Precámbrico: el eterno yermo de la Tierra

“El mundo era antes de nacer, es mientras vivimos, y será cuando dejemos este mundo”.

¿Cuál es la impresión que muchas personas tienen, durante sus vidas, de su entorno? Creen que el mundo, la Tierra, siempre ha sido igual. Inamovible. Estático…

Ah, sí, hubo un tiempo de pirámides, luego un imperio romano, una edad oscura, y luego inventos y descubrimientos que dieron lugar al automóvil, a los aviones, y a Internet. Pero la gente siempre ha sido gente, y la naturaleza siempre ha estado ahí. Incluso con los dinosaurios el mundo era básicamente el mismo.

Estas son concepciones clásicas, basadas en la idea de que todo es más o menos fijo, de que las vidas pasan, pero que la Tierra permanece. Un escenario que fue siempre así, y siempre será así. Las religiones y sus libros sagrados acentúan esa idea: desde el primer día, el mundo es el mundo tal y como lo conocemos. Plantas, animales, montañas, y vida en general.

Por supuesto, todo ello es un tremendo error de proporciones bíblicas, nunca mejor dicho. ¿Por qué?

Porque la mayor parte de la historia de la Tierra fue la de un yermo infinito sin vida y sin color. Una especie de Marte, donde la vida, muy abundante en el mar, era muy simple, y se concentraba en el agua. Ni bosques. Ni pájaros y su cantos. Solo silencio…

marte_superficie
Imagen de Marte. La Tierra fue así durante 4.000 millones de años. Sin bosques, sin animales, sin vida. Dentro de 1.000 millones de años la Tierra volverá a este estado. Ni ciudades, ni políticos pidiendo el voto, ni Twitter, ni concursos para elegir la mejor canción… Solo polvo, viento, y olvido

Leer más “Precámbrico: el eterno yermo de la Tierra”

Respuesta evolutiva (relato)

Sucedió como un pequeño accidente. El niño parecía estar bien. Sano, fuerte, robusto. Pero algo notaron los médicos. La cabeza tenía una pequeña deformidad, muy sutil, pero tangible, en la parte frontal. Las pruebas no dieron resultados concluyentes. El niño parecía desarrollarse con normalidad.

Al cabo de un año, estaba claro que algo ocurría. El niño no parecía expresar emociones, más allá de las básicas de alimentación, alegría, temor, y afecto, pero a un nivel muy elemental. Se pensó en algún tipo de problema neurológico, alguna disfunción mental, algún problema de desarrollo. El único rasgo peculiar era que sus ojos eran más bien de un color rojizo oscuro, algo relacionado con una pigmentación de la melanina muy determinada. En cierto modo, sus ojos parecían contener una pequeña llama roja-azul en su interior. Era hermoso, sin duda, pero preocupante.

Enseguida llegaron los análisis genéticos. Yo era entonces un joven genetista con una carrera que parecía prometedora. Todo parecía normal. No había signo de enfermedades comunes, ni problemas en las secuencias de nucleótidos. Me mandaron los resultados para que los revisara. Mi primera impresión concluía lo mismo que habían obtenido mis colegas: un niño sano, sin problemas aparentes. Parecía claro que nos enfrentábamos a algo nuevo.

Genes

Leer más “Respuesta evolutiva (relato)”