Una habitación con vistas al universo

Seguimos con el tema del viaje a Marte y las muchas dificultades que se presentan ante este nuevo reto de la humanidad, imprescindible como paso intermedio para su supervivencia. En este caso hablaré de enfermedades y cirugía en el espacio, temas que traté recientemente con una doctora en neurocirugía. Esta doctora participó en un seminario sobre alimentación y cirugía en los vuelos a Marte, y cómo enfrentarse a estos retos, en un espacio reducido, con medios reducidos, durante al menos dos años de viaje entre ida y vuelta, y en gravedad cero la mayor parte del tiempo. Vamos ya a ello, oye.

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El viaje interminable

Vamos a ponernos en situación: despegamos con la nave Orión de la NASA, propulsados por el vector SLS, el más potente construido por el ser humano, y nos adentramos en el camino a Marte, en un viaje que llevará entre seis y nueve meses. Y que nadie crea esas historias de nuevos e hipotéticos motores para viajar en un mes o en quince días. Ojalá sean una realidad algún día, pero toda la física implicada en esos conceptos son hoy por hoy hipótesis e ideas nada más. La cápsula por supuesto está acoplada a un módulo de habitabilidad, que es algo similar a una estación espacial que se mueve por el espacio, y que dispone de un habitáculo central metálico, y estructuras auxiliares que están formadas por elementos que se inflan, algo parecido a un globo en el espacio. Esto reduce peso en el despegue, y permite crear espacios sobre todo para almacenamiento de víveres, instrumentos, y el equipo para la expedición que pisará Marte.

Bien, estamos de viaje, y durante una actividad sexual con una compañera o compañero, se ha producido una lesión en uno de los dos participantes. Si alguien está alzando las cejas, sorprendiéndose, o preguntándose qué hace este comentario aquí, lamento decepcionarle: la NASA, y otras agencias espaciales, llevan muchos años trabajando en los problemas de la actividad sexual en astronautas durante largos tiempos en gravedad cero y en viajes espaciales de larga duración, así que dejémonos de sustos o moralidades, porque este es un tema muy importante, no solo para la satisfacción sexual directa de los astronautas implicados, sino también para su salud física y psíquica, fundamentales en un vuelo tan largo. Ya hablé algo de este tema hace un tiempo, y volveré a hacerlo, pero hoy toca hablar de cirugía y alimentación.

El caso es que tenemos una persona con una fractura que requiere cirugía. Por otro lado, otro de los astronautas sufre una infección por un virus que no fue detectado, y que le ha provocado vómitos y diarrea. Necesita una alimentación específica, muy alejada de los alimentos que la nave incorpora. ¿Cómo tratar estos casos?

Ir o no ir, ese es el dilema

La NASA, y otras agencias espaciales, son perfectamente conscientes de que una situación así puede poner en riesgo la misión completa, y lo que es peor, la vida de los astronautas. ¿Qué hacer? ¿Dar media vuelta? Esto no es un automóvil por una autopista. La nave Orión se desplaza a gran velocidad hacia la órbita de Marte, y volver a la Tierra requiere algo más que subir el freno de mano, dar un volantazo, y poner la nave del revés. El maldito Newton y su primera ley de conservación del movimiento nos han complicado las cosas. En la Tierra un avión o un barco o un automóvil son constantemente frenados por el rozamiento. En un avión o barco un cambio de timón es suficiente para variar el rumbo. En un coche girar la rueda. En una nave en el vacío se requiere aplicar alguna fuerza, y darle la vuelta a la nave no es una opción sencilla.

Si alguien cree que esto no se ha visto nunca en el espacio, lamento decepcionarle. Se ha visto, y se ha vivido muy, muy intensamente. Me refiero al vuelo del Apollo XIII, cuya avería en el módulo de servicio requería volver inmediatamente. Pero ¿cómo volver? Dar la vuelta era una idea, pero se requería una cantidad enorme de energía, y solo el motor del módulo de servicio podría conseguir algo así. Pero se temía, y con razón, que el módulo de servicio estaría completamente inutilizado. El motor del módulo lunar no tenía potencia suficiente, ni había sido diseñado, para algo así. Se optó por lo más lógico: usar la gravedad de la Luna para tomar impulso, junto a la activación del motor del módulo lunar. Esto permitió volver a la Tierra, y que los astronautas sobrevivieran. La misión fue un fracaso. La operación de rescate, una genialidad como pocas se han visto.

Ahora pongamos este caso en un viaje a Marte. Hay que volver con urgencia, por los motivos que sean. ¿Qué hacer? Solo se puede hacer una cosa: minimizar esos motivos. Esto se traduce en lo siguiente: la nave, y la tripulación, deben estar preparados para poder gestionar contingencias de todo tipo, y que de todas formas se garantice, de la forma más controlada posible, la supervivencia de los astronautas. Esto implica replicar los sistemas vitales, incorporar herramientas y alimentos suficientes para contingencias, y el combustible adicional para solucionar una crisis como la vivida en el Apollo XIII.

Pero todo eso es peso adicional. Material que, si todo va bien, no se va a usar. ¿Hasta qué punto se duplican los sistemas? ¿Hasta qué punto se almacenan alimentos e instrumentos para contingencias? ¿O asumimos que, en un caso grave, vamos a perder nave y tripulación, y les recordaremos como grandes héroes que dieron sus vidas por la humanidad? No parece muy agradable. Hay que darles una oportunidad. Pero ¿hasta dónde?

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Alyssa Carson, mi heroína, lleva desde los 11 años preparándose para ir a Marte

Soluciones para todo o para nada

De acuerdo. Tenemos a un astronauta con una pierna rota porque se ha emocionado demasiado antes ciertas actividades. Tenemos a otro que, a pesar de los controles médicos, tiene una infección, o tenía un virus dormido que se ha despertado, y en cualquier caso, está enfermo. La nave incorpora a entre cuatro y seis personas, teniendo en cuenta que el módulo de reentrada de la Orión permite un máximo de seis tripulantes. ¿Lo dejamos?

No. Vamos a operar esa pierna. Alguien pregunta: “¿hay un médico en la nave”? Sí, alguien es médico, de medicina general, y especializado en medicina del espacio, con toda la información acumulada sobre los efectos del viaje en el espacio durante grandes periodos. Eso sí, esperemos que quien requiera cirugía no sea el propio médico. Pero vamos a ser benevolentes, esto no es una novela de ciencia ficción, no hace falta complicarlo todo un poco más.

¿Cómo se opera a una persona en el vacío, y con los pocos medios que sin duda habrá en una nave camino de Marte? No voy a entrar en detalles, porque no soy médico, y aunque lo fuese, no tengo ni remota idea de las enormes dificultades que sin duda se encontrarán los médicos. Podemos imaginar al paciente sujeto, podemos imaginar la sangre flotando por todas partes, y podemos imaginar la dificultad de cerrar cicatrices en un entorno sin gravedad, coser, cortar, y realizar todas las delicadas actividades de un cirujano. Esto llevará, está llevando ya a una nueva especialidad: cirugía en gravedad cero. Nueva especialidad médica, muy apreciada en las mejores naves estelares.

¿Y la persona con el virus? ¿Qué come? La idea es que en Marte se creen plantaciones de alimentos, y ya se están haciendo pruebas de cultivos en atmósferas terrestres pero adaptadas a las condiciones de Marte. Que nadie piense en plantar patatas en el suelo marciano, esto es imposible, al menos hasta que ese terreno pueda ser adaptado para el cultivo, algo que no es precisamente sencillo, ni barato.

Por lo tanto, nuestra persona con virus deberá comer lo que comen los demás. O quizás un subconjunto de los alimentos que comen los demás, más las clásicas pastillas de vitaminas y minerales que nos daban de críos para que fuésemos guapos y fuertes, algo que en mi caso no sirvió de mucho. El paciente con el virus tendrá que entender, además, que su sistema inmunitario, debido a la prolongada estancia en el espacio, está debilitándose, y ello conlleva que su recuperación, ya difícil de por sí, va a ser más complicada. Si en lugar de un virus la infección es bacteriana, entonces tomará antibióticos, pero son de amplio espectro, no se pueden llevar antibióticos para situaciones específicas. Además, los antibióticos están perdiendo la batalla contra las bacterias, como era de esperar, debido a la evolución de estas, que se adaptan cada vez de forma más efectiva. ¿Nanobots? ¿Virus alterados específicos para tratar a pacientes concretos? Sí, son ideas, pero todavía están en el laboratorio o son de aplicaciones muy concretas y experimentales.

Bon voyage

Vemos que las cosas, que ya son extremadamente complicadas sin necesidad de que las compliquemos más, se pueden convertir en una situación límite con cosas que aquí, en la Tierra, son cotidianas y sin ninguna consecuencia. El viaje a Marte no es solo un riesgo enorme; está sujeto a factores que se encuentran absolutamente fuera de control. Sí, todo tipo de eventualidad es plausible, y se diseñarán soluciones para todas esas eventualidades. Pero algunas de esas eventualidades pueden conceptualizarse como problemas, pero aplicar soluciones reales es algo mucho, mucho más complejo.

Seguiremos hablando de Marte, y del viaje al planeta rojo, por supuesto. Y veremos cómo las cosas aún se pueden complicar más.
—¿Más, dices?
—Amigo, todavía no has visto nada.


P.D.: este artículo se escribió en una órbita cercana a Alpha Centauri, y ha sido transmitido vía gravitones por capas anexas de tejido espacio-temporal. Por favor recicle este artículo en su desintegrador atómico tras leerlo. Mantengamos limpia la galaxia, es de todos.

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