Moral y publicidad en tiempos de virus y guerras

Seguimos con la cuarentena en su quinta semana, y hoy traigo otro artículo sobre todo esto de la crisis sanitaria y la consecuente pandemia, esta vez relacionada con ese concepto tan manido de la moral, y de mantener un espíritu sano y positivo. En mi juventud nos decían que teníamos que superar las crisis, los miedos y las dificultades a patadas. Afortunadamente algo hemos mejorado, ahora se usan métodos algo más civilizados.

No soy mucho de ver televisión, pero es increíble la cantidad de veces que llegan a decir, en todas las cadenas, ese mensaje constante de “quédate en casa”, de una forma casi enfermiza. Tanto es así que se ha convertido en el elemento principal de agobio por mi parte. Que sí, que tenemos que quedarnos en casa, que es por nuestro bien, que somos héroes por cuidar a otros héroes, que somos valientes y duros, etc, etc, etc. Pero también tenemos que ser héroes para no explotar con tantas recomendaciones a todas horas sobre los buenos que son unos, y los malos que son otros.

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“Procure ahorrar en carbón, gas, electricidad, parafina”

¿Creen  que estas técnicas de presión constante para marearnos y mantenernos contentos y felices con noticias de fiestas de cumpleaños, abrazos, aplausos y ejemplos de conductas de buenos ciudadanos es un invento nuevo? Ya se lo adelanto: es tan antiguo como el ser humano. Y yo no estoy en contra de animar a la gente. Sí estoy en contra de mostrar el mundo en blanco y negro. Y de eso quiero hablar: de la doble moral, que consiste en que debemos creer y callar con cada acción que llega del poder de turno, sea cual sea este. Porque luego llegan aquellos que, en nombre de ese poder, se tornan en jueces y verdugos de esas ideas.

Moral para levantar el ánimo, y para manipularlo.

La idea se basa en un concepto muy antiguo: en tiempos de crisis, sean por guerras, sanidad, u otros, los poderes nos van a querer convencer de que hagamos exactamente lo que ellos dicen que hagamos, porque es por nuestro bien. Y lo es. A veces.

Pero cuidado: hay mucha, mucha manipulación también. Empezando por las cifras. Y terminando por los intereses creados entre el bienestar de las personas y los poderes que siempre dan un golpe en la mesa. Y esos poderes no son seres ocultos en un antiguo sótano, ni mucho menos, sino que están delante de nosotros. No hace falta pensar en conspiraciones. Vaya usted al banco y pida ayuda. Tendrá un ejemplo de lo que digo.

Pero, ¿para qué imaginar cosas, cuando podemos ver pruebas de cómo se gestiona a la población en situaciones de crisis? Y, para ello, un buen ejemplo fue la segunda guerra mundial. Porque dicen que esta crisis sanitaria es una guerra. No tienen ni idea. Esta crisis sanitaria es un paseo por el campo comparada incluso con la guerra más inocente de la historia.

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No. Esto no es una guerra, como algunos nos quieren hacer creer. Esto es una crisis sanitaria. Una pandemia. Terrible, por supuesto. Con consecuencias personales y económicas terribles, qué duda cabe. He visto ya caer a seres queridos de personas cercanas por el Covid-19, y he visto cuadros terribles. Todos ellos son durísimos. Y espero que termine muy pronto esta pesadilla.

No es una guerra.

Pero, ¿una guerra? Aquí los mercados siguen abastecidos, los transportes funcionando, y hay un plan para ir reabriendo la economía.

No nos caen bombas, no hay matanzas, no hay batallas ganadas o perdidas, no nos mandan al frente con un fusil en una mano, un cargador en la otra, y una sonrisa diciéndonos que somos héroes por salvar la patria.

Vamos pues a centrarnos  en el problema, y vamos a dimensionarlo como lo que es: una crisis sanitaria global, es decir, una pandemia. Esperemos que nunca tengamos que vivir una guerra.

Carteles de guerra: una reflexión.

Veremos a continuación ejemplos de carteles de guerra para levantar la moral en la segunda guerra mundial, que me han venido a la memoria al ver esta retahíla de mensajes machacones y constantes sobre moral a la población.

Y recuerde: en tiempos de crisis, con un estado de alarma, nos quieren centrados y callados. Les pondría un ejemplo reciente que tuve, hace tres días, con respecto a este tema. Afortunadamente aprendí de joven a gestionar el carácter de hombres y mujeres dotados de un poder especial “superior” temporal, que se terminan creyendo los dioses del universo porque les han  lavado el cerebro diciéndoles que son salvadores. Y algunos incluso se lo creen. Esos son los  peligrosos. Y es mejor evitarlos, siempre que sea posible.

Carteles de la Segunda Guerra Mundial.

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“El chocolate es un alimento de guerra”

El chocolate es un alimento de guerra, también puede traducirlo como “comida de combate”, elija el que más le guste. El chocolate es ciertamente un alimento muy bueno por su alto contenido de energía para los soldados. Obviamente no se trata de abusar, pero es cierto que es un buen alimento para un soldado en situaciones de estrés. Tanto por la energía como por su efecto estimulante.

¿Y qué nos pide el cartel? Que no acaparemos el chocolate. No sea egoísta. El chocolate debe servir para quienes lo necesitan.

¿Le suena? Es la misma canción de las mascarillas, o de otros productos de primera necesidad. O esos medicamentos que se dice son buenos para el Covid-19, y que se han debido racionar y controlar su venta. Antes era el chocolate. Hoy las mascarillas y ciertos medicamentos. O las naranjas, que están por las nubes. Mañana, vaya a saber usted. Espero que no suban los videojuegos o me da algo.

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“Tú los compras, nosotros los volamos”

Los bonos de guerra son una herramienta de los estados para financiarse por parte de sus ciudadanos. Como todo bono puede tener un interés, y pueden o no estar garantizados. En general, en aquella época comprar bonos era algo patriótico, y un apoyo para obtener dinero para financiar el esfuerzo de guerra. Se parecen mucho a los eurobonos o coronabonos que los países del norte de Europa no quieren poner en circulación, por aquello de que italianos y españoles somos culpables de habernos gastado el dinero en fiestas, paellas, y pizzas.

Comprar bonos de guerra era un acto patriótico, y ahora podemos verlo reflejado en esa enorme legión de empresas y personas creando material para los hospitales y médicos. Sin duda un acto honesto, aunque muchas de esas mascarillas artesanas tengan un uso dudoso como herramienta higiénica. No critico el esfuerzo, por supuesto, pero sí pongo en duda que, de repente, la población del planeta se convierta en experta en el uso de mascarillas en tiempos de crisis sanitarias de un día al otro. Porque, no lo olvidemos: un mal uso de la mascarilla podría ser peor que no usarlas. Y cuidado: obligar a usar una herramienta así sin la formación adecuada puede volverse contra uno.

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“Manténgalos sonrientes con cartas”

Mantenerse sonriente. Con la moral alta. ¿Ha visto todo el tema de los aplausos, de los policías montando espectáculos en la calle, de las fiestas de cumpleaños a los enfermos, de los gritos de victoria con cada nuevo dato positivo, de las sonrisas y amables palabras en cientos de anuncios, informando de lo buenos que somos todos? Ya en la segunda guerra mundial se requería mantener la moral con cartas para elevarla. ¿Es necesario? Sí. Hasta cierto punto. Porque, sinceramente, hay situaciones que están bien, son bonitas. Y son estimulantes.

Pero hay situaciones que están rozando el esperpento. Gente arrodillándose frente a los enfermos para ser mostrados en televisión, o ejemplos de buenos ciudadanos haciendo su cuarentena con maravillosas sonrisas y niños felices en casa, mientras otros malos muy malos se saltan la cuarentena, y se les acusa más o menos de ser agentes del infierno… Juzgamos y prejuzgamos, y se le da al pueblo situaciones de blanco y negro, que el pueblo pueda entender rápidamente, para decirle “esto bien” y “esto mal” como se les enseña a los niños pequeños.

No tengo nada en contra de elevar la moral de la gente, al contrario. Sí tengo mucho en contra de ver cómo algunos aprovechan esta situación para montar discursos patrióticos o de sus empresas e instituciones como salvadoras del mundo frente al virus. Seamos garantes de la moral, no de la manipulación de aquellos que necesitan levantar la moral.

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“‘¡Podemos hacerlo!”

Termino con un cartel muy famoso, que hoy en día se usa para el apoyo de las mujeres en el trabajo y en otras circunstancias. En la segunda guerra mundial muchos hombres estaban ocupados con la guerra, y las mujeres tuvieron que ponerse a trabajar en las fábricas. Luego, cuando la guerra acabó, todo el mundo se olvidó de ellas. Vuelta a casa, a hacer sus labores de mujer. ¿Recompensas? ¿Recuerdos especiales? Nada. Muchos aplausos, para luego ser olvidadas.

¿Por qué lo traigo aquí? Hoy son los sanitarios los que son ensalzados, aplaudidos, convertidos en héroes. Con toda la razón.

¿Dónde estarán esos aplausos y vítores dentro de cinco años? Mucho me temo que, o aprendemos de todo esto, o lo que estarán dándole a los sanitarios son nuevos despidos, nuevos recortes, y nuevas privatizaciones.

¿Habremos olvidado esta pesadilla? ¿O entenderemos que la sanidad es un aspecto básico de la vida? ¿Que salvar a la población en general es el mejor medio para salvarnos nosotros? ¿Que no podemos dividir a la humanidad entre quién puede recibir tratamiento y quién no? ¿Aprenderemos que, si no cuidamos a los desfavorecidos, estos enfermarán, y contaminarán a los favorecidos, igualando la balanza, en una justicia que no entiende de poderosos y pobres?

Son preguntas que dejo ahí. Dentro de cinco años veremos las respuestas. Espero no tener que dar malas noticias. De momento, esperemos salir lo antes posible de esto, pero que nadie se engañe: como ya dije, la cuarentena no puede eternizarse.

Saldremos a la calle, y el virus volverá a correr. Ahora, mañana, dentro de un mes… El virus está ahí fuera. Y tenemos virus todavía para un buen tiempo, hasta que los médicos den con un tratamiento realmente efectivo, y sobre todo la vacuna.

Esperemos que la ciencia nos dé respuestas pronto. Porque nos va la vida en ello. Literalmente. Y esa es una verdad que debemos entender, y  asumir. Porque ese es el primer paso para concienciarnos, y actuar con criterio y rigor científicos. Muchas gracias.


 

Autor: Fenrir

Amateur writer, I like aviation, movies, beer, and a good talk about anything that concerns the human being.

2 comentarios en “Moral y publicidad en tiempos de virus y guerras”

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