Sobre ángeles y demonios

Estaba hoy repasando ciertas noticias, cuando me he encontrado con un vídeo de una niña que parece sacada de la película del exorcista, y con una madre en peor estado mental y comportamiento. Siendo que el vídeo es real, y que la niña tortura e insulta a una muñeca de una forma cruel y monstruosa, mientras la madre le acompaña divertida, he pensado en tocar el siempre clásico y complejo tema sobre cómo los seres humanos se convierten en ángeles o en demonios, y cómo pueden pasar de un estado al otro en un instante.

De todas formas, si alguna duda me quedaba, luego me he cruzado con un viejo vídeo sobre los campos de concentración nazi, y la documentación escrita y visual que recopilaron los ejércitos aliados al llegar a los diferentes lugares donde se cometieron crímenes contra la humanidad que dejan claro que, como especie, solo deberíamos tener un destino: la extinción. Luego, ya más calmado, he pensado, afortunadamente, en la mucha gente de bien que existe en este mundo, y que las distintas sociedades quizás puedan tener una oportunidad. Como ser humano, es mi deseo. Pero a veces, lo confieso, se me hace muy, muy difícil.

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Niños, judíos o no, mostrando su código de identificación en un campo de concentración

Porque todos, no lo olvidemos, somos a la vez ángeles y demonios. Que nuestra socialización y educación nos lleven por la senda de la bondad y el respeto son accidentes producidos por haber recibido una educación adecuada, y muy importante, por ciertos condicionantes que no se han dado. Porque, como ciertos genes dormidos que de pronto se activan, los seres humanos más bondadosos pueden convertirse en verdaderas máquinas de destrucción. El camino contrario es posible, pero mucho más complejo. ¿Por qué?

Es muy sencillo: estamos tan acostumbrados a vivir en una supuesta sociedad moderna e igualitaria para con todos los individuos, con supuestas igualdad de oportunidades y de futuro que luego no se dan, que nos hemos olvidado de lo más importante: somos depredadores. Depredadores sedientos de sangre, dispuestos a aplastar a cualquiera que se interponga en nuestro camino, y preparados para perpetuar nuestros genes a costa de otras especies, e incluso de los genes de nuestros semejantes.

Dicen las personas que creen en ángeles y demonios, que estos seres son los que controlan nuestros actos. Es una forma ridícula y absurda de desviar la atención de la verdad. Y la verdad es que no necesitamos cielo o infierno. Nosotros, con nuestro comportamiento, somos capaces de crear ambos, y de viajar de uno al otro en microsegundos. Otras especies muestran signos de crueldad, no lo olvidemos, los chimpancés, se ha verificado, pueden ser muy crueles a veces. Pero la maquinaria de dolor y terror del ser humano son tan precisas, y están tan afinadas, que la clásica pregunta que muchos se hacen: “¿por qué no hay contacto extraterrestre con otras especies?” podría responderse de forma muy sencilla y directa: porque no consideran que una especie tan monstruosa y capaz de semejantes brutalidades con sus semejantes y con otras especies sea digna de contacto.

Naturalmente, eso es solo una forma de hablar, no estoy diciendo en absoluto que haya extraterrestres, y que estos se nieguen a contactar con nosotros. Ahora bien, vamos a darle la vuelta a este asunto. En el supuesto de que creásemos una nave con personas digamos coherentes, educadas, y respetuosas con la vida y los derechos fundamentales de cualquier ser vivo, y esas personas llegasen con su nave a un planeta, y viesen todos los horrores que hemos sido capaces de crear nosotros aplicados a su especie, ¿qué informe pasarían a la Tierra? ¿Y qué pasos posteriores llevarían a cabo? ¿Entrar en contacto con ellos? ¿Y arriesgarse a contaminarse con una especie cuya finalidad básica es la destrucción sistemática de sus ecosistemas, sus bienes, y toda vida a su alrededor? ¿De verdad haríamos contacto con una especie así?

Por supuesto que no. Simplemente por higiene. Si alguna vez la humanidad consigue superar esa etapa de monstruo brutal y perfecto destructor, y construye verdaderas sociedades de paz y respeto, lo último que querríamos es volver a la barbarie de la guerra, de los campos de concentración, de las armas, del dolor y la destrucción de todo lo que nos rodea, muchas veces, por un simple placer en destruir. Porque no lo olvidemos: los chimpancés pueden ser crueles, pero los humanos son los únicos que disfrutamos creando dolor y terror.

Gene Roddenberry, el creador de Star Trek, imaginó en los sesenta una sociedad avanzada en el siglo XXIII, que ha superado sus diferencias, y que trabaja unida por crear un futuro mejor para la humanidad, y para otras especies. Y ahí está la clave de la genialidad de Gene: él asume, con un riesgo por supuesto, que el contacto con otras especies sería definitivo para que la humanidad comprenda que no está sola, y que debe ser un ejemplo de sociedad para las demás especies de la galaxia. Naturalmente, todo eso es ciencia ficción, y la mayoría de escritores de ciencia ficción, en una visión mucho más pesimista, dibujan futuros muy difíciles para la humanidad, en lo que se llaman “distopías”, es decir, lo contrario de utopías. Sociedades futuras de destrucción, o directamente abocadas a la destrucción. ¿Ocurrirá así? Es difícil de decir. Pero hay que decir que las perspectivas no son nada halagüeñas.

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Star Trek IX: Insurrección, con un maravilloso mensaje

Al final, incluso Star Trek muestra signos claros de que la humanidad es fácil de corromper. En “Star Trek IX: insurrección” se da un clarísimo ejemplo, en una película que no está situada como de las mejores de Star Trek, pero que a mí personalmente me parece maravillosa. Quizás tengamos que considerar que somos ángeles y demonios, y tengamos que asumir que deberemos tratar con ambos como especie, y como individuos. Pero que será mejor buscar un camino de paz, de amor, y de libertad, de justicia y de igualdad reales, porque, de lo contrario, esta sociedad, que se mantiene en un hilo extremadamente precario y delicado, puede caer como un enorme castillo de naipes, y llevarnos de nuevo a una nueva Edad Media de oscuridad, perdiendo los grandes logros que hemos conseguido, que son muchos y brillantes.

Debemos hacerlo. Por nuestro futuro. Por nuestros hijos y seres que están por venir. Debemos cuidar el planeta, la vida, y cada ser de este mundo, y, si se da el caso, de otros mundos que podamos conocer. Debemos encontrar un camino para la paz, o no habrá camino, sino una fosa enorme de muerte y dolor. Y cuando todo empiece a caer, cuando nos demos cuenta de nuestro error, será demasiado tarde.

Todavía estamos a tiempo. Pero puede que el tiempo sea menor, mucho menor, del que podamos imaginar.

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