Evolución: se confirma que no venimos del mono

Seguimos con el tema de la religión, esta vez porque me veo en cierto modo obligado a ello. En este caso con Turquía, país que se hunde cada vez más en el extremismo y la irracionalidad, y cuyo pueblo sufre por un gobierno extremista que persigue imponer sus ideas religiosas frente a cualquier razonamiento científico. Veámoslo.

En el mundo de la ciencia, cuando se realiza un descubrimiento científico, este es aceptado por las comunidades religiosas con mayor o menor grado en función de los aspectos que toque en relación a los libros sagrados de las diferentes religiones, todas ellas verdaderas, que pueblan la Tierra.

Con respecto a la evolución, la resistencia es, desde el primer momento, extremadamente alta. Ocurre en países con personas influyentes, dotadas de gran poder, y de gran extremismo religioso, como Irán, Arabia Saudí, Turquía, o Estados Unidos. Todos ellos con poblaciones de personas que colocan sus libros sagrados por encima de cualquier aspecto racional perfectamente verificado, como es la teoría de la evolución.

Y recordemos algo que no me cansaré de repetir: teoría en ciencia no significa lo mismo que en lenguaje cotidiano. Que nadie diga “es solo una teoría” porque la gravedad también es una teoría, y  no veo a nadie saltando desde un rascacielos para mostrar que es solo una teoría y que es falsa.

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¿Dios? No, es Zeus, adorado por millones de seres humanos ¿Me dice usted que su dios es real y este no? ¿Por qué?

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Negando la evolución excepto para tus intereses

A veces, aquellos que hablan defendiendo posturas no científicas cometen errores curiosos, y a veces, hasta divertidos. Un ejemplo es aquel que traigo adjunto a este texto.

En el artículo se indica que una investigación científica parece demostrar que la promiscuidad sexual retrasa el proceso evolutivo de las especies. La razón es la siguiente: si cada miembro de una especie se aparea indistintamente con muchos otros, las posibilidades de acumular cambios significativos en el ADN de los descendientes disminuyen. La razón es que se reparte en un mayor número de miembros de esa especie las probabilidades de acumular cambios en el ADN, que son los causantes del ritmo de evolución de esa especie.

Otras especies, las monogámicas, trabajan en una escala vertical, es decir, transmitiendo cambios sucesivos de padres a hijos. Esto significa que esos cambios se van acumulando de una forma mucho más rápida, y por lo tanto esa especie evoluciona de una forma más acelerada, lo cual permite una adaptación al cambio más eficiente.

Hasta aquí, la noticia. Ahora viene el aspecto curioso: muchos moralistas de carácter fuertemente religioso están aplaudiendo esta noticia, que demuestra que tenían razón al predicar el hecho de que la promiscuidad sexual es “pecado”.

Yo no voy a decirle a nadie lo que tiene que hacer con su vida, y por supuesto espero que nadie me lo diga a mí. Pero ¿defender una idea de tipo moral y religiosa basándose en una investigación sobre la evolución? Algo falla, ¿no es así?

Lo que falla es, simple y llanamente, que esas personas son, en su mayoría, las mismas que niegan la evolución como un hecho. Lo llaman “teoría” cuando desconocen que la palabra “teoría” en ciencia no tiene nada que ver con la que usamos de forma coloquial. Una teoría científica tiene unas bases muy sólidas y asentadas, como la teoría de la gravedad o la teoría de la relatividad.

¿Cómo puede una persona usar aquello que niega para defender sus propias ideas? ¿La evolución es buena cuando les es beneficiosa a sus intereses, y mala cuando no lo es? ¿En qué quedamos? Si no aceptas la teoría de la evolución, no puedes usarla para defender cualquier argumento que, casualmente, esté en consonancia con tus principios éticos y morales.

A la naturaleza le da igual nuestras ideas, nuestra moral, nuestros principios. La naturaleza ha funcionado durante 4000 millones de años, y lo seguirá haciendo cuando nos hayamos extinguido, y durante otros 4000 millones de años. El conocimiento y los hechos se abren paso independientemente de aspectos morales y éticos. Si ahora se adora a Dios, antes se adoraba a Zeus, y antes a Isis y Osiris.

Dentro de un millón de años todos esos dioses estarán perdidos y olvidados en las cenizas de esta civilización. Puede que haya otras civilizaciones. Con otros dioses. Pero no serán los dioses que hoy se reclaman como únicos y verdaderos. Cada época de la humanidad ha tenido dioses únicos, verdaderos, y eternos. Eternos, sí. Hasta que han desaparecido.

En cuanto a la especie humana, y si es promiscua o no, mejor no nos preocupemos tanto de la vida de los demás, y atendamos a nuestros asuntos. Si el vecino tiene una amante o es promiscuo es su vida, él sabrá lo que hace. Y mientras la naturaleza siga su curso, nosotros seguiremos investigando el origen de la vida y la evolución, que es lo que realmente interesa, y lo que realmente importa.

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La ontogenia es la madre de la filogenia

Estaba festejando la típica cena de fin de año, ya saben, esa cena donde se reúne la familia para celebrar que se ha producido una nueva órbita completa del planeta alrededor de su estrella, cuando me vi asaltado por un comentario en la mesa en relación a un asunto de aspecto biológico evolutivo. Como defensor de la evolución, tuve a bien pronunciar una frase que es uno de los argumentos que se emplean en general para indicar el origen de la vida. Esa frase es la que da título a este texto: “La ontogenia es la madre de la filogenia”.

De acuerdo, pero ¿qué significa esto? Vamos primero con las definiciones:

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¿Es un embrion humano? ¿De pez? ¿De anfibio? ¿De reptil?

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Manipulación genética y libre albedrío

¿Ha engañado usted a su pareja alguna vez? ¿Tiene adicción al alcohol o los juegos de azar? Si la respuesta es positiva, no se preocupe; no está todo perdido. Puede usted responsabilizar de ello a la dopamina, y concretamente, a un receptor de la dopamina, el D4 (DRD4).

Al parecer, las personas que disponen de una variante concreta del gen DRD4 son más dados a ser infieles a su pareja, también a sufrir adicción a juegos y al alcohol. Esto nos plantea dos preguntas: ¿es cierto que existe el libre albedrío? En este caso puede parecer que no. Si somos infieles, no es porque queramos, es porque no podemos evitarlo. Si somos adictos al juego, es porque así lo marca nuestro código genético. Y si eso es así, ¿se nos puede hacer responsable de nuestros actos?

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Respuesta evolutiva (relato)

Sucedió como un pequeño accidente. El niño parecía estar bien. Sano, fuerte, robusto. Pero algo notaron los médicos. La cabeza tenía una pequeña deformidad, muy sutil, pero tangible, en la parte frontal. Las pruebas no dieron resultados concluyentes. El niño parecía desarrollarse con normalidad.

Al cabo de un año, estaba claro que algo ocurría. El niño no parecía expresar emociones, más allá de las básicas de alimentación, alegría, temor, y afecto, pero a un nivel muy elemental. Se pensó en algún tipo de problema neurológico, alguna disfunción mental, algún problema de desarrollo. El único rasgo peculiar era que sus ojos eran más bien de un color rojizo oscuro, algo relacionado con una pigmentación de la melanina muy determinada. En cierto modo, sus ojos parecían contener una pequeña llama roja-azul en su interior. Era hermoso, sin duda, pero preocupante.

Enseguida llegaron los análisis genéticos. Yo era entonces un joven genetista con una carrera que parecía prometedora. Todo parecía normal. No había signo de enfermedades comunes, ni problemas en las secuencias de nucleótidos. Me mandaron los resultados para que los revisara. Mi primera impresión concluía lo mismo que habían obtenido mis colegas: un niño sano, sin problemas aparentes. Parecía claro que nos enfrentábamos a algo nuevo.

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El mito del mito de la evolución

Hoy me he desayunado en un foro americano con la típica historia de que “la evolución no existe”, o que “la evolución es solo una teoría”. Luego por supuesto han llegado los clásicos argumentos completamente superados que quieren hacernos entender que no existe la evolución, y que somos como somos desde el primer día.

Estas corrientes e ideas suelen venir sobre todo de Estados Unidos, país tecnológicamente avanzado, pero que culturalmente está volviendo a la Edad Media. Donald Trump es un ejemplo de cómo un hombre ignorante, fracasado, e incapaz, además de racista y xenófobo, puede movilizar a millones de personas por su causa.

Bien, pues vayamos a los hechos. Y el primero es que una teoría no es una idea que supuestamente podría llegar a explicar algo, como en las películas de detectives. En ciencia, una teoría es un conjunto de pruebas que, unidas, demuestran fehacientemente algo. La teoría de la gravedad no es discutida. Al menos, no veo a nadie diciendo lo contrario. Nadie en su sano juicio se sube a un puente de 500 metros y se tira, porque sabe lo que va a ocurrir. Lo mismo ocurre con la evolución. Hay tantas pruebas de que es cierta, que solo una obcecación absoluta en ideas superadas puede hacer que un individuo siga pensando que fuimos creados desde el primer día con nuestro natural aspecto.

Pero tengo una noticia peor: si el ser humano se creó como es, ¿por qué la Tierra existió durante cuatro mil millones de años sin seres humanos? Respuesta: porque la Tierra solo tiene 4000 mil años, no 4 mil millones. Y entonces es cuando ya, uno se retira en silencio dándolo por imposible.

Pero queda otra pregunta: ¿por qué el universo es tan grande, si solo hay vida en la Tierra? La respuesta, como siempre, es hilarante: porque se decidió así. Porque ha de ser así. ¿De verdad esa es la respuesta? ¿De verdad tenemos que aceptar eso como una verdad absoluta?

La pena es que este planeta se muere. La sexta extinción está en marcha, según se desprende de los datos actuales, y la humanidad podría extinguirse también. El 99% de las especies que han vivido en la Tierra se han extinguido. Nosotros no somos distintos. Nuestro orgullo no salvará la Tierra, ni al ser humano.

Cuando todo sea polvo y viento, y cuando caigan los últimos edificios en ruinas por todo el planeta, la Tierra se recuperará. Nuevas especies aparecerán, por evolución de las supervivientes, y poblarán la Tierra. Y puede que, algún día, alguna de ellas se pregunte: ¿dé dónde venimos? ¿Qué somos? Sinceramente, espero que ellos tengan más suerte que nosotros.