Efectos del transporte eléctrico en el siglo XXI

Cuando escribo esto se ha anunciado que, para 2040, se prohibirá la venta de cualquier tipo de vehículo con motor de explosión interna que utilice como combustible energías fósiles. Habrá que ver si se cumple o no, pero, en todo caso, será demasiado tarde para la Tierra, y demasiado tarde para la humanidad. Y, de todas formas, no podrá eliminarse el efecto del cambio climático. Eso sí; la eliminación del motor de explosión con las décadas tendrá un efecto positivo. El daño está hecho, y lo sufrirán las generaciones que ahora mismo comienzan a dar sus primeros pasos, así como sus hijos y nietos. Pero quizás pueda amortiguarse algo el problema, lo cual ya es mucho.

Aquí en España se ha abierto un debate enorme sobre este asunto, porque una parte importante del PIB se basa en la industria del automóvil, y porque da empleo directo e indirecto a cientos de miles de personas. Es normal que haya preocupación, son muchos puestos de trabajo. Lo que no es excusa para buscar nuevas alternativas energéticas por supuesto. La idea es combinar los nuevos avances con el traspaso de ese personal a las nuevas tecnologías. La famosa “reconversión” industrial, palabra que trae muy malos recuerdos a mucha gente. También a mí, mi familia se vio afectada directamente por una de esas reconversiones cuando yo era joven.

Pero no podemos detenernos. El debate, además, ocurre cada vez que una nueva tecnología se impone sobre otra. Expongo ahora dos ejemplos rápidos del siglo XIX y principios del XX.

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Vehículo eléctrico Tesla. Qué bonitos son y qué pobre soy yo, maldita sea

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