Negando la evolución excepto para tus intereses

A veces, aquellos que hablan defendiendo posturas no científicas cometen errores curiosos, y a veces, hasta divertidos. Un ejemplo es aquel que traigo adjunto a este texto.

En el artículo se indica que una investigación científica parece demostrar que la promiscuidad sexual retrasa el proceso evolutivo de las especies. La razón es la siguiente: si cada miembro de una especie se aparea indistintamente con muchos otros, las posibilidades de acumular cambios significativos en el ADN de los descendientes disminuyen. La razón es que se reparte en un mayor número de miembros de esa especie las probabilidades de acumular cambios en el ADN, que son los causantes del ritmo de evolución de esa especie.

Otras especies, las monogámicas, trabajan en una escala vertical, es decir, transmitiendo cambios sucesivos de padres a hijos. Esto significa que esos cambios se van acumulando de una forma mucho más rápida, y por lo tanto esa especie evoluciona de una forma más acelerada, lo cual permite una adaptación al cambio más eficiente.

Hasta aquí, la noticia. Ahora viene el aspecto curioso: muchos moralistas de carácter fuertemente religioso están aplaudiendo esta noticia, que demuestra que tenían razón al predicar el hecho de que la promiscuidad sexual es “pecado”.

Yo no voy a decirle a nadie lo que tiene que hacer con su vida, y por supuesto espero que nadie me lo diga a mí. Pero ¿defender una idea de tipo moral y religiosa basándose en una investigación sobre la evolución? Algo falla, ¿no es así?

Lo que falla es, simple y llanamente, que esas personas son, en su mayoría, las mismas que niegan la evolución como un hecho. Lo llaman “teoría” cuando desconocen que la palabra “teoría” en ciencia no tiene nada que ver con la que usamos de forma coloquial. Una teoría científica tiene unas bases muy sólidas y asentadas, como la teoría de la gravedad o la teoría de la relatividad.

¿Cómo puede una persona usar aquello que niega para defender sus propias ideas? ¿La evolución es buena cuando les es beneficiosa a sus intereses, y mala cuando no lo es? ¿En qué quedamos? Si no aceptas la teoría de la evolución, no puedes usarla para defender cualquier argumento que, casualmente, esté en consonancia con tus principios éticos y morales.

A la naturaleza le da igual nuestras ideas, nuestra moral, nuestros principios. La naturaleza ha funcionado durante 4000 millones de años, y lo seguirá haciendo cuando nos hayamos extinguido, y durante otros 4000 millones de años. El conocimiento y los hechos se abren paso independientemente de aspectos morales y éticos. Si ahora se adora a Dios, antes se adoraba a Zeus, y antes a Isis y Osiris.

Dentro de un millón de años todos esos dioses estarán perdidos y olvidados en las cenizas de esta civilización. Puede que haya otras civilizaciones. Con otros dioses. Pero no serán los dioses que hoy se reclaman como únicos y verdaderos. Cada época de la humanidad ha tenido dioses únicos, verdaderos, y eternos. Eternos, sí. Hasta que han desaparecido.

En cuanto a la especie humana, y si es promiscua o no, mejor no nos preocupemos tanto de la vida de los demás, y atendamos a nuestros asuntos. Si el vecino tiene una amante o es promiscuo es su vida, él sabrá lo que hace. Y mientras la naturaleza siga su curso, nosotros seguiremos investigando el origen de la vida y la evolución, que es lo que realmente interesa, y lo que realmente importa.

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Fuimos inmortales; y fue un gran fracaso

Una de las constantes que se suele escuchar en el mundo de la ciencia ficción, y cada vez más en el de la ciencia, es el de la inmortalidad. Queremos ser inmortales. No queremos morir, queremos sobrevivir a los tiempos presentes y futuros. Una pastilla, un sorbo del cáliz de Cristo, o un extraño fenómeno cualquiera, que nos convierta en inmortales. Ese es el sueño dorado de la humanidad. Pero ¿qué precio tendría eso?

Si los seres humanos fuésemos inmortales, en pocas décadas no cabríamos en la Tierra. Es más, nuestra supervivencia se vería seriamente amenazada. De hecho, la esperanza de vida junto con la baja natalidad están provocando en muchos países una crisis enorme. Si esa natalidad subiera, pero no los fallecimientos, el colapso sería rápido y total. Todos queremos ser inmortales. Pero el precio de la inmortalidad es la muerte segura, y además, en las peores condiciones.

Pero no tenemos que escribir ciencia ficción para hablar de inmortalidad. Las estrellas de mar, si se rompen en pedazos, regeneran cada uno de ellos una nueva estrella de mar. Claro que cada pedazo es un nuevo vástago. De hecho, la naturaleza “inventó” la muerte por dos razones:

  1. Porque era evidente que una especie inmortal acabaría con los recursos en poco tiempo.
  2. Porque la vida se adapta al medio ambiente a través de nuevas generaciones modificadas con respecto a las anteriores. Un ser que no muere no puede adaptarse.

Mares llenos de moléculas autorreplicantes fueron probablemente el inicio de la vida. Aquellas moléculas, todavía no realmente seres vivos, solo sabían hacer una cosa: replicarse, probablemente mediante una enzima que generaba infinitas copias de cada molécula. El mar se llenó de esas moléculas, que eran por supuesto inmortales, hasta que los recursos para la autorreplicación cesaron. Algunas de esas moléculas se fueron modificando y adaptando al medio ambiente. ¿Cuáles? Las que eran destruidas. Veámoslo:

  1. Nacen moléculas inmortales. Estas prosperan e invaden los mares. Son todas iguales. Cuando se acaban los recursos, o cuando cambian las condiciones, no pueden adaptarse al nuevo entorno, y mueren finalmente. Son inmortales, pero mientras las condiciones sean las originales de cuando fueron creadas.
  2. Algunas de esas moléculas se desarrollan con un mecanismo de replicación, pero también desarrollan la cualidad de destruirse al cabo de un tiempo. Esto provoca que dejen sitio, y materia prima, para que otras moléculas se desarrollen. Algunas de esas moléculas nuevas replicadas son distintas; sufren modificaciones que las hacen mejor adaptadas al medio ambiente. Se adaptan. Evolucionan. Las moléculas capaces de desaparecer tras un tiempo, dejan sus restos a otras nuevas, y permiten que la evolución funcione gracias a nuevas adaptaciones. Esas son las que finalmente prosperan.

Luego, podemos concluir que, dada una especie mortal y otra inmortal, se da la paradoja de que la especie mortal es la que prospera, y la especie inmortal es la que muere y desaparece. Esa esa la razón por la que no hay organismos inmortales, y la razón de la existencia de la muerte. La muerte es un mecanismo evolutivo que asegura la adaptación y el no agotamiento de los recursos naturales de una especie.

Por ello, cuando la humanidad sueña con la inmortalidad, está deseando algo aparentemente muy atractivo. Pero guarda un secreto: una especie humana inmortal está condenada a desaparecer. Solo podría salvarse mediante la tecnología, usándola de forma artificial para adaptar su organismo a nuevos entornos. Entonces, sí, tendría una oportunidad.

Pero eso, como suele decirse, es otra historia. De momento, piense en esto: si usted muere, está haciéndole un favor a su especie. Quizás a usted no le preocupe. Pero a la especie, como entidad, le aseguro que sí le importa. Y mucho. Feliz descanso. Eterno.

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Alimentación y sexo en la ciencia ficción

En el número de enero de 2017 de la revista Investigación y Ciencia, página 52, el doctor Paul Davies nos comenta que una de las dudas de los biólogos es el hecho de que, en 3800 millones de años, la vida solo haya aparecido una vez. Sí, hay muchos organismos, pero todos parten de la misma base. Es decir, hubo un proceso que llevó a la primera molécula autorreplicante, y ese fenómeno, la abiogénesis como se denomina técnicamente, aparentemente no se volvió a dar de nuevo.

Teniendo en cuenta la edad de la Tierra, se podría deducir que aquella, la aparición de vida, es bastante más rara de lo habitual. Eso añadiría más leña al fuego de por qué no hemos contactado con otras civilizaciones, como comenté recientemente en este enlace.

Si la generación de vida fuese algo relativamente habitual, ¿no sería factible que nuestro planeta contase con distintas versiones de organismos creados desde materia inanimada, en varios fenómenos de generación de vida? De algún modo, serían “extraterrestres terrestres” para nosotros.

No se han encontrado todavía organismos así. Todos venimos de un mismo organismo original. Por lo tanto, se deduce que la vida es algo que solo surgió una vez en la Tierra, y, por lo tanto, un evento altamente improbable. Davies especula que encontrar un organismo no basado en los principios del resto sería una prueba de que la vida se dio en la Tierra más de una vez, y que por tanto la aparición de vida no es un fenómeno extremo con una bajísima probabilidad de que suceda. Vamos a profundizar un poco en ello.

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Las bases de la vida: ARN Y ADN

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Origen y desarrollo de la vida, o por qué estamos solos

Se habla mucho últimamente de marcianitos por todas partes. Alguien encuentra una anomalía mediante un telescopio: marcianos. Alguien detecta una estrella con información confusa: marcianos. Alguien comprueba que un planeta tiene una atmósfera aparentemente incomprensible: marcianos. Se ven marcianos como antes se veían apariciones marianas, y el objetivo siempre es el mismo: llamar la atención del personal.

Sin embargo, por supuesto, no son marcianos. Todas esas pruebas que solo buscan llenar páginas y conseguir clicks, se deben a fenómenos naturales perfectamente comprensibles una vez verificados y analizados los datos. Algunos son hechos complejos sin duda. Pero todos dentro de explicaciones causadas por la acción de la naturaleza. No hay marcianos. Y es más: puede que nunca encontremos marcianos. Puede que estemos solos. Puede que nadie llama a la Tierra porque no hay nadie para llamar, ni para contestar a nuestras llamadas. Vamos a ver por qué.

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La galaxia de Andrómeda, y las Nubes de Magallanes, dos galaxias compañeras

Existen miles de millones de galaxias. Y cada una de ellas contiene miles de millones de estrellas, la mayoría con planetas. Se podría suponer que debería de haber miles de civilizaciones solo en nuestra galaxia, incluso con cálculos conservadores (la ecuación de Drake permite hacer algunas aproximaciones). Entonces ¿por qué no hemos contactado con ellos? ¿Por qué no detectamos sus señales? ¿Dónde están los marcianos? ¿Se esconden? ¿Temen a la humanidad? ¿Siguen la Primera Directriz, como en Star Trek? ¿No somos interesantes?

Me estoy refiriendo a civilizaciones tecnológicamente avanzadas, no a vida primigenia. Y la respuesta es, desgraciadamente, más sencilla que todo lo anterior.

Hoy traigo malas noticias a los amantes de la aventura extraterrestre: estamos solos en el universo. Bueno, voy a puntualizar: probablemente estemos solos en el universo, en cuanto a civilizaciones tecnológicas se refiere. Vida microscópica y organismos multicelulares básicos puede haber muchísimos. No así seres avanzados. ¿Por qué? Hagamos algunos cálculos extremadamente básicos, pero reveladores.

Hemos de partir de una premisa: solo tenemos un ejemplo de mundo con vida por ahora: la Tierra. Pero, al igual que el sistema solar es un sistema estelar típico, podemos partir de la hipótesis de que la Tierra sea un planeta tipo rocoso típico, como ya se está verificando en muchos planetas extrasolares. La Tierra no es rara, al contrario: es muy habitual. Y ya se sospecha que Marte pudo tener un mar templado, y posiblemente vida en el pasado.

Vamos con el primer dato: la Tierra se formó hace aproximadamente 4.500 millones de años, dentro del ciclo estándar de creación de sistemas estelares, con una estrella central, y planetas en órbita. La vida apareció poco después, geológicamente hablando, hace unos 3.500 millones de años, o incluso algunas cifras llegan hasta los 4.000 millones de años. Pongamos 3.800 millones de años. Eso quiere decir que, durante el 84,4% del tiempo de existencia de la Tierra, esta ha tenido vida ininterrumpidamente.

Segundo dato: durante la mayor parte de ese tiempo con vida, esta era microscópica, o basada en organismos muy básicos, como las algas. Se sabe que hasta la explosión del Cámbrico, hace 600 millones de años, la vida era poco compleja. No tan poco compleja como hasta ahora se creía; sí había algunos organismos más avanzados, pero en todo caso, organismos muy simples en comparación con un mamífero como el caballo o el ser humano.

3.800 millones de años menos 600 millones de años = 3.200 millones de años con organismos simples. Esto significa, que durante la historia de la vida de la Tierra, el 84,2% del tiempo el planeta albergó organismos muy básicos.

Esto nos deja con que durante 600 millones de años ha habido vida avanzada multicelular en la Tierra. 100-84,2 = 15,8% del tiempo de la vida de la Tierra con organismos avanzados.

Pero, de ese tiempo, el ser humano, como única especie tecnológicamente avanzada, ha aparecido durante los últimos 100.000 años. Esta cifra indica el tiempo en el que el ser humano ha desarrollado tecnologías que lo han diferenciado claramente de otras especies.

Si tenemos 3.800 millones de años de vida, y calculamos 0,1 millones de años con vida tecnológica, tenemos que, desde que apareció la vida, ha habido vida inteligente en la Tierra durante un porcentaje de 0,00263%.

Pero el ser humano solo ha sido capaz de emitir radiaciones al exterior y de comunicarse durante los últimos 100 años. Cien años son 0,0001 millones de años. Si dividimos 0,0001 millones de años entre 3800 millones de años, tenemos 0,000000263 como el porcentaje de tiempo que ha habido vida inteligente capaz de comunicarse en la Tierra desde que apareció la vida, o lo que es lo mismo, 2,63158E-06.

Vaya, este dato da un poco de pena. Del 100% del tiempo de la existencia de vida en la Tierra, tenemos 0,000000263 como porcentaje en el que este planeta con vida se ha podido comunicar con otras especies de alguna forma. Si cifras así fuesen similares en otros mundos, la cosa sería preocupante. Porque, además, tenemos que tener en cuenta dos cosas:

1.- El tiempo que llevan otras especies existiendo.
2.- El tiempo que han tardado en extinguirse.

Sobre el punto 1, algunas especies podrían llevar millones de años transmitiendo información. De acuerdo. Si eso fuese así, el espacio debería estar lleno de señales radioeléctricas. El problema aquí radica en el tiempo, es decir, en el punto 2: ¿cuánto tarda una especie, desde que comienza a realizar emisiones, en desaparecer? No lo sabemos. Incluso con la humanidad, ese dato no es extrapolable. ¿O sí?

La humanidad ha mantenido muchas alzas y caídas de civilizaciones. Las anteriores no disponían de sistemas tecnológicos capaces de emitir señales al espacio. Nuestra actual sociedad sí es capaz. Pero ¿cuánto va a durar nuestra sociedad? No me refiero al “fin del mundo”. ¿Cuánto tiempo vamos a resistir aguantando la increíble y creciente marea de ignorantes dispuestos a acabar con la ciencia y el progreso, para imponer sus pseudociencias y religiones, para volver a un nuevo mundo medieval? No mucho, si hemos de ceñirnos a las experiencias del pasado, como las de Grecia y Roma. Si alguien cree que esto es una exageración, le recordaré un caso ya ocurrido: Roma. Ahora hablaré de ello.

Pongamos que una civilización humana avanzada en cuanto a cultura y conocimiento cae aplastada por los ignorantes e iluminados en 600 años. Llevamos unos 300 años de progreso, y 100 de tecnología de radiocomunicación. Nos quedan aproximadamente 200 a 300 años antes de que nuestra sociedad caiga. Pero, teniendo en cuenta que la tecnología puede pervivir, podríamos pensar en sociedades futuras, cada vez más degradadas intelectualmente, que todavía usen la tecnología de forma decreciente. En 400 o 500 años la humanidad podría volver a la Edad Media, y convertirse en una nueva sociedad preindustrial.

Si alguien cree que esto no es posible, le pongo el ejemplo antes comentado: Roma. Roma tenía grandes avances en muchos campos: científicos, médicos, o de ingeniería. Todos ellos se perdieron con la barbarie medieval. Los anticiencia de la época quemaron todo el conocimiento posible, y convirtieron la idea de progreso e investigación en una herejía. ¿De verdad alguien cree que no pueda volver a pasar? Yo sí lo creo. Creo que puede volver a pasar. Incluso podría estar pasando ya.

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También tuvieron su oportunidad, pero quedó aplastada por las circunstancias

Visto lo visto, si realmente las sociedades tecnológicas con capacidad de comunicación al espacio exterior viven entre 300 y pongamos 1000 años, si esa es la media de una civilización, como así ha sido en nuestro mundo en varias ocasiones (mayas, sumerios, persas, egipcios, griegos, romanos, etc), nos queda poco para desaparecer. Si ese cálculo es extrapolable a otras civilizaciones, y teniendo en cuenta que 1000 años es un instante en los millones de años que puede haber entre una civilización y otra, es normal que no oigamos nada. Las llamadas son cortas y muy espaciadas en el tiempo. No hay nadie ahí fuera. Lo hubo, en un instante del pasado. Lo habrá, en un instante del futuro. Y luego nada. Vacío, silencio, y frío.

Esta es una visión pesimista de las cosas, sin duda. Pero ¿dónde están ellos? No lo sabemos. La ciencia ficción nos trae universos increíbles con miles de especies. Pero la realidad es dura y testaruda. Si estamos solos, y si una civilización acaba desapareciendo de un modo u otro, no tenemos más remedio que aceptar el hecho consumado: vamos a desaparecer. Dioses, libros, música, historia, arte, ciencia, sueños, todo desaparecerá convertido en polvo, y para siempre. Ese será el legado de la humanidad: el de una especie más que lo intentó y no pudo superar sus limitaciones. Puede que haya alguna civilización que sí lo haya conseguido. Pero no parece lo habitual. Si somos una excepción, está por ver.

De momento, no apostaría un euro o un dólar en ello, puede el lector estar completamente seguro de eso.