Cuando el mayor éxito es reconocer el fracaso

Hace unos días volvía yo para casa en el tren después de haber salvado la Tierra… después de un día de rutina en el trabajo, cuando una joven de 21 años (ella se encargó de informar de su edad a todo el vagón) nos dio un discurso, según el cual, todo puede conseguirse en la vida, si se tiene la determinación y el interés necesario, y se hace el esfuerzo que sea adecuado.

La joven respondía a un interlocutor que tenía enfrente, pero su voz de soprano, y que me encontrase al lado, hacía imposible no oírla. El caso es que estaba muy orgullosa de haber aprobado no sé qué exámenes exactamente. La joven comentaba que, mientras sus amigos se dedicaban a pasarlo bien, ella había trabajado y estudiado duro para conseguir aquel éxito.

Aparte de que el discurso era evidemente inducido, es decir, aprendido de alguien, su padre, su tutor, o alguien influyente que le había metido esas ideas, porque las recitaba de memoria, completamente convencida de lo que decía.

Mucha otra gente dice lo mismo, y recibimos el mensaje constantemente en los medios: “con esfuerzo lo conseguirás”. “Lucha, nunca te rindas”. “Todo es posible si no te das por vencido”. Esa joven era casi un ejemplo de libro de esa filosofía.

Bueno, pues, como suele ser costumbre en mí, traigo malas noticias: esa idea es completamente falsa. No es verdad que podamos obtener todo lo que queramos, si lo deseamos con todas nuestras fuerzas y nos dejamos la piel. No es verdad que el éxito llegue si se intenta constantemente. Vivimos en una sociedad absolutamente borracha del éxito, en una sociedad donde tenemos que triunfar, donde tenemos que ganar, donde tenemos que superarnos.

Nos dicen continuamente que luchemos, que podemos hacerlo, que nos nos rindamos, que caerse es el primer paso para levantarse y seguir, etc etc.

¿Qué ocurre con estos mensajes? Que mucha gente, sencillamente, no puede seguir ese ritmo. Y que mucha gente, por mucho que lo intente, no triunfará. ¿Por qué? Razones hay varias. Porque, en realidad, no es lo suyo. Porque no es el momento. Porque los dioses no lo quieren. Porque su sitio está en hacer algo distinto. Y, sobre todo, porque somos humanos. Sí, amigos y amigas. Somos humanos. Podemos no alcanzar el éxito. Y entonces la sociedad nos dice: “eh, tú, levántate y sigue, o serás un fracasado”. Y es entonces cuando la gente comienza a deprimirse, a sentirse vacía, a darse cuenta de que se le exige algo que no puede dar, pero que le dicen que debe dar.

No, esa no es la sociedad que ayuda a las personas. A una persona se le ayuda procurando conseguir que encuentre su camino, pero el camino es mil caminos, y la lucha son mil luchas. No podemos luchar contra las circunstancias, no está todo en nuestras manos. No dependemos solo de nosotros para conseguir él éxito. Hay millones de factores que influyen.

¿Has intentado algo y has fracasado? Puedes volver a intentarlo. O puedes decidir, honestamente, que aquello es una etapa cerrada, y que existen millones de oportunidades esperándote. Que no se acaba el mundo porque no dominas el piano, porque no eres capaz de hablar en público, porque no te salen las mates, o porque tu cuadro de pintura no alcanza el mínimo para entrar en la academia de pintura. No. Tú tienes un camino. Pero ¿te has planteado que ese camino no es tu camino? Busca, mira otros senderos, busca otras rutas, otras alternativas. Hay alguien grande en ti esperando a salir. Pero no en esa materia. No por ese camino.

Tenemos que luchar por nuestros sueños. Pero no debemos permitir que nuestros sueños se conviertan en pesadillas. Es entonces cuando deberemos abandonar, sin miedo, y empezar una nueva etapa. Y ya habremos triunfado. Dejando de lado nuestra obsesión por el éxito, y entendiendo que el mayor éxito es reconocer nuestros fracasos, y buscar nuevas metas. Entonces habremos triundado de verdad. Y tendremos un nuevo futuro ante nosotros. Seguro que lo tendremos.

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Del éxito al fracaso, pasando por la experiencia

La frase de la semana es de Niels Böhr, el padre de la mecánica cuántica en muchos sentidos (es una paternidad compartida en todo caso, donde él fue un elemento clave).

En un mundo donde parece que el fracaso no se admite, se persigue, y se critica duramente, y en donde nos exigen siempre lo mejor de lo mejor cada día, Böhr nos dice claramente que fracasar no solo es una opción; es además una necesidad. Fracasar nos permite valorar los errores, medirlos, cualificarlos y cuantificarlos, y someterlos a nuestra crítica personal, que ha de ser siempre la primera, la más dura, pero también la más abierta.

Por supuesto que nadie quiere fracasar. Pero el camino al éxito, si este llega, está plagado de fracasos que nos han ayudado a comprender qué pasos hemos de dar. Cuando alguien vive el éxito, mucha gente quiere imitar ese éxito; no saben que esa persona antes tuvo que pasar, casi siempre, un calvario de fracasos y de decepciones. Y, sin embargo, no cejó en su empeño.

Una cosa es importante: el fracaso no garantiza el éxito, por supuesto. Muchas veces no triunfaremos en ningún caso. Pero eso es también un triunfo, si comprendemos por qué ha ocurrido. Ahora bien, el éxito casi nunca está aislado del fracaso. Ambos van de la mano, y ambos se necesitan.

También es importante valorar qué es éxito y qué es fracaso. Si quieres vender mil unidades de algo y lo consigues, habrás triunfado. Si eran un millón, habrás fracasado. ¿Eras realista en tu cálculo? No pretendas crear imposibles. Sé realista.

Examina tus posibilidades. Escucha las críticas. Razona tus pensamientos, y sé extremadamente sincero contigo mismo. La jactancia, la presunción, la arrogancia, solo te harán fracasar hasta el infinito. Sé modesto, y sé claro, y puede que triunfes un día. Puede. No es seguro. Pero habrás iniciado el camino, eso sí puede garantizarse, sin ninguna duda.

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