Radiaciones ionizantes y retorno al pasado

Actualmente, se sigue hablando mucho del peligro que suponen las ondas de radio. De los wifis, del móvil, etc. Es decir, de lo que se denomina ondas electromagnéticas. ¿Qué son esas ondas? Son las mismas ondas que empleamos con nuestros ojos para ver el mundo, solo que de una frecuencia menor.

No existe ninguna diferencia física entre la luz visible, y las ondas del wifi. Son las mismas. Exactamente las mismas. Solo cambia la frecuencia, algo parecido a una ola de gran altura (mucha energía) o una pequeña ola de playa (baja energía) La segunda no nos hará nada. La primera, nos puede arrastrar sin que podamos evitarlo.

Se dice también que la “radiación ionizante” es la causante de que se produzcan daños en el tejido de los seres vivos. Esto lo sabemos muy bien cuando nos hacen una radiografía. En ese momento, nos exponemos a una poderosa radiación ionizante, formada por los famosos rayos X. Son rayos con muchísima energía, que por lo tanto pueden penetrar nuestros tejidos fácilmente. Esos rayos X están formados por fotones, los mismos que los de la luz visible, pero con muchísima más energía.

El problema, por lo tanto, consiste en lo que se conoce como “radiación ionizante”, que no comprende solo las ondas electromagnéticas; partículas con masa pueden ser también radiación ionizante (protones, neutrones, núcleos de átomos, otras partículas pesadas). Entonces, ¿qué es, y qué no es, radiación ionizante?

radiacion_ionizante
Naturaleza de la radiación ionizante según el tipo de partícula implicada

Hagamos un experimento. Tomemos una bala (imaginaria, por supuesto) y lancémosla con la mano contra una manzana, que se halla sobre un pedestal. Por muy fuerte que seamos, la bala rebotará contra la manzana, o quizás le haga una pequeña muesca, como máximo.

Ahora pongamos la bala en la recámara de una pistola, y realicemos un disparo sobre la manzana. La pobre manzana va a salir volando con un agujero perfecto que la atravesará limpiamente.

Esto, gráficamente, demuestra la diferencia que se da entre lo que se llama radiación ionizante y no ionizante:

  • Una radiación ionizante es aquella que, estando formada por ondas electromagnéticas, o por partículas con masa, como los comentados neutrones, protones, o electrones, disponen de una gran energía, y por ello, cuando colisionan contra un tejido vivo, interaccionan de forma que destruyen el objeto. Por ejemplo, si un neutrón incide contra el núcleo de una célula, puede desestabilizar ese núcleo, y destruir la célula.
  • Los fotones, que son los componentes de la radiación electromagnética, no tienen masa, pero sí energía, y pueden ser dañinos también. Una bombilla despide fotones, pero su energía no es suficiente para destruir ningún tejido. Sin embargo, los rayos ultravioleta del Sol disponen de una gran energía, y pueden provocar diversas formas de cáncer de piel, como bien nos advierten cada verano.
  • Una radiación no ionizante, por el contrario, estará formada por ondas electromagnéticas, es decir, por fotones, o bien por partículas con masa, como el neutrón, pero con menos energía de la necesaria como para poder interactuar con un tejido vivo. No disponen de la energía suficiente como para atravesar una célula, por lo que no podrán destruirla.

Queda claro que la radiación ionizante no tiene que ver con la energía electromagnética, o con partículas con masa, sino con la energía que tienen, y que es la causante de que sean ionizantes, es decir, capaces de alterar, y de destruir, tejido vivo.

Llegados a este punto, queda claro que no debemos preocuparnos por una radiación concreta, sino por la energía que posee esa radiación. Si es una energía baja, no podrá dañarnos. Si es alta, entonces, efectivamente, estaremos en peligro.

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Muchas personas usan tecnologías para emitir mensajes contra el uso de las tecnologías y su erradicación

Que la gente se preocupe por un posible peligro de las señales de aparatos electrónicos, como el wifi, los teléfonos móviles, las antenas de telefonía, etc, es algo normal. Se leen a menudo estudios contradictorios a favor y en contra del peligro o no de estas herramientas.

Ahora bien, no conviene asustarse, ni exagerar. Por supuesto que hay que hacer todos los controles que sean necesarios, y los estudios continúan hoy día. En un simple paseo por el campo, estamos recibiendo dosis de radiación ionizante de forma constante. Parte de esa radiación proviene del suelo y del entorno; es la radiación que generan elementos pesados en su desintegración, mayor o menor según la zona, pero existente en todas partes.

Y, por otro lado, del espacio llega una importante fuente de radiación ionizante. Esta radiación aumenta considerablemente si estamos en zonas altas, y mucho más si volamos en avión. Pero, de nuevo, está bajo unos límites completamente seguros. Al fin y al cabo, las mutaciones que han permitido la evolución de las especies se deben, en gran medida, a la radiación ionizante natural del entorno. Otra cosa son los astronautas. Estos no pueden estar más de un tiempo determinado en la Estación Espacial Internacional, porque no se conocen los efectos acumulativos de la radiación que reciben del espacio, y que se conoce como radiación cósmica.

Recuerdo, hace ya bastantes años, ir en el tren, y sacar el móvil para hacer una llamada. Era un móvil de aquellos antiguos, hablamos de finales de los noventa. Una señora a mi lado vio el móvil, y salió corriendo, diciéndome que ella era sensible a la radiación, y que le estaba afectando. Corrió a toda velocidad hacia el otro lado del tren.

Pero no tuvo en cuenta una cosa: yo llevaba media hora allá sentado, sin sacar el teléfono, el cual también emite cuando no se está hablando. ¿No le afectaba la radiación entonces? ¿Por qué le afectó solo cuando vio el teléfono? Y otra cosa muy importante: ¿qué hará esa señora hoy día, que estamos rodeados de móviles?

Vamos a dejarlo claro: un móvil podría, quizás, con muchos años de uso, llegar a provocar algún daño. No se descarta. Por eso, y por precaución, se pide que se use con manos libres o a cierta distancia. Es una precaución. Pero nadie va a salir convertido en una tostada quemada por hablar diez minutos, o media hora, por teléfono. Aquella señora, sin ningún género de dudas, tenía un problema, pero no era el móvil. Y es una pena que esto ocurra, porque puedo asegurar que la señora se marchó diciéndome cosas que no puedo reproducir aquí, ya que esto lo pueden leer menores.

No debemos descartar ningún peligro de las tecnologías modernas en cuanto a radiación se refiere. Pero no lo olvidemos: todo emite radiación. Nosotros también. ¿Sabía usted que, por razón de los alimentos que tomamos, muchos de ellos contaminados en cierta medida con metales pesados, somos una fuente de radiación? De hecho, si se mide la radiación de una persona normal de principios del siglo XX, y de otra del siglo XXI, se verá claramente que la persona del siglo XXI es claramente más radioactiva. ¿La razón? Que, por muy naturales y biológicos que sean los alimentos, estos disponen de metales pesados que irradian constantemente. Sí, esas lechugas sanas de la huerta fresca y natural que usted compra, han tomado agua que viene de fuentes que disponen de metales pesados.

Es el precio a pagar por eso que se llama progreso. ¿Existe una solución? Sí, existe: dejar toda la industria, la tecnología, la fabricación en masa, y volver a un estadio anterior a la Revolución Industrial. Ni química, ni pesticidas, ni nada. Todo natural, como antes.

Eso sí: piense entonces que los parásitos, los insectos, las bacterias, los virus, y la falta de higiene en general, junto a un descenso muy acusado de la cantidad de alimentos producidos, producirán una mortandad gigantesca, que reducirá la población humana en muchos millones de vidas perdidas. ¿Estamos dispuestos a pagar ese precio? ¿Sí? ¿Y si somos nosotros parte de ese precio? ¿Nos vamos a sacrificar por una nueva humanidad que ha vuelto al pasado? Seguramente, no.

Así que, como no queremos volver a ese mundo medieval ideal que nunca existió, a pesar de los muchos problemas que sufrimos actualmente, quizás tengamos que conformarnos con mejorar más nuestra calidad de vida, pero no basándonos en volver a un pasado idílico que solo existe en la imaginación de algunos. Esos metales pesados, son los mismos que en los hospitales salvan vidas con métodos y sistemas de exploración modernos para curar enfermedades antes incurables.

Hay que elegir. O un mundo imperfecto donde busquemos nuevas soluciones, o sacrificar a una parte de la población, y volver a la Edad Media. Está en nuestra mano elegir el camino. La solución pasa por desarrollar tecnologías cada vez más seguras y fiables. Porque no lo olvidemos: una vez elegido el pasado, el retorno se hace imposible. Solo habrá una oportunidad.


 

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