Phil Collins: el otro lado de la historia

Hoy vengo con una historia triste. Pero real. Y me van a perdonar, sé que estamos pasando momentos muy difíciles. Precisamente por eso debemos reflexionar sobre el mundo que hemos creado. Y las desigualdades que ya existían antes del virus. Y las desigualdades que el virus está creando. En España, y en el mundo. Y debo hablar de ello. Porque alguien debe dar voz a quien no es escuchado.

En esta nueva entrada me gustaría traer un tema de Phil Collins: “Both sides of story” (los dos lados de la historia). Básicamente, Phil Collins quiere, con esta gran pieza, reivindicar lo fácil que es acusar a otros de su dolor, de su pobreza, de su desdicha, de su marginación.

Niños refugiados sirios.
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Todos somos refugiados

Vamos a hacer un pequeño ejercicio mental: vamos a navegar por la historia de nuestros antepasados. Cincuenta, cien, máximo doscientos años. La gran mayoría tendrá entre algunos de sus familiares, a alguien que pasó dificultades. Tuvo que viajar por necesidad, tuvo que sufrir las inclemencias de una guerra, o tuvo que luchar por su supervivencia.

El ser humano lleva provocando guerras y conflictos, y sufriéndolas, desde el principio de su historia. Los datos arqueológicos antiguos demuestran que los conflictos violentos son connaturales al ser humano. Y que la necesidad de huir, para conservar la vida, es algo que viene sucediendo desde hace muchos miles de años.

Pero eso no es todo. Sentados en la comodidad de nuestras casas, viendo la televisión, nos sentimos capaces de emitir juicios de valor sobre este o aquel, sobre aquellos o los otros, sobre países y civilizaciones. Sin darnos cuenta de que nuestra sociedad, que se vanagloria de su grandeza, se mide por el odio, el racismo, la xenofobia, y el deseo de sentirnos superiores a los demás. Nuestra cultura es la mejor, nuestra religión es la mejor, nuestra forma de vida es la mejor. Nosotros tenemos razón, ellos no. Nosotros sabemos la verdad, ellos no. Nosotros estamos bien, tenemos pan, agua y trabajo, porque es el orden natural de las cosas. Ellos no, por alguna razón que no nos importa, ni nos interesa.

Cuando llegan los refugiados, no vienen por necesidad, según ese criterio. Vienen a romper nuestro nivel de vida. Vienen a corromper nuestra cultura, nuestra lengua, nuestra raza. Vienen a quitarnos el trabajo, a robar, a violar, a asesinar. Y si alguien acusa a alguno de ellos de algún tipo de delito menor, incluso sin pruebas, todo un pueblo es acusado de querer destruir nuestra sacrosanta sociedad impoluta y perfecta.

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