La ecuación de Drake a ojos del siglo XXI

Nota: este es un artículo que pertenece a una serie que fue publicado en una revista electrónica científica años atrás (2003-2008), donde escribía como colaborador en ciencias físicas y astrofísica principalmente. Como me ocurre siempre, cuando publico algo en una fuente externa, esta A) desaparece, B) la cierran inexplicablemente, C) los editores son secuestrados por fuerzas extraterrestres y desaparecen en un agujero negro. En este caso fue A.

Ahora he querido traer de vuelta este texto, extendido y ampliado al estilo del blog (en la revista tenía que parecer que era persona seria). Vamos pues a ello, y muchas gracias.

Hoy nos adentramos en la ecuación de Drake. ¿En qué consiste? ¿Cuál es su origen? ¿Por qué hay que replantearla a ojos del siglo XXI? Vamos a analizar estas preguntas, intentando dar respuestas que puedan aclarar el origen y la necesidad de esta interesante fórmula.

Curiosamente, cuando escribo esto (septiembre 2019), se acaba de descubrir un planeta que podría ser un hipotético y posible candidato a tener vida. Se ha detectado vapor de agua en su atmósfera, y podría tener agua líquida. Por supuesto todos estos datos hay que tomarlos con mucha precaución siempre. Podría tener vida, pero eso es solo una hipótesis que se deberá intentar dilucidar analizando la atmósfera (la atmósfera se analiza con técnicas espectroscópicas, es lo mismo que se hace con el Sol, y de hecho el helio se descubrió primero en el Sol antes que en la Tierra con esta técnica).

Pero la noticia sin duda es muy importante. Un planeta así podría contener vida orgánica. Vamos a ahondar en este tema, y su relación con la ecuación de Drake.

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Dibujo artístico del planeta K2-18b que podría albergar vida, junto a su estrella, una enana roja

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¡Que vienen las superbacterias!

Otro texto de protesta. Y sé que el tono es duro. Pero perder vidas inútilmente y por razones absurdas es algo que siempre me ha puesto muy nervioso. Por eso creo que el tono ha de ser duro, y serio. Pero también esperanzador por supuesto. Vamos a ello.

Ya están aquí. Son el último grito de periodistas oportunistas, fanáticos de la obviedad, y precursores de desdichas que serán conocidas si usted hace click en el anuncio de turno. Ya tenemos nuevo argumento para llenar páginas de nada, con información exagerada, manipulada, y usada para vendernos ese magnífico sistema cuántico que nos curará el cáncer. Son, por supuesto las superbacterias.

¿Qué son las superbacterias? Son bacterias con el prefijo super colocado delante. Nada más. Son, eso sí, como vulgarmente se denominan a esas bacterias que, como era de esperar, se han ido adaptando a todos los antibióticos conocidos. Recordemos que hace no tanto, cien años atrás, las muertes por infecciones bacterianas eran tremendamente comunes. El descubrimiento casual de la penicilina por el doctor Fleming supuso el pistoletazo de salida a todo un nuevo ejército de medicamentos contra las bacterias. Y repito: contra las bacterias. Los virus son inmunes a los antibióticos.

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Evolución: se confirma que no venimos del mono

Seguimos con el tema de la religión, esta vez porque me veo en cierto modo obligado a ello. En este caso con Turquía, país que se hunde cada vez más en el extremismo y la irracionalidad, y cuyo pueblo sufre por un gobierno extremista que persigue imponer sus ideas religiosas frente a cualquier razonamiento científico. Veámoslo.

En el mundo de la ciencia, cuando se realiza un descubrimiento científico, este es aceptado por las comunidades religiosas con mayor o menor grado en función de los aspectos que toque en relación a los libros sagrados de las diferentes religiones, todas ellas verdaderas, que pueblan la Tierra.

Con respecto a la evolución, la resistencia es, desde el primer momento, extremadamente alta. Ocurre en países con personas influyentes, dotadas de gran poder, y de gran extremismo religioso, como Irán, Arabia Saudí, Turquía, o Estados Unidos. Todos ellos con poblaciones de personas que colocan sus libros sagrados por encima de cualquier aspecto racional perfectamente verificado, como es la teoría de la evolución.

Y recordemos algo que no me cansaré de repetir: teoría en ciencia no significa lo mismo que en lenguaje cotidiano. Que nadie diga “es solo una teoría” porque la gravedad también es una teoría, y  no veo a nadie saltando desde un rascacielos para mostrar que es solo una teoría y que es falsa.

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¿Dios? No, es Zeus, adorado por millones de seres humanos ¿Me dice usted que su dios es real y este no? ¿Por qué?

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Negando la evolución excepto para tus intereses

A veces, aquellos que hablan defendiendo posturas no científicas cometen errores curiosos, y a veces, hasta divertidos. Un ejemplo es aquel que traigo adjunto a este texto.

En el artículo se indica que una investigación científica parece demostrar que la promiscuidad sexual retrasa el proceso evolutivo de las especies. La razón es la siguiente: si cada miembro de una especie se aparea indistintamente con muchos otros, las posibilidades de acumular cambios significativos en el ADN de los descendientes disminuyen. La razón es que se reparte en un mayor número de miembros de esa especie las probabilidades de acumular cambios en el ADN, que son los causantes del ritmo de evolución de esa especie.

Otras especies, las monogámicas, trabajan en una escala vertical, es decir, transmitiendo cambios sucesivos de padres a hijos. Esto significa que esos cambios se van acumulando de una forma mucho más rápida, y por lo tanto esa especie evoluciona de una forma más acelerada, lo cual permite una adaptación al cambio más eficiente.

Hasta aquí, la noticia. Ahora viene el aspecto curioso: muchos moralistas de carácter fuertemente religioso están aplaudiendo esta noticia, que demuestra que tenían razón al predicar el hecho de que la promiscuidad sexual es “pecado”.

Yo no voy a decirle a nadie lo que tiene que hacer con su vida, y por supuesto espero que nadie me lo diga a mí. Pero ¿defender una idea de tipo moral y religiosa basándose en una investigación sobre la evolución? Algo falla, ¿no es así?

Lo que falla es, simple y llanamente, que esas personas son, en su mayoría, las mismas que niegan la evolución como un hecho. Lo llaman “teoría” cuando desconocen que la palabra “teoría” en ciencia no tiene nada que ver con la que usamos de forma coloquial. Una teoría científica tiene unas bases muy sólidas y asentadas, como la teoría de la gravedad o la teoría de la relatividad.

¿Cómo puede una persona usar aquello que niega para defender sus propias ideas? ¿La evolución es buena cuando les es beneficiosa a sus intereses, y mala cuando no lo es? ¿En qué quedamos? Si no aceptas la teoría de la evolución, no puedes usarla para defender cualquier argumento que, casualmente, esté en consonancia con tus principios éticos y morales.

A la naturaleza le da igual nuestras ideas, nuestra moral, nuestros principios. La naturaleza ha funcionado durante 4000 millones de años, y lo seguirá haciendo cuando nos hayamos extinguido, y durante otros 4000 millones de años. El conocimiento y los hechos se abren paso independientemente de aspectos morales y éticos. Si ahora se adora a Dios, antes se adoraba a Zeus, y antes a Isis y Osiris.

Dentro de un millón de años todos esos dioses estarán perdidos y olvidados en las cenizas de esta civilización. Puede que haya otras civilizaciones. Con otros dioses. Pero no serán los dioses que hoy se reclaman como únicos y verdaderos. Cada época de la humanidad ha tenido dioses únicos, verdaderos, y eternos. Eternos, sí. Hasta que han desaparecido.

En cuanto a la especie humana, y si es promiscua o no, mejor no nos preocupemos tanto de la vida de los demás, y atendamos a nuestros asuntos. Si el vecino tiene una amante o es promiscuo es su vida, él sabrá lo que hace. Y mientras la naturaleza siga su curso, nosotros seguiremos investigando el origen de la vida y la evolución, que es lo que realmente interesa, y lo que realmente importa.

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La ontogenia es la madre de la filogenia

Estaba festejando la típica cena de fin de año, ya saben, esa cena donde se reúne la familia para celebrar que se ha producido una nueva órbita completa del planeta alrededor de su estrella, cuando me vi asaltado por un comentario en la mesa en relación a un asunto de aspecto biológico evolutivo. Como defensor de la evolución, tuve a bien pronunciar una frase que es uno de los argumentos que se emplean en general para indicar el origen de la vida. Esa frase es la que da título a este texto: “La ontogenia es la madre de la filogenia”.

De acuerdo, pero ¿qué significa esto? Vamos primero con las definiciones:

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¿Es un embrion humano? ¿De pez? ¿De anfibio? ¿De reptil?

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Manipulación genética y libre albedrío

¿Ha engañado usted a su pareja alguna vez? ¿Tiene adicción al alcohol o los juegos de azar? Si la respuesta es positiva, no se preocupe; no está todo perdido. Puede usted responsabilizar de ello a la dopamina, y concretamente, a un receptor de la dopamina, el D4 (DRD4).

Al parecer, las personas que disponen de una variante concreta del gen DRD4 son más dados a ser infieles a su pareja, también a sufrir adicción a juegos y al alcohol. Esto nos plantea dos preguntas: ¿es cierto que existe el libre albedrío? En este caso puede parecer que no. Si somos infieles, no es porque queramos, es porque no podemos evitarlo. Si somos adictos al juego, es porque así lo marca nuestro código genético. Y si eso es así, ¿se nos puede hacer responsable de nuestros actos?

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Respuesta evolutiva (relato)

Sucedió como un pequeño accidente. El niño parecía estar bien. Sano, fuerte, robusto. Pero algo notaron los médicos. La cabeza tenía una pequeña deformidad, muy sutil, pero tangible, en la parte frontal. Las pruebas no dieron resultados concluyentes. El niño parecía desarrollarse con normalidad.

Al cabo de un año, estaba claro que algo ocurría. El niño no parecía expresar emociones, más allá de las básicas de alimentación, alegría, temor, y afecto, pero a un nivel muy elemental. Se pensó en algún tipo de problema neurológico, alguna disfunción mental, algún problema de desarrollo. El único rasgo peculiar era que sus ojos eran más bien de un color rojizo oscuro, algo relacionado con una pigmentación de la melanina muy determinada. En cierto modo, sus ojos parecían contener una pequeña llama roja-azul en su interior. Era hermoso, sin duda, pero preocupante.

Enseguida llegaron los análisis genéticos. Yo era entonces un joven genetista con una carrera que parecía prometedora. Todo parecía normal. No había signo de enfermedades comunes, ni problemas en las secuencias de nucleótidos. Me mandaron los resultados para que los revisara. Mi primera impresión concluía lo mismo que habían obtenido mis colegas: un niño sano, sin problemas aparentes. Parecía claro que nos enfrentábamos a algo nuevo.

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