!

    1. Muchas gracias Ana por tus palabras. Decir que el género en el caso de frases de un contexto general no es tanto el masculino como uno que engloba a ambos, pero sí es evidente que se eligió el masculino, con las connotaciones que se le pueden anotar y que muy bien indicas. Una solución pasaría por usar el femenino, algo que se viene haciendo por parte de algunos colectivos. Pero el problema persiste, porque se está usando uno solo de los géneros. En griego clásico existía el género neutro, y de hecho existe actualmente en inglés con el “it”, y el “they” o “them” no conlleva género, lo cual podría ser útil para implementar en español. Pero no creo que estemos por la labor de cambiar el idioma con un “elles” como se ha sugerido en alguna ocasión. “Les niñes jugaban en el campo” sería una solución, pero insisto, creo que la lengua no es la responsable, sino la sociedad. Es un tema apasionante sin duda, y mi contribución solo pretende aclarar algunos conceptos, las soluciones, si existen, deberán dirimirse con la sociedad al completo. Un abrazo y muchas gracias.

    1. ¡Muchas gracias! Es un tema que llevaba tiempo pensando en comentar, tenía el borrador hacía unas semanas, por fin lo he acabado, de momento sin amenazas je je, un abrazo.

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