La gran mentira de la naturaleza sabia y en equilibrio

Describo un caso real de hace unas semanas. Un día cualquiera, en un parque. Varios niños observan, junto a sus padres sonrientes, unos pelícanos junto a otras aves menores, quizás palomas. De pronto, frente a esos críos felices, uno de los pelícanos se come un ave menor. Todos los niños se quedan horrorizados, y los padres gritan y se llevan las manos a la cabeza. El pelícano deglute felizmente a la pequeña ave, y sigue en sus cosas indiferente al mundo, a los niños, y a sus gritos.

El sueño de la naturaleza sabia, en armonía y bondadosa, se ha roto en un instante, y para siempre, entre esos críos. ¿Habrá que llevarlos al psicólogo, para que les explique que, en realidad, el mundo no es así?

pelicano
¡Es la hora del bocata!

No. El problema es más grave. El problema es esta idea generalizada de que la naturaleza es equilibrio, y es paz y amor. Lo siento, pero no es así. La naturaleza es brutal. La naturaleza es salvaje. Y la naturaleza es supervivencia. No queda sitio para nada que no sea ver amanecer un nuevo día. De cualquier forma. Y a cualquier precio. Desgraciadamente, el mundo moderno en el que vivimos, con todas las cosas buenas que tiene, que son muchas, invita sin embargo a hacer creer a mucha gente, no solo a niños, que las sociedades actuales son brutales y sucias, duras y temibles, y que en la naturaleza reencontraremos una armonía y una paz que, en realidad, nunca existió.

Primer Corolario: cuando se habla de que la naturaleza es cruel, lo hacemos desde un punto de vista humano. La naturaleza no es cruel ni amable; simplemente sigue unas normas, que son las de la supervivencia y la adaptación al medio ambiente. Estas normas no pretenden crear un mundo hostil, sino que explican una realidad: la vida lucha por sobrevivir, y esa lucha tiene ganadores, y perdedores.

Segundo Corolario: Se dice que las sociedades humanas son crueles porque están formadas por seres humanos cuya naturaleza es cruel. Por otro lado, los seres humanos forman parte de la naturaleza. Y, por otro lado, tenemos la falsa certeza de que la naturaleza es cruel. Luego, eso podría explicar que las sociedades humanas son crueles. Pero el Primer Corolario nos explica que la naturaleza no es realmente cruel, sino que tiene unas normas que hemos denominado como crueles sin que realmente lo sean. Luego, no podemos deducir que la humanidad sea cruel por comportarse en base a su naturaleza; lo será en base a las normas éticas, morales, y jurídicas que se ha aplicado a sí mismo.

Tercer Corolario: son las normas éticas y morales las que han creado los conceptos del bien y del mal. Pero debe observarse que esos conceptos son subjetivos, y cada sociedad dispone de su propio conjunto de normas aceptables y no aceptables. Esas normas no están en consonancia con las normas de la naturaleza, y buscan crear sociedades más justas y civilizadas en algunos casos, o afianzar en el poder a estructuras de gobierno en otros. En muchos casos, se dan una combinación de las anteriores. Esas normas éticas y morales no siguen las leyes de la naturaleza cuando pretenden crear mejores sociedades. Una sociedad equilibrada, justa, igualitaria, es una sociedad muy alejada de las normas que rigen el comportamiento en la naturaleza.

Cuarto Corolario: las sociedades deben por lo tanto buscar nuevos modelos de comportamiento, que mejoren su desarrollo y lo hagan más justo e igualitario, alejándose, no acercándose, a las normas de la naturaleza. Dicho de otro modo: cuando se aboga por volver a modelos basados en la naturaleza, estamos dando un paso atrás, y creando sociedades más injustas. El ser humano será mejor cuanto más evolucione en sus modelos sociales de conducta hacia reglas que sean igualitarias para todos, y no se apliquen las reglas de supervivencia que dicta la naturaleza.

En consecuencia de lo visto, y volviendo al ejemplo del parque, esos niños, y también esos padres, sufrieron ante aquella visión, o la del halcón llevándose al gatito, o a la de un lobo devorando a una oveja, o la de una perra matando a sus cachorros. Queremos parecernos a una naturaleza idealista, pero cuando se observa, se ve que está muy lejos de ese modelo imaginario que en realidad no existe.

¿Qué estamos haciendo mal? Muchas, muchas cosas. Las sociedades “avanzadas” actuales, lo son a nivel tecnológico y científico, sin duda. Pero, a nivel moral y de desarrollo de individuos mentalmente maduros, nos queda muchísimo camino por recorrer.

La razón es evidente: estamos creando una idea completamente equivocada: la naturaleza es paz, amor, y armonía. Y el ser humano, oh maldito, está rompiendo esa armonía y esa paz. En realidad, la creación de normas y leyes igualitarias y justas conllevan alejarse de la naturaleza.

Muchos padres, que pretenden ir más allá de los modelos actuales, y que basan sus ideas en un importante desconocimiento de lo que es la verdadera naturaleza y el ecologismo, aunque no tengan ni idea de lo que significa esta última palabra, quieren vender a sus hijos, y a la sociedad, que la naturaleza es equilibrio, y es paz. Desgraciadamente, al igual que el pelícano, el resto de seres vivos de la Tierra solo tienen un objetivo: sobrevivir. Y un solo camino para ello: devorar a otras especies, y, si es necesario, a la suya propia, para conseguir su propósito. Cuando el virus de la gripe nos ataca, no está siendo amable o malo; está intentando sobrevivir. Si una bacteria acaba con el abuelo, esa bacteria ha ganado; no importa lo que quisiéramos al abuelo; la bacteria ha hecho su trabajo: sobrevivir. Y no le importa ni le interesa nuestro amor al familiar perdido. Hoy, con antibióticos, podemos salvar al familiar. ¿Sabe usted cuánta gente moría antes de que esa “odiosa ciencia” desarrollase los antibióticos que salvan la vida de sus seres queridos?

No se trata de alejarse de la naturaleza. Se trata de aprender de ella. Pero aprender no significa imitarla. Porque imitarla nos lleva, nos retrotrae, a modelos de conducta basados en la supervivencia. Y eso no es lo que queremos. Debemos respetar la naturaleza. Pero no debemos asustarnos ante ella, ni querer cambiarla. El pelícano se come al ave pequeña, y debemos enseñar a nuestros hijos que eso forma parte de la vida en la naturaleza. Cuando queremos cambiar el comportamiento de los animales, cuando expresamos su comportamiento desde un punto de vista humano, entonces sí estamos haciendo un gran daño a la naturaleza. Eso se llama antropomorfismo.

Los seres humanos no somos conscientes de cuántas veces actuamos por instinto cada día. Muchos de nuestros comportamientos  son los propios de nuestra evolución, y eso se ve reflejado en el trabajo, en casa, con los amigos, y en general en cualquier momento de nuestras vidas. Creemos que controlamos nuestros instintos, pero es falso; nuestros instintos nos controlan en muchas más ocasiones de las que cabrían pensar. Y nos atenemos a normas de conducta y ética que nos saltamos constantemente, lo que la iglesia llama “pecado de pensamiento”.

No es tan grave. Somos parte de la naturaleza. Si nos comportamos como animales, es porque, por mucho que les duela a algunos, somos animales. Que sepamos construir puentes o aviones es un detalle. Seguimos siendo parte de esa naturaleza “salvaje” de la que venimos. Debemos construir sociedades mejores, naturalmente. Pero, por favor, que nadie tome a la naturaleza como ejemplo; porque esto será una selva en dos días.

Paradójicamente, cuidar y amar la naturaleza requiere alejarse de la misma, verla desde fuera, comprenderla, respetarla, y dejar que siga su curso natural, sin interferencias humanas. Eso sí es algo superior. Y es el camino para crear nuevas sociedades más justas, equilibradas, modernas, y equitativas para todos.

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