Los perros del amanecer

En este miércoles musical acudo de nuevo al maestro Sabina y su pieza “Los perros del amanecer”, y me gustaría traer aquí una reflexión dura, difícil, pero real, que demuestra la crueldad de esta sociedad tan fría y tan brutal en la que vivimos. Donde todo es imagen, risas, sonrisas, y un mundo que en nada se parece al real.

Todo ser humano popular tiene dos rostros: el conocido, el de la imagen, el del mito, y, por otro lado, el real. El conocido, el popular, es solo una sombra del real, y el real es solo una sombra de lo que podríamos llegar a encontrar, si nos atreviésemos a explorar su alma en profundidad.

soledad

Esto es lo que sentí hace unos días tras una reunión de trabajo en el que varios representantes de varias empresas estuvimos reunidos para tratar temas relacionados con nuestro trabajo. En esa reunión una joven se hallaba presente. Era la segunda vez que me encontraba con ella. Estuvimos hablando antes de la reunión, y cuando esta terminó, marchamos juntos en el tren de vuelta a nuestras casas.

Allá, en el tren, esta chica, que está considerada una de las cien personas más influyentes de 2018 en España, se sinceró conmigo con respecto a varios temas personales delicados, que obviamente no comentaré aquí. Supongo que esa propiedad que siempre me ha caracterizado de ser accesible para las confesiones sigue ahí, después de todos estos años. Parece que la gente se siente cómoda confesándome sus sentimientos más profundos. Por qué ocurre esto es algo que nunca he sabido explicarme.

El mito en ella se abrió y se rompió en ese tren, y apareció el ser humano. Entonces comprendí el grave problema que se encontraba en su interior. Sus palabras me dejaron claro algo muy evidente: un problema de control del tiempo y de la realidad. Algo que se hacía más evidente con cada palabra. Pero, ¿quién soy yo para advertírselo? Después de insistir un par de veces en que algo ocurría y que ella lo negara, cedí a sus afirmaciones sobre ciertos hechos objetivos y probados que dolorosamente confundía y mezclaba. Pero yo no soy nadie para decirle a nadie que sufre una confusión que trastoca su sentido de la realidad.

Me despedí de ella con una sonrisa y un par de besos, llegué a casa, y busqué su nombre en Internet. Aparecía en varias revistas online, en algunos periódicos importantes, y en varios vídeos de Youtube, recibiendo premios, siendo entrevistada en la radio, y comentando aspectos diversos sobre su trabajo. Una joven segura de sí misma. Pero cuyo interior se rompe a pedazos por el dolor, la frustración, y la inseguridad.

Antes de que nos despidiéramos, me confesó que toda esa fama, que todas esas entrevistas, que toda esa popularidad, no le servían realmente de nada. Ni le daban de comer, ni le permitían salir adelante, ni contenían ningún aspecto que fuese realmente positivo para ella. El vacío de la popularidad se clava como alfileres sobre la mente de quienes viven en esa popularidad, y lo que tendría que ser una sensación de amplitud, de ser el centro de los focos, se torna en soledad, en frío, en oscuridad.

Me hubiese gustado ser más próximo, más cercano, pero tengo como norma no inmiscuirme en la vida de los seres humanos, porque acabo indefectiblemente destrozando a esos seres humanos, por lo que me prometí hace años no interactuar con nadie a nivel personal. Mi deber es, como máximo, dar algún consejo, alguna opinión, pero luego apartarme y mantenerme en el anonimato. Es mejor para quienes están a mi alrededor, o sufrirán una pesadilla con mi presencia. Yo también llevo conmigo mis propios demonios en mi alma.

machado

Ese anonimato parece ser de lo que todo el mundo quiere huir, cuando el anonimato es la mayor bendición que puede tener un ser humano. Porque fuera de los focos podemos ser nosotros mismos, y no debemos arrastrarnos a dar una imagen que todos quieren ver, sin que importe para nada la realidad del ser humano que existe en el interior de esa imagen.

Fue triste. Es triste. Una mirada, una señal de dolor, y todos mis circuitos se disparan cuando veo que un ser humano sufre. Y sufre desde lo más profundo de su corazón. ¿Qué puedo hacer? Nada, desgraciadamente. Me gustaría tener una varita mágica y provocar una sonrisa, y una risa, en cada ser humano dolorido de este mundo. Pero no tengo varitas, porque no existen las varitas. Solo existe una mano amiga, que sirve para encontrar un momento de paz en la vida. Eso es todo lo que puedo ofrecer, y tampoco creo que sea poco.

La vida es agotadora, frustrante, y terriblemente dura. Muchas almas que vemos sonrientes y que muchos envidian, arrastran historias de dolor y sufrimiento que no podemos ni imaginar. Pero queda una esperanza: la oportunidad de encontrar a alguien que atraviese de una vez esa capa exterior que creemos nos protege, y encuentre al ser humano interior, para darle el calor, el amor, y la luz que todo ser vivo necesita.

Esa es la magia de la amistad. Y espero, de verdad, que encuentre una mano amiga. Ese es mi deseo. Para ella. Y para toda la humanidad.

Autor: Fenrir

Amateur writer, I like aviation, movies, beer, and a good talk about anything that concerns the human being.

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