Alimentación y sexo en la ciencia ficción

En el número de enero de 2017 de la revista Investigación y Ciencia, página 52, el doctor Paul Davies nos comenta que una de las dudas de los biólogos es el hecho de que, en 3800 millones de años, la vida solo haya aparecido una vez. Sí, hay muchos organismos, pero todos parten de la misma base. Es decir, hubo un proceso que llevó a la primera molécula autorreplicante, y ese fenómeno, la abiogénesis como se denomina técnicamente, aparentemente no se volvió a dar de nuevo.

Teniendo en cuenta la edad de la Tierra, se podría deducir que aquella, la aparición de vida, es bastante más rara de lo habitual. Eso añadiría más leña al fuego de por qué no hemos contactado con otras civilizaciones, como comenté recientemente en este enlace.

Si la generación de vida fuese algo relativamente habitual, ¿no sería factible que nuestro planeta contase con distintas versiones de organismos creados desde materia inanimada, en varios fenómenos de generación de vida? De algún modo, serían “extraterrestres terrestres” para nosotros.

No se han encontrado todavía organismos así. Todos venimos de un mismo organismo original. Por lo tanto, se deduce que la vida es algo que solo surgió una vez en la Tierra, y, por lo tanto, un evento altamente improbable. Davies especula que encontrar un organismo no basado en los principios del resto sería una prueba de que la vida se dio en la Tierra más de una vez, y que por tanto la aparición de vida no es un fenómeno extremo con una bajísima probabilidad de que suceda. Vamos a profundizar un poco en ello.

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Las bases de la vida: ARN Y ADN

Este argumento no es nuevo. Y tiene un problema: si se dieron varias veces eventos de aparición de vida, uno de esos eventos fue predominante sobre los demás, tuvo más éxito, y por lo tanto más descendencia. Si fue así, ese evento concreto se pudo alimentar del evento con menor éxito, y extinguirlo hasta hacerlo desaparecer. En conclusión, aparecerían varios organismos de distintos orígenes, pero solo un tipo, el predominante, habría sobrevivido. Del mismo modo que la evolución elige al más apto, la abiogénesis elige al mejor modelo de molécula autorreplicante. Si eso fuese así, podríamos deducir tres cosas:

Primera: la vida aparece varias veces en un mundo con las condiciones adecuadas, pero solo una rama sobrevive.

Segunda: aunque dos organismos provengan de estructuras biológicas distintas creadas en distintas etapas de la historia de la Tierra a partir de materia inanimada, ambas ramas pueden servir de alimento a la otra, predominando la que mejor se adapta y evoluciona, siguiendo, como siempre, las leyes de la evolución. Esto es posible porque se digieren y descomponen las estructuras, empleando el material descompuesto para la alimentación.

Tercera: ninguna posibilidad de reproducción es posible entre esos organismos, ya que no solo contienen distintas estructuras reproductivas, sino que no se basan en los mismos principios. Una podría estar basada en ARN/ADN, otra en otro tipo de molécula con la información necesaria para la vida. Aunque existen organismos de distintas especies capaces de procrear por su parentesco, entre dos ramas distintas de vida original sería absolutamente imposible en todos los casos.

Dada esta situación, y extrapolándola a la vida en otros mundos, ¿qué podríamos imaginar de una humanidad en contacto con organismos extraterrestres de otros planetas? Vamos a verlo.

Comiendo una ensalada de Alfa Centauri

Mi nave espacial ya ha pasado la ITV. Y me voy con la familia a pasar un fin de semana a Alfa Centauri. Esas puestas de los soles son espectaculares. Y cenaremos la comida típica del planeta. ¿O no?

Es muy habitual, en muchas novelas, películas y series de ciencia ficción, encontrarnos con que la humanidad tiene contacto, más o menos afortunado, con especies extraterrestres. Muchas veces plantas o animales, y muchas veces seres inteligentes, al menos en lo que a inteligencia tecnológica se refiere. En general se montan unas batallas increíbles con naves lanzando rayos, pero ese es otro tema que no trataremos ahora.

También es muy habitual que esos extraterrestres tengan, en muchos casos, un aspecto similar al del ser humano. No sería tan descabellado, en un planeta similar a la Tierra, encontrar organismos que se pareciesen a los de nuestro mundo. Eso se debe a un precepto que se da en biología llamado convergencia evolutiva. Este concepto dice claramente que, para un ecosistema determinado y con unas condiciones concretas, la naturaleza tenderá a crear organismos morfológicamente similares. Por ejemplo, un bosque de hace setenta millones de años, y otro actual, si disponen de unas características similares, tendrán animales de aspecto similar, aunque genéticamente estén muy separados entre sí.

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Mundos imaginarios llenos de vida. Ojos si vas a sus restaurantes

Si fuésemos a Alfa Centauri y hubiese vida vegetal, o todo lo vegetal que nos pudiera parecer, ¿podríamos preparar y comer una ensalada con lo allí encontrado? Por supuesto que no. Esto se refleja bien en series como Star Trek, donde los despistados oficiales suelen comer alimentos que luego provocan problemas de toda índole a sus organismos. Esas plantas, esos organismos, podrían ser procesados por nuestros estómagos, pero habría que considerar dos cosas. Una de ellas, cómo va a descomponer las enzimas y ácidos del sistema digestivo esos alimentos en base a su estructura, y dos, cómo van a ser absorbidos esos nutrientes. Es posible que ciertas plantas fuesen comestibles y otras no, pero también es cierto que muchas podrían ser venenosas, por el mero hecho de contener compuestos dañinos para el ser humano.

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No sería raro que, en la realidad, el alien se intoxicase comiendo a pobres humanos indefensos

Resumiendo, si queremos comer una ensalada de Alfa Centauri, vamos a tener que conocer la bioquímica de esa ensalada, su procesado, y sus compuestos, para determinar si son o no comestibles. Vamos a tener que conocer la historia biológica completa de esos organismos. Vamos a tener que descubrir toda una nueva rama de la bioquímica con mucha probabilidad. Mismas leyes naturales, distintos modelos de desarrollo evolutivo bioquímico.

Con animales, o lo que fuese que podríamos entender como animales, pasaría lo mismo. Por supuesto, si uno de esos animales, el clásico alien de la película de Ridley Scott, se comiese a un humano, podría tener exactamente los mismos problemas estomacales. Los ecosistemas de la Tierra se mantienen en equilibrio entre otras cosas por una cadena alimenticia muy delicada que se ha ido generando durante millones de años. Introducir en el menú de una especie un organismo de otro sistema estelar y con otra bioquímica sin duda sería probablemente dañino para esa especie. Por no hablar de los daños que causaría una especie invasora a ese ecosistema.

Por ejemplo, imaginemos que se sueltan un grupo de conejos en un bosque extraterrestre. Podrían desaparecer. Pero si evolucionan, cambiarían completamente muchos aspectos de ese ecosistema. Esto se ha visto en Australia, a donde se llevaron conejos y ahora son una auténtica plaga. Pero en un ecosistema extraterrestre habría que añadir la distinta bioquímica del conejo y sus efectos sobre el ecosistema como un todo, tanto por lo que comiese el conejo, como por depredadores que se comiesen al conejo, si su sistema digestivo se lo permite por supuesto.

Sexo en la galaxia, sí pero no

Si el tema de la alimentación es complicado, con el sexo la cosa va más lejos todavía. En muchas novelas y en Star Trek también aparecen aguerridos oficiales de poderosas naves ligando con bellas extraterrestres. A mí siempre me sorprende que las extraterrestres de muchas novelas y series de televisión sean bellas rubias y de ojos azules, o morenas de ojos verdes. O aguerridos extraterrestres marcando bíceps.

Naturalmente, esto es una concesión a las series de televisión y al cine, porque es absolutamente imposible llegar a imaginar a una extraterrestre rubia de ojos azules, o a un extraterrestre musculoso y fornido. Esos tópicos están bien para pasar el rato, pero ni siquiera la convergencia evolutiva podría crear organismos que pareciesen modelos de lencería o guapos jóvenes anunciantes de cremas de afeitar. Esos organismos, incluso siendo bípedos, serían muy distintos a nosotros físicamente.

Sin embargo, la naturaleza de la reproducción sexual es muy persuasiva. Un caso reciente es el de un chimpancé intentando mantener relaciones sexuales con una cierva. ¿Hemos de acusar al mono de ser un degenerado? No. Esos son preceptos culturales y morales humanos, nada más. La naturaleza del sexo es muchísimo más compleja que la que habitualmente se nos vende en la sociedad, y el sexo entre especies no es algo habitual, pero sí es posible conocer casos en muchos organismos, sobre todo aquellos más evolucionados. El ser humano por supuesto lo ha hecho desde tiempos inmemoriales, pero también otros organismos.

Eso se llama instinto reproductivo, y tiene como finalidad perpetuar la especie. Pero el instinto no tiene por qué basarse en organismos de la misma especie. El propio mono del ejemplo es un caso claro. Esto no es raro, ni es pecado, ni es una perversión. Se llama naturaleza. También es evidente que un contacto sexual entre un mono y una cierva no va a tener descendencia. Pero el sexo es la búsqueda de la oportunidad, y la descendencia una consecuencia. Por lo tanto, ambos elementos no están conectados entre sí, ni tienen una relación directa causa-efecto, como bien sabemos los seres humanos a pesar de nuestros dilemas morales y éticos.

¿Cómo se trata el sexo interespecies en la ciencia ficción? Hay muchos ejemplos, quizás uno de los más destacables sea el de “Los propios dioses” de Isaac Asimov, que nos plantea una especie con tres sexos en el que el sexo tiene consecuencias para los tres individuos que lo conforman. Una novela tremendamente interesante en todos los aspectos, también en este.

En Star Trek, los humanos tienen hijos con frecuencia con extraterrestres, algo absolutamente inviable en la realidad desde cualquier punto de vista biológico. Claro que sin ese argumento los guionistas se quedarían sin herramientas para desarrollar maravillosos romances interestelares. Todo por el guión.

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T´Pol, una oficial vulcaniana de Star Trek, tiene un hijo con un hombre humano, algo biológicamente inviable

Pero, volviendo a nuestras bellas extraterrestres de las películas, ¿qué consecuencias tendría en todo caso un encuentro sexual? Naturalmente, ninguna consecuencia. En primer lugar, la biología de un organismo extraterrestre no tendría por qué estar basado en sexo masculino y femenino. Pero, si lo fuese, ¿qué sería femenino y qué masculino? Dependería de la especie y de las características que se han dado en ese mundo a nivel evolutivo. Tengamos en cuenta además que el sexo es un paso posterior, y que la reproducción asexual fue la única forma de reproducción durante millones de años.

Sin embargo, en muchas novelas, y en Star Trek, muchos humanos tienen hijos con seres de otros mundos. Para rellenar guiones e imaginar posibilidades está bien, pero de ningún modo sería posible. Si el mono y la cierva ya lo tienen difícil para tener descendencia, entre especies de distintos mundos sería absolutamente imposible. Dos bioquímicas tan distintas nunca podrían tener hijos de ningún modo. Es una concesión de los guionistas, y así vemos al capitán de la nave Enterprise intimando con una bella emperatriz de algún mundo. Eso vende, sin duda. Pero es absolutamente irreal desde cualquier punto de vista biológico.

Podríamos resumir la idea con el concepto base que siempre mueve la ciencia ficción: este tipo de literatura y de cine abre muchas puertas, pero no lo olvidemos: un escritor o un guionista de ciencia ficción crea un producto para consumir y disfrutar. Y si no podemos hacer que el capitán de la nave se enamore de la bella extraterrestre nos perdemos la oportunidad de que luego otros extraterrestres declaren la guerra por este o aquel motivo y juntos luchen por la libertad de la galaxia.

La ciencia ficción es un torrente de posibilidades, pero también de opciones que son imposibles de que sucedan. Quizás algo interesante y divertido sea, precisamente, separar lo que pueda ser ciencia en un futuro, de lo que es simplemente una concesión a la diversión. De eso se trata también. Y es divertido.

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