Ama la obra, no al autor

Bien, pongámonos en situación. Un individuo lee la obra de un autor, quien sea. Puede ser un desconocido o el más famoso escritor de la historia. Se enamora del libro, y luego lee otro libro de ese autor, y aún le gusta más. Encontrar un autor nuevo que te enamora es siempre algo fantástico y genial.

A continuación, ante ese interés por la obra, el lector busca datos del autor. Si está ya desaparecido podrá leer biografías, quizás ver vídeos si era contemporáneo, pero poco más. Sin embargo, si el autor está vivo, ¿sería posible contactar con él? ¿Incluso conocerlo personalmente?

mujer_pistola
Lectora tras descubrir que su autor favorito es del equipo rival de fútbol

En muchos casos, conocer a un autor es más fácil de lo que podría parecer. Los escritores tienden a llenar blogs y páginas de Facebook con sus ideas, con sus sueños, y, naturalmente, con su trabajo. Y llenar tu muro de Facebook si te descuidas con sus obras. Pero, por encima de todo, muchos autores tienen una imperiosa necesidad de comunicarse con sus lectores. Y es que, al fin y al cabo, para eso escriben.

De acuerdo. Llegados a este punto, has encontrado a tu autor. Has visto su blog, su muro, incluso le has mandado un mensaje de Facebook. Al principio todo parece maravilloso.

Pero luego, poco a poco, vas descubriendo una durísima, cruel, y sencilla realidad: ese autor resulta ser un ser humano. ¡Si hasta tiene defectos! Es más, dice algunas cosas que te ponen de los nervios. Incluso, en algunos casos, llegas a discutir con él/ella.

Decepción. Tristeza. Amargura. ¿Qué hacer? Naturalmente, lo más lógico: no leer nunca más nada de este autor. olvidar sus libros, olvidar su obra, olvidar que existe. Venganza consumada; ese autor, con esas ideas y ese carácter horrible, no volverá a tenerme entre sus lectores.

¿Qué ha pasado? Ha pasado algo muy común: confundir autor con obra. Un escritor escribe obras literarias, donde plasma ideas y conceptos que deben ser armónicos como un todo, con una trama que debe cuadrar, y con personajes que deben tener un formato. Incluso un personaje psicópata, un asesino cruel, un torturador, no es, al fin y al cabo, otra cosa más que un personaje literario. No existe, ni existirá nunca. Es solo el producto de la imaginación.

Pero el autor es real. Y tiene defectos. Sí, por increíble que parezca, tu autor preferido, que ves con luces de colores, es un ser humano. Con defectos, y claro, también con virtudes, pero que probablemente no tengan por qué coincidir con lo que tú consideras virtudes.

Confundir autor y obra es un error típico, y he podido conocer a algunos autores que han vivido experiencias de este tipo. Amistades trabadas entre un autor y un lector, destrozadas luego por la marea de la realidad. Una realidad que dice que, lo único que en realidad unía a ambos, era, por un lado, la devoción por la obra, y por el otro, el agradecimiento por la devoción a la obra. Y nada más. Ambos son tan distintos como una lechuza y un submarino.

¿Mi consejo? Cuando te guste un autor, procura conocer su obra. Pero, si este autor está vivo, procura no conocer al autor. Podrías descubrir que estás tratando con un ser humano, y sufrir las consecuencias de ese descubrimiento. Puedes leer su biografía, incluso puedes leer su muro literario. Pero no entres en su muro personal, o en su blog. Podrías descubrir que sus ideas son absolutamente opuestas a las tuyas. Y habrás perdido dos cosas: al autor, y su obra, en un lamentable error de confundir ambas.

Los seres humanos son imperfectos. Nacen, cometen un montón de errores, y mueren. Pero sus obras permanecen. Y es entonces cuando, tras los años, y aun los siglos, esos autores son recordados casi con una aureola mística. Pero que nadie se engañe: fueron seres humanos, solo que no lo sabemos, o no lo queremos saber. Queremos quedarnos con su obra, y con su mensaje. Descubrir que hay un ser humano detrás de esa obra maravillosa que te ha encantado no aportará nada a tu vida, pero te quitará mucho.

Por lo tanto, si te gusta un autor, lee su obra, lee su trabajo literario. Pero deja su Facebook y su blog personal para los psicólogos y psiquiatras, para los sociólogos y los estudiosos del ser humano. Ellos sí disfrutarán con las frustraciones, las contradicciones, los miedos, y los sueños de tu autor favorito. Todo el mundo será feliz escogiendo la parcela del autor que le interesa, y dejará el resto para los demás. Y así la obra del autor te seguirá pareciendo inmortal.

Y hasta puede que creas que ese autor, al final, no fue humano. De eso trata, al fin y al cabo, la magia de la literatura.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s