De Bach, y de una luz en el camino

 

Nota: esta es una reflexión personal, sin otro motivo que pensar sobre la vida y el camino que hemos de andar. 

He estado revisitando recientemente un capítulo doble de la serie “House”, en la que el famoso doctor va a un centro psiquiátrico para recibir tratamiento, debido a su adicción a la vicodina.

Aparte de que personalmente esta serie me parece fantástica, estos dos capítulos me han retrotraído a una época, hace ya demasiados años, en la que estuve visitando a una amiga que se encontraba ingresada en una unidad psiquiátrica de un importante hospital. Recuerdo intensamente aquellos días, por el caudal enorme y brutal de sensaciones que recibí de todas aquellas personas, en muy diferentes estados, y en situaciones a veces difíciles de describir. Mi propia amiga sufría una enfermedad grave, y yo, que era bastante joven, no podía llegar a procesar todo aquel manantial de sensaciones que tenía que gestionar con cada visita.

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Inyecciones de vida, qué importantes son

La vida es dura, la vida es cruel, la vida es todo lo mala que uno quiera. Hoy hablaba con una mujer, cuya vida atormentada pasaba por negar cualquier posibilidad de encontrarle sentido a la vida. Todo era negativo, y todo lo que se le dijese solo iba a remarcar su idea de que la vida no merece la pena.

Esa mujer, naturalmente, no odia la vida. Se odia a sí misma. Y, en ese odio, confunde lo que es el recorrido por este mundo con su experiencia y con lo que ha visto: odio, violaciones, mutilaciones, guerra, hambre, dolor, sufrimiento.

Sí, sé de lo que habla. Hace ya años, cuando recogí a una chica que acababa de ser violada, con una vida destrozada, y cuya identidad se había perdido por la cloaca, y cuando comprobé que sus amigos la abandonaban y dejaban de lado, aquella chica quería morirse. Era algo lógico. Al parecer, era la responsable de que hubiese sido violada, por haberse ido en el coche de un amigo que la había prometido llevarla a casa. “No lo conocías bien, ¿por qué te fuiste con él? ¿Por qué no tienes cuidado? ¿Por qué no estabas en casa? Te mereces haber sido violada”.

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Cuando el mayor éxito es reconocer el fracaso

Hace unos días volvía yo para casa en el tren después de haber salvado la Tierra… después de un día de rutina en el trabajo, cuando una joven de 21 años (ella se encargó de informar de su edad a todo el vagón) nos dio un discurso, según el cual, todo puede conseguirse en la vida, si se tiene la determinación y el interés necesario, y se hace el esfuerzo que sea adecuado.

La joven respondía a un interlocutor que tenía enfrente, pero su voz de soprano, y que me encontrase al lado, hacía imposible no oírla. El caso es que estaba muy orgullosa de haber aprobado no sé qué exámenes exactamente. La joven comentaba que, mientras sus amigos se dedicaban a pasarlo bien, ella había trabajado y estudiado duro para conseguir aquel éxito.

Aparte de que el discurso era evidemente inducido, es decir, aprendido de alguien, su padre, su tutor, o alguien influyente que le había metido esas ideas, porque las recitaba de memoria, completamente convencida de lo que decía.

Mucha otra gente dice lo mismo, y recibimos el mensaje constantemente en los medios: “con esfuerzo lo conseguirás”. “Lucha, nunca te rindas”. “Todo es posible si no te das por vencido”. Esa joven era casi un ejemplo de libro de esa filosofía.

Bueno, pues, como suele ser costumbre en mí, traigo malas noticias: esa idea es completamente falsa. No es verdad que podamos obtener todo lo que queramos, si lo deseamos con todas nuestras fuerzas y nos dejamos la piel. No es verdad que el éxito llegue si se intenta constantemente. Vivimos en una sociedad absolutamente borracha del éxito, en una sociedad donde tenemos que triunfar, donde tenemos que ganar, donde tenemos que superarnos.

Nos dicen continuamente que luchemos, que podemos hacerlo, que nos nos rindamos, que caerse es el primer paso para levantarse y seguir, etc etc.

¿Qué ocurre con estos mensajes? Que mucha gente, sencillamente, no puede seguir ese ritmo. Y que mucha gente, por mucho que lo intente, no triunfará. ¿Por qué? Razones hay varias. Porque, en realidad, no es lo suyo. Porque no es el momento. Porque los dioses no lo quieren. Porque su sitio está en hacer algo distinto. Y, sobre todo, porque somos humanos. Sí, amigos y amigas. Somos humanos. Podemos no alcanzar el éxito. Y entonces la sociedad nos dice: “eh, tú, levántate y sigue, o serás un fracasado”. Y es entonces cuando la gente comienza a deprimirse, a sentirse vacía, a darse cuenta de que se le exige algo que no puede dar, pero que le dicen que debe dar.

No, esa no es la sociedad que ayuda a las personas. A una persona se le ayuda procurando conseguir que encuentre su camino, pero el camino es mil caminos, y la lucha son mil luchas. No podemos luchar contra las circunstancias, no está todo en nuestras manos. No dependemos solo de nosotros para conseguir él éxito. Hay millones de factores que influyen.

¿Has intentado algo y has fracasado? Puedes volver a intentarlo. O puedes decidir, honestamente, que aquello es una etapa cerrada, y que existen millones de oportunidades esperándote. Que no se acaba el mundo porque no dominas el piano, porque no eres capaz de hablar en público, porque no te salen las mates, o porque tu cuadro de pintura no alcanza el mínimo para entrar en la academia de pintura. No. Tú tienes un camino. Pero ¿te has planteado que ese camino no es tu camino? Busca, mira otros senderos, busca otras rutas, otras alternativas. Hay alguien grande en ti esperando a salir. Pero no en esa materia. No por ese camino.

Tenemos que luchar por nuestros sueños. Pero no debemos permitir que nuestros sueños se conviertan en pesadillas. Es entonces cuando deberemos abandonar, sin miedo, y empezar una nueva etapa. Y ya habremos triunfado. Dejando de lado nuestra obsesión por el éxito, y entendiendo que el mayor éxito es reconocer nuestros fracasos, y buscar nuevas metas. Entonces habremos triundado de verdad. Y tendremos un nuevo futuro ante nosotros. Seguro que lo tendremos.

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Juan Salvador Gaviota, un mensaje de superación

Para empezar la semana, quisiera recomendar al lector el libro “Juan Salvador Gaviota”, de Richard Bach. Un libro especial, sin ninguna duda, y que trasciende el tiempo y la época en que fue escrito, como ocurre con la gran mayoría de las grandes obras, que son intemporales a sucesos y civilizaciones.

Este libro, escrito en 1970, se convirtió en poco tiempo en un gran éxito en Estados Unidos, y luego en todo el mundo, por su mensaje de paz y de superación. Yo lo leí a finales de los setenta, y he de decir que desde el primer momento me impactó. Su claridad de mensaje, su lenguaje rico y poético, pero fácil de leer, y su mensaje de que no todos tenemos que regirnos por las costumbres, sino que podemos ser capaces de crear nuestras propias reglas, y nuestro propio camino, me llegó a lo más profundo del corazón.

Hubo luego una película, con música de Neil Diamond, que es preciosa, pero, una vez más, lo que realmente merece la pena es el libro, que además es corto y se lee rápido.

No es el problema ser la gaviota común, o ser Juan Salvador. El problema es no comprender que cada cual tiene su sitio en este mundo, y que todos debemos buscar nuestros sueños, y respetar y apoyar el de los demás. Un mundo menos competitivo, y más cooperativo, crearía sociedades más justas y armoniosas. No serían perfectas, pero serían el camino hacia un mundo mejor. Ese es el mensaje del libro. Y yo sin duda siempre estaré agradecido a su autor por haberlo escrito. Merece la pena.

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