Psicología: Tres tipos de personas

Existen en el universo, básicamente, tres tipos de personas:

  1. Las personas a las que caigo bien a primera vista. De estas personas procuro mantener cierta distancia y control, y no es por el virus.
  2. Las personas a las que caigo mal a primera vista: estas son de mi agrado. Ponen una barrera y te juzgan negativamente. Luego he de trabajar ese malestar, si es que me interesa, pero al menos sé a qué atenerme. Por supuesto yo las odio igualmente, y de hecho sueño con descuartizarlas lentamente (aquí imagine una foto de Viernes 13 con la máscara y la motosierra).
  3. Las personas a las que caigo mal, pero, de pronto, por arte de magia, un día resulta que me sonríen, son amables, simpáticas, y hasta dicen algo bueno de mí. Cuando se da esta situación, preparo mi espada láser para cortar cabezas.

Vamos a ver un ejemplo de cada una de ellas.

Frustration

Ejemplo de la persona tipo 1.

Estoy hace unos días en una tienda de reparación de ordenadores. Mi vetusto PC necesita un mantenimiento incluso mayor que el de mi próstata, y decido pedir un presupuesto. Hablo con el técnico de algunas especificaciones de hardware, traspaso de datos a un disco nuevo y mayor, etc.

Cuando me estoy yendo, siento el halo de una sombra que se me acerca por detrás. ¿Un fan de mis libros? Es martes, los fans suelen perseguirme los miércoles y viernes. ¿Un psicópata? ¿Alguien que me ha confundido con algún antepasado?

No. Es una mujer que, sonriente, me llama y me dice: “Disculpe. He visto que es usted un experto en estas cosas de ordenadores”.

Mi alma, y mi espíritu, caen al suelo rodando cual piedra perdida en el infinito. Ante esa sonrisa, esa amabilidad, y esas palabras de adulación, ya sé lo que viene luego. Y lo que viene es:

“Mi niño tiene un problema con su tablet”.

A ver, señora, disculpe. Yo he salido a hacer una gestión. Así que su niño, usted, el tablet, y su vida, se pueden ir al infierno…

Eso es lo que pienso. Lo que digo, con una cara sonriente que deja bien claro que soy muy feliz por que me asalten en la calle, es:

“Claro, señora, qué le pasa al tablet de su hijo”.

Lo que le pasa no importa, claro, para el tema que tratamos. Se le ha olvidado el password, no puede recuperarlo, tampoco sabe el password del correo con el que se dio de alta… Niños. El suyo tiene trece años.

Tras una explicación de quince minutos, creo que la señora ha entendido, de forma muy general, estrategias para recuperar el tablet. Pero no soy muy optimista.

Otro caso, de la semana pasada: un compañero de trabajo:

“Oye, tú que estás metido en esto”.

¿Y tú no? Somos informáticos, ¿no? ¿O es que los estudios que tú hiciste los desarrollaste en una sala de fiestas?

El caso es que le pregunto, otra vez con amabilidad. Resulta que quiere comprarle un PC a su “niña”. Le pregunto que lo importante es la edad.

Bien, aquí llega el desastre: la niña tiene veinticinco AÑOS.

¿Veinticinco? ¿Y por qué en vez de decirte qué has de comprarle, me dices dónde quedar con ella, la llevo a una tienda, y luego la invito a una copa en un hotel?

Eso es lo que pensé por supuesto. Lo que le dije fue recomendaciones para su “niña” de 25 años.

¿Cómo puede una niña tener veinticinco años? ¿Hasta qué edad tienen los “niños” el carácter de “niños”? Es estudiante de una carrera. ¿No tiene un criterio mínimo una mujer, porque es una mujer, para comprar algo tan específico como un ordenador?

El caso es que le indiqué una marca y dentro de la misma modelos adecuados para estudiantes, sobre todo “niñas” de veinticinco años. Y luego le pedí una cerveza. Al menos que saque algo yo de todo esto.

Ejemplo de la persona tipo 2.

Estas me encantan. No les has hecho nada, pero te odian. Hace un tiempo, en el parking. Una mujer se me echó encima. Siempre se me echan encima, pero nunca es para eso, qué mala pata tengo. El caso es que empezó con una diatriba sobre que era la presidenta del parking, y que yo esto y yo lo otro. Le dije que yo era el presidente del club de los amigos invisibles, pero que no solíamos vernos mucho. No le hizo mucha gracia.

El caso es que me odia. Y yo la odio. Y somos felices así. Yo sé a qué jugamos con estas personas. Y ellas saben de qué vamos todos. Ódiame. Ódiame, como si fuese esta noche la última vez.

psicopata-medium

Ejemplo de la persona tipo 3.

Uy, aquí ya tenemos el peligro completamente disparado. ¿Una persona que no te habla nunca, pero luego, un día, es muy amable y simpática? Aquí el peligro se cierne sobre nuestros cuellos.

Ejemplo: hace unos años tenía un jefe que me trataba a bastonazos. A mí, y a todos, no era algo personal. Hasta que empezó a ser amable conmigo.

Resultó que se había enterado de que yo era candidato para un ascenso a un puesto en el que, indirectamente, él dependería de mí. Ah, bellaco, cómo te arrastras por el fango en cuanto le has visto las orejas al lobo.

Al final me ofrecieron el puesto. Yo contesté dando las gracias, y marchándome a otra empresa. Algunas historias tienen un final feliz. Incluso me ocurre de vez en cuando.

Esas son las tres clases de personas que conozco. Y guárdese mucho del tipo 3. Esas son las verdaderamente peligrosas.

¿Y usted? ¿De qué tipo es?

Autor: Fenrir

Amateur writer, I like aviation, movies, beer, and a good talk about anything that concerns the human being.

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