Dime que me sigues aunque sea mentira

Consejo: se recomienda tomar un antiácido antes de leer este texto.

Decir lo que uno piensa no ha estado bien considerado nunca. Pero mucho menos en estos tiempos de sonrisas eternas, fotos de felicidad con la familia, e imágenes de nuestros pies en la playa. Todos somos amigos en el Facebook, todos reímos esa imagen del amigo tomando una copa en su enésima boda, todos ponemos “me gusta” a tal o cual foto porque oye, si el otro día él o ella puso “me gusta” en mi foto, no vamos a hacerle ahora ese feo, que ha puesto la foto de su hija cayéndose de cabeza a la piscina y hay que reírle la gracia.

No. No todos entramos en ese juego. No todos tenemos las cualidades, la belleza o los medios para tener millones de seguidores en twitter, en Facebook, o en Youtube, ni para ser sociales por el mero hecho de quedar bien con nadie. Algunos nos dedicamos a decir lo que pensamos, y a no preocuparnos ni por un instante por los “followers” de esta o aquella red social, ni por el número de amigos que se supone tenemos en Internet. Yo sé quiénes son mis amigos, y ellos lo saben. Y se cuentan con los dedos de una mano.

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Tampoco tengo tan mal aspecto, normalito tirando a corriente…

Eso no significa que no esté contento de que alguien “me siga” en las redes. Al contrario, me siento tremendamente honrado por ello, y quiero agradecer a todos los lectores que leen este blog o “La cocina de Sócrates” su interés. Pero no voy a ir como un perrito faldero rogando que se inscriban en un correo, o que me sigan a cambio de vaya usted a saber qué. Y no voy a ponerme a hacer o a decir cosas que pudieran atraer a “followers” (seguidores), ni voy a cambiar ni por un instante mi carácter o mi personalidad para atraer audiencia. Ni voy a dejar de hablar de ciencia o de literatura para obtener algunos seguidores más. Ni voy a dejar de criticar a este o aquel político, o a quien sea, aunque pierda algunos seguidores por el camino. Prefiero tener cinco seguidores siendo yo mismo, que un millón teniendo que adecuarme a no sé qué normas, dictadas por unas redes sociales que solo buscan la superficialidad, y el obtener “likes” desesperadamente. Prefiero arder en el infierno que rogar un solo “like” a nadie.

Un ejemplo es “Twitter”. Hace cuatro años que tengo a “La leyenda de Darwan” en Twitter. Allí suelo poner enlaces a los textos y pensamientos que publico aquí. Bien, hasta ahí, todo correcto y normal. He conseguido un máximo de 13 seguidores (máximo, probablemente al leer esto ya serán menos). No está mal, es todo un récord sin duda. Explicaré algo que realmente creo es preocupante. Es lo siguiente:

De repente, aparece alguien que empieza a seguirme en Twitter. Ah, mira qué bien, le interesa lo que escribo. Genial. Muchas gracias por su interés, señor/señora.

Al cabo de tres o cuatro días, deja de seguirme. ¿Qué ha sucedido? Ah, amigo, que no he sido “solidario”. No he empezado yo a seguirle a él. Al parecer, en este mundo de las redes sociales, que ni comprendo ni me importa comprender, cuando alguien te sigue, en general claro, es porque tienes que seguirle a él ( a no ser que seas un famoso claro). Cuando me lo comentó alguien hace un tiempo, no podía creerlo. Pero al parecer es así.

De acuerdo, vamos a jugar a a este juego; voy a seguir a este personaje que ha empezado a seguirme. Digamos que me someto a esa norma no escrita de seguir a quien te sigue. Vamos a ver: ¿de qué habla ese hombre o esta mujer en su blog? Sus textos varían. Tiene artículos sobre Justin Bieber, uno sobre el problema de diarrea que sufrió en casa de un amigo, y otros sobre las cualidades curativas del limón para tratar el cáncer, el SIDA y la gonorrea. También un artículo de cómo los extraterrestres han incluido en su dieta la carne humana, plato que está teniendo mucho éxito en Alfa Centauri al parecer.

¿Y qué me importa a mí todo eso? Que lo lea quien lo estime oportuno, y que le siga quien lo crea conveniente. ¿Por qué tengo que cambiar cromos como cuando iba al colegio?

Yo lo tengo muy claro: si alguien desea leer mis neurosis que vuelco en este blog, le estaré muy agradecido. Si alguien cree que le aportan algo, me sentiré muy satisfecho. Y si alguien escribe cosas que me interesan, le seguiré, dentro del poco tiempo que tengo, porque yo, aparte de este blog, tengo una vida, una familia, y un trabajo que he de atender de vez en cuando. Seguiré siendo un “don nadie” por supuesto, como siempre lo he sido, pero un “don nadie” con convicciones. Por eso soy un “don nadie” probablemente, y por eso lo seguiré siendo el resto de mi vida.

Por todo ello, como fui tratado de “antisocial” y “rarito” en el pasado, lo seguiré siendo en la actualidad. Y, por todo ello, seguiré siendo el antisocial que siempre he sido. No me doblaré a las normas, ni trataré de convencer a nadie a que me siga a cambio de algo. Yo escribo estos textos, la gente los valora, y si los cree adecuados, los lee. Y si no, a otra cosa, y punto.

Con esta actitud no tendré muchos seguidores, ni “followers”, ni millones de visitas. Pero tendré la honestidad de ser como soy, con mis defectos, e incluso con mis virtudes que también tengo (creo). La red se llena de trucos para conseguir “followers” y para obtener el máximo número de visitas al blog, al Facebook, o al Twitter. Y yo me pregunto:

¿Para cuándo una lista de trucos para ser como uno es?

La palabra clave es: autenticidad.

Eso es lo que pretendo ser, y lo que pretendo en las personas. Que seamos honestos, que seamos nosotros, sin máscaras, sin marketing, sin técnicas. Entiendo que una empresa requiera de estos trucos para obtener seguidores. Es una empresa. Pero ¿las personas como tales? ¿Somos ahora nuestros propios mercaderes de los sueños que tenemos? ¿Somos extensiones de la maquinaria de marketing que lo invade todo? ¿Dónde quedan entonces las personas, desnudas y auténticas? Alguien me dijo que, en esta sociedad, tenemos que vendernos constantemente. De acuerdo. Yo vendo mi autenticidad. Ese es mi producto. Esa es mi oferta.

Puede que no haga muchos amigos con todo esto. Ya lo he dicho alguna vez, soy antisocial. Así me han descrito siempre, en el colegio, en el trabajo, los amigos, las amantes, y hasta el dentista. Y me siento muy feliz por ello. Si serlo significa intentar ser lo más auténtico posible, estaré encantado de ser antisocial. No ganaré “followers”. Sí ganaré gente que busca autenticidad, que busca sinceridad, y que busca leer cosas escritas sin filtros, y sin deseos de vender nada. Esa es la gente que me interesa. Y esa es la gente que quiero que me siga. Si ellos quieren seguirme, estaré eternamente agradecido. Y si no quieren seguirme, no pasa nada; encantado, un abrazo, y hasta otra.

En eso se basan las relaciones humanas. Lo demás: mercantilismo y servilismo. Nada más. Y nada menos.

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2 comentarios en “Dime que me sigues aunque sea mentira”

  1. Si que eres insociable, nadie te seguira de esa manera. Bromeo un poco, todos hemos caído en eso contar los seguidores y creer que nos leen, en realidad dos o tres si acaso leen lo que publicamos, lo importante es perder el miedo escénico. Te leeré cuando pueda. Un abrazo.

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