Te olvidaré para siempre, excepto las horas impares, y las pares divisibles por dos

Ay, qué bonito es el amor. Al principio. Luego, bueno, puede pasar cualquier cosa. Sí, hay relaciones que duran años. Algunas veces. En algunos universos paralelos a este mundo de caos y odios diversos. El amor es una promesa de futuro que se suele romper cuando ese futuro se hace presente.

Pero no quiero ser pesimista. En este miércoles musical solo quiero traer una canción de Phil Collins, y un tema: el de esos amores traidores que nos abandonaron, o que abandonamos, y cuyas despedidas estaban trufadas de frases de dolor y castigo como “nunca más volveré a pensar en ti”, o también “no eres nada para mí”. Por no hablar de aquella tan recurrente y recurrida: “ya te he olvidado”.

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Y luego, con el paso del tiempo, vas orgulloso por la calle, con la cabeza bien alta, diciendo “¡Ja! ¡Me dejó, y la he olvidado! ¡Nunca más pensaré en aquellos días, en aquella mirada, en aquellos besos, en aquellos abrazos!” Y te repites eso día tras día. Orgulloso y seguro de que aquel amor perdido se ha olvidado. Nunca, jamás volverás a llamarla… Pero, ¿y si ella me llamara? No. Su orgullo es tan grande como el mío. Nada de llamadas. Nada de reencuentros.

Ese es el ser humano. Orgulloso para dar la espalda al pasado. Pero demasiado débil para olvidar. Fuerte para levantar con orgullo la mirada, pero cobarde para reconocer que el corazón dicta sentencia en contra de ese orgullo baldío y estéril. Valiente para mirar el futuro sin miedo, pero temblando mientras espera una llamada que probablemente nunca llegará. Pero sueñas con esa mirada, y con esa llamada, y escuchas su voz diciendo “lo podemos intentar”.

De eso trata la canción “Separate lives” (vidas separadas) de este miércoles musical. Interpretada por el gran Phil Collins, con la colaboración de la maravillosa cantante Marilyn Martin. La canción habla de una llamada que recibe alguien de su antigua pareja, que está en un hotel, y que le había abandonado. Ahora le recuerda, y sueña con la posibilidad de volver con él de nuevo.

Eso es lo que nos gustaría. Que se tragara el orgullo y llamara. Que me tragara el orgullo y contestara la llamada. Pero el orgullo es una muralla hecha con años y años de desconfianza y dolor. Y, cuando una pareja se rompe, muchas veces sueña con volver, pero la muralla del orgullo se encuentra ahí, frente a los dos, separando los sueños de ambos para siempre.

Debo confesar que algo de la canción lo viví una vez, hace ya muchos años. Una vez separado, y con vidas independientes, estaba una noche en un hotel de viaje por temas de trabajo. A unos 1000 kilómetros de distancia de mi lugar habitual. De pronto sonó el teléfono. ¿A esas horas? Nadie sabía dónde estaba. Bueno, lo sabía mi madre. Ni mis hermanos, ni nadie más, excepto en el trabajo claro. Sonó una voz. Y era ella. Había averiguado que estaba de viaje. De algún modo, que nunca supe, se había informado de mi viaje, de mi hotel, de mi habitación… No pude por menos que sorprenderme. Me preguntó algunas obviedades. Le respondí unas cuantas obviedades. Y colgamos. Yo no entendía nada. Y sigo sin entenderlo ahora. Reconozco que no dormí bien esa noche.

Historias del pasado. Pero vamos con lo importante. Esta es una maravillosa composición de Phil Collins, y atentos al juego de voces con Marilyn Martin. Realmente espectacular. Como el amor perdido. Porque, ¿hay algo mejor que un amor recién nacido? Claro que sí; aquel que yace en el olvido. De ese amor nacen las canciones, las novelas, y los sueños de millones de seres humanos. Son nuestra materia prima para construir universos imposibles. Tan imposibles como su llamada… Vaya, suena el teléfono. ¿Será ella?…

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Autor: Fenrir

Escritor aficionado, me gusta la aviación, el cine, la cerveza, y una buena charla sobre cualquier cosa que ataña al ser humano.

11 comentarios en “Te olvidaré para siempre, excepto las horas impares, y las pares divisibles por dos”

    1. Efectivamente, y eso es lo que lo hace tan especial. Yo puedo manejarme con conceptos como la relatividad de Einstein o la electrodinámica cuántica de Feynman. Pero en cuanto a temas de amores soy el mayor incompetente de la historia. Un abrazo.

      1. Sí, por eso no lo entiendo, dame matemáticas y fórmulas, tendría que haberme casado con un libro de física. Un abrazo.

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