La relatividad de la realidad y manipulación de la información

Esta semana leía la noticia de que no estar casado aumenta en un 55% el riesgo de morir por un ictus, según un estudio científico. Claro que también podríamos decir que estar casado aumenta en un 200% el riesgo de morir de un ataque de nervios o de ansiedad. Eso parece que no lo han tenido en cuenta en el estudio científico.

Otra afirmación dice, en tono jocoso, que el año pasado murieron en España dos mil personas realizando actividades deportivas, y ochenta en la barra del bar. Es evidente qué actividad es la más peligrosa.

Recordemos también que, según un estudio científico reciente, todos los artículos que empiezan con la frase “según un estudio científico reciente” tienden a ser creídos con mayor probabilidad por el lector.

“Según un estudio científico reciente, los hombres que miden más de un metro ochenta tienden a ser más altos que los que miden un metro setenta”.

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El mundo actual es, básicamente, manipulación. Estamos constantemente recibiendo informaciones que pretenden alterar y controlar nuestros sentidos más básicos. Eso ha ocurrido siempre, pero, actualmente, se usan herramientas tremendamente poderosas, como las redes sociales, para conseguir este fin. Se usa de un modo manipulador la ciencia para demostrar cualquier cosa. Se usa la información derivada de algún hecho científico para retorcerlo, y para manipular la realidad. Y se usan argumentos que no tienen nada que ver con el mensaje, con el fin de validar el mensaje, lo cual es un fraude y una falacia. Veamos un ejemplo:

En un reciente anuncio de una conocida empresa de productos de higiene para la mujer, se ve a un grupo de jóvenes chicas juntas de las manos, mientras una voz en off va diciendo frases que dejan claro que tienen un claro tono feminista. “Luchas”, “te superas”, “avanzas”. Es evidente que el mensaje es de apoyo a la mujer en sus reivindicaciones de igualdad. Perfecto. Y, de pronto, la voz en off dice “tienes la regla”.

Reconozco que la primera vez que vi el anuncio me quedé a cuadros. ¿Qué tiene que ver la mujer joven y luchadora, que defiende sus derechos como mujer, con la regla? Yo también defiendo los derechos de la mujer, y nunca, que yo recuerde, he tenido la regla.

Estamos ante un caso típico de manipulación de la realidad. Se emplea un hecho actual, como es la lucha de la mujer por la igualdad, para introducir un elemento que absolutamente nada tiene que ver con esa lucha por la igualdad. Y se hace porque se trata de introducir, de la forma que sea, un producto comercial de una empresa en un asunto de la máxima importancia, intentando demostrar que las mujeres luchadoras lo son porque usan el producto de esa empresa. Esa empresa de productos para la mujer pretende que usar sus productos es sinónimo de luchas reivindicativas. Evidentemente, una falacia de primer orden.

Las mujeres luchadoras por la igualdad tendrán la regla, y las que no, también. Querer mezclar un hecho de superación de la mujer con el interés comercial de una empresa en base a un producto de higiene me parece una manipulación realmente deleznable.

Otra forma de manipulación es el “clickbait”, que ha evolucionado, además. Recordemos que esta palabra nos viene a señalar un hecho cuya conclusión nos va a sorprender:

“Juan entró en el despacho de su mejor amiga. Y no te imaginas qué se encontró”. Pues no sé, quizás su mejor amiga estaba con su mejor amigo, o quizás su mejor amiga estaba tomando unas gambas en el salón mientras veía el partido, o quizás su mejor amiga le apuntó con un revólver que en realidad disparaba agua. Es, en cualquier caso, un objetivo fundamental que el usuario haga click en la noticia, para que se le presenten una miríada increíble de anuncios absurdos, muchos de ellos de venta de productos para adelgazar, o para apuestas, o cualquier otra cosa, que, además, y esta es la novedad más reciente, se transfiguran en función del lugar donde está el lector.

Por ejemplo, si estoy en Madrid, me puede aparecer un anuncio que diga: “este videojuego lo juegan ahora miles de personas en Madrid”. ¿Qué se está haciendo? Se está manipulando al lector, que además se sorprenderá de que ese juego se juegue precisamente en Madrid, qué casualidad, justo donde está el lector. Lo que hace el sistema es leer la ip del lector, buscar en una base de datos de zonas geográficas por ip, y mostrar la ciudad más cercana registrada a la ip de ese lector. Et voilà! Ya tenemos una manipulación por proximidad, que nos invita a jugar a algo que están jugando miles de madrileños.

Hay decenas de ejemplos, pero pondré uno más solamente porque no quiero aburrir al lector. Se trata de la inteligencia artificial, de la que ya hablé hace poco. Fíjese: mi lavaplatos marca ACME tiene inteligencia artificial, y cambia el tipo de lavado en función de mis ondas mentales y la situación de Júpiter. De acuerdo, ¿y eso para qué sirve? ¡Qué importa! ¡Es inteligencia artificial!

Y mi nuevo coche dispone de un sistema de inteligencia artificial que es capaz de insultar al coche de al lado con frases como “aprende a conducir” o “¿te tocó el permiso de conducción en una rifa?” o “¡usa el intermitente, idiota!” Además, la inteligencia artificial escucha mis propios insultos y los mejora con frases de Quevedo y Góngora.

La inteligencia artificial es otra manipulación de la realidad. Todo ahora incorpora inteligencia artificial, menos aquellos que deberían demostrar un poco de inteligencia, aunque fuese natural. Si no tiene inteligencia artificial tírelo directamente a la basura.

La manipulación de la información, y la personalización de esa manipulación en función del individuo, es una constante en la actualidad. Las redes sociales, especialmente Facebook, recopilan nuestras costumbres y comportamientos para vendernos no solo aquello que más nos puede atraer, sino vestido de forma que manipule nuestro interés y nuestros instintos para acceder a ese producto que se nos ofrece.

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Nos muestran un mundo dulce, adaptado a nosotros, y manipulado, perfectamente diseñado para que aceptemos sin pestañear ese mundo perfecto que se muestra ante nuestros ojos. Eliminan nuestro espíritu crítico, y nos enseñan que debemos aceptar su realidad, y solo su realidad. Y como esa realidad que se nos muestra es dulce y apetecible, mordemos de la misma sin miedo.

Ese es el mundo actual. Es el “agua mágica” que antes se vendía por los pueblos y curaba todos los males, pero, en esta ocasión, embotellada en un sistema dirigido y personalizado al individuo. No puedo concebir mayor forma de engaño, mentira, y control del individuo.

¿La solución? Lea libros. Sea crítico. Aprenda a distinguir realidad de manipulación. Es el único camino. Para ser libres. Y para seguir gozando de nuestro yo. Al menos, mientras podamos.


 

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