Escritores: el espejismo del éxito

En un par de ocasiones me he acercado a comentar el mundo de lo que se entiende debe ser y hacer un escritor para obtener el éxito en un lenguaje algo sarcástico, pero basándome en experiencias vividas aquí y allá. Quisiera ahora reflexionar en un tono un poco más “en serio” sobre este tema del mundo de los escritores y de lo que se entiende por tener “éxito” con la literatura, y explicar ciertos argumentos que quizás puedan servir a algún joven o no tan joven escritor. Si es así, me sentiré plenamente satisfecho.

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De entrada, un escritor tiene tres formas de llegar a eso que se llama “fama”:

Primera forma: con dinero. No es una fórmula matemática, pero pon dinero sobre la mesa, y gasta en publicidad, y podrás vender casi cualquier cosa. Que “50 sombras de Grey” haya sido un éxito demuestra que un marketing adecuado y orientado al público al que va dirigido funciona. Lamentablemente la gran mayoría de escritores no se pueden permitir gastar dinero en publicidad.

Segunda forma: con influencias. El cuñado del hermano del vecino de la amante de un amigo conoce a un influyente inversor que quiere entrar en el mundo de las editoriales, o que conoce a alguien que tiene una editorial. De nuevo estamos hablando de dinero, además con poder añadido. Esta es una forma incluso más directa de llegar a la fama. El problema es que si no te llamas Belén Esteban o eres la novia de algún futbolista difícilmente va a funcionarte este sistema. Hace poco alguien comentaba cómo los libros más vendidos no son de escritores, sino de oportunistas. En las ferias de libros los verdaderos escritores se ven relegados al olvido y solitarios en sus casetas, mientras las Belén Esteban de turno tienen colas para firmar libros. El mundo de los escritores ya no es de los escritores, sino de los oportunistas.

Tercera forma: con mucho trabajo y material de calidad. Ah, aquí entramos en el tema que realmente nos ocupa. Vamos a ver: yo suelo contar unas 200-300 entradas de escritores en algunas páginas de Facebook diarias, con escritores subiendo sus textos. Y tengo constancia de algunas de estas páginas, pero hay centenares de ellas en Facebook. En un cálculo rápido podemos hablar, sin temor a equivocarnos, en unas 10.000 personas subiendo sus sueños literarios cada día a Facebook esperando que alguien llame a su puerta, o al menos haga click en “me gusta”.  Tenemos 10.000 personas de todo el mundo diariamente intentando ser famosos. Y eso solo en habla hispana, que es lo que veo.

Oh vaya, parece que hay mucha cola en el camino hacia la fama.

Si solo tres de esas personas se deciden a escribir a una editorial una vez al mes, tenemos 3.000 personas mandando sus escritos a editoriales una vez al mes. Si hay digamos 100 editoriales que realmente reciben y gestionan los escritos, esas editoriales recibirán 30 manuscritos al mes. Cada mes 30 libros para leer. 360 libros al año, casi uno por día. Luego hay que leerlo, y verificar que es potencial producto para la venta. No me extraña que las editoriales tengan sistemas de respuesta automáticos con frases como “Si vuelves a mandar otro escrito te despellejaremos vivo”. Es para volverse loco.

Evidentemente, llegar a la “fama” cuesta. Y aquí es donde vais a empezar a pagar… Eso decían en una antigua serie de televisión: “Fama”. Y de eso se trata. ¿Cuántos de esos escritores escriben material que realmente les reconozca como tales? Porque no por el hecho de que haga tres rayas en un cuadro me voy a considerar pintor. Y no por hacer una especie de cosas raras con el mármol me voy a considerar escultor. ¿Por qué cuatro líneas mal escritas provocan que alguien se considere y autodenomine “escritor”? No quiero censurar a nadie ni coartar la libertad de cada uno de autodenominarse como quiera. Pero si yo abro en canal a alguien con un bisturí no me puedo considerar cirujano (y el paciente morirá además). Este es un tema que dará para hablar en otro artículo. Pero he querido mencionarlo porque me parece importante. Mi solución personal a este tema suele ser: yo no voy a denominarme “escritor”. Lo harán los lectores, si lo estiman oportuno.

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Escribe. Sigue escribiendo hasta que el mundo se acabe y explote tu máquina de escribir. No dejes de escribir, porque dejarías de existir

Volviendo al tema del éxito, ¿cómo obtenerlo, con tanta gente escribiendo y buscando su oportunidad? El éxito se basa, en última instancia, precisamente en la oportunidad, y en la diferenciación. Para tener éxito, debemos ser distintos, y debemos aportar algo. Además, debemos aportarlo en el momento en el que la receptividad sea, supuestamente, la más alta.

Entonces, ¿cuál es la fórmula del éxito? Yo daré mi respuesta, basada en mi experiencia personal: la fórmula del éxito se basa en medir ambiciones razonables con respecto a resultados.

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Escribir es un trabajo solitario, muchas veces amargo, a veces una lucha constante contra uno mismo. Pero es una de las mejores formas de sentirse vivo y en plenitud también

¿Y qué es una “ambición razonable”? Como tengo mi mente hecha en base a la ciencia, procuro siempre que las cosas sean tangibles. Por ejemplo, si subo un vídeo, no espero tener “muchas visitas”. Espero tener X visitas: 100, 200, 50, las que sean que crea son razonables para considerarlo “éxito”.

Entonces, si mi vídeo ha tenido en una semana 3000 visitas y yo esperaba tener 200, el éxito es tremendo. Si esperaba tener un millón, es un grandísimo fracaso. Pero atención: debo partir de la base que mis vídeos son aburridos y técnicos, no son el último videoclip de Katy Perry. No puedo esperar tener las visitas que tiene ella. No se trata de qué es mejor, se trata de lo que busca la gente. Por cada búsqueda en Google de “ondas gravitatorias” hay cien mil búsquedas de “Katy Perry”. Cada cosa en su lugar, y un lugar para cada cosa.

Entonces, ¿qué hacer? No para tener éxito, eso no lo sabe nadie. Pero sí para al menos no fracasar por cuestiones que pueden ser manejadas y controladas por nosotros mismos. Lo que debe hacerse, en mi modesta opinión, es lo siguiente:

Uno: tener unas expectativas razonables con lo que se pretende conseguir. Nada de “best sellers” y vender a lo loco. En la mayoría de los casos, deberemos conformarnos con la cálida respuesta de unos cuantos lectores, o no tan cálida si no está gustando nuestra obra. Conozco algún caso de gente que sin publicar su primer libro ya está discutiendo con sus familiares y amigos cómo van a gestionar los ingresos. La gente tiene a veces unas expectativas fuera de escala, y luego llegan las sorpresas y las decepciones.

Dos: experimentar, e ir ajustando esas expectativas, mejorando cada día los procedimientos para que esas expectativas crezcan. Si veo que un sistema no ha funcionado, lo vuelvo a probar y no funciona, lo descarto y busco otro. Si veo que otro sistema funciona, parece que he encontrado un camino. Seguiré buscando por ese camino. Eso es lo que se hace en ciencia, y la vida, y el éxito, no son tan distintos a la experimentación.

Tres: autocrítica: es increíble cómo algunos escritores reniegan de la crítica, o de hacerse autocrítica. El ego les consume. A nadie le gusta que le digan que su obra no es buena por esto o por aquello. Pero hay que asumirlo y analizarlo. Si nos dicen varias personas lo mismo, probablemente estamos siendo testigos de una carencia. Trabajemos honradamente para mejorarla.

Cuatro: medir el éxito lentamente. No vas a subir el libro a Amazon y vas a tener 20 ventas y 10 comentarios la primera semana. Con mucha suerte eso ocurrirá el primer año. Naturalmente puede ocurrir que sea un éxito inmediato, por supuesto que sí. Pero lo normal es que tu contador de visitas a la página sea de dos cifras, y el de compras de una cifra. Además, a la gente le cuesta muchísimo comentar un libro, incluso si les ha gustado mucho. Conocen a nuevos autores, pero no los apoyan con entusiasmo. Esos autores luego piensan que no gustan y dejan de escribir. Y esos lectores se quedan sin nuevos libros de sus autores preferidos. Ese es otro tema de debate sin duda.

Quinto: los ingleses lo llaman “keep trying”. Que viene a ser “no te canses de intentarlo”. El éxito tarda, a veces una vida entera, pero muchos autores han conseguido tener éxito por persistencia y trabajo diarios. Mucha gente tira la toalla enseguida, y son buenos en muchos casos. Entiendo, y es normal, que la gente se canse de escribir y de publicar y de encontrarse con cero visitas y cero descargas. Pero, si me lo permiten, daré un pequeño consejo: no bases tu nivel o éxito en las descargas, sino en lo que te dicen los lectores. Los pocos lectores que se dirijan a ti. Piensa que, en general, por cada lector que te ha dicho algo, hay cinco que han leído el libro. No me refiero a la familia ya se me entiende, me refiero al lector aquel del Perú o de Colombia o de Ecuador o de China que te escribe en el blog diciendo que le ha gustado tu novela. Ese lector representa a unos cuantos lectores. Están ahí, como los icebergs. Solo se ve una parte pequeña. Ese iceberg debería ser tu punto de apoyo para seguir.

Naturalmente no hay una fórmula secreta ni una varita mágica; solo experimentar e ir probando. Con paciencia, y con mucho, mucho trabajo.

Ahora quisiera tocar el tema más delicado: qué es “éxito” tal como nos lo venden en televisión y en Internet, con chicos fuertes y duros y chicas guapas y sensuales volando en un jet privado. Demasiadas veces veo a demasiada gente obsesionada con ese “éxito”. Ese mundo es completamente irreal. Es un producto para vender, nada más. No existe, por mucho que nos lo enseñen cada día.

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Si quieres esto, busca otra actividad. La literatura no es fama ni dinero ni poder, es trabajo muy duro y agotador, aun vendiendo millones de libros

 

Escritores, y también otros artistas, sueñan con la “gloria” y la “fama”. Vamos a aclarar alguna cosa, y de nuevo, me baso en mi experiencia personal.

No, el mundo no funciona así. Si nuestro nivel de “éxito” es tener un Ferrari en la puerta y vender un millón de ejemplares, esos tiempos ya pasaron. Ahora vender 250 libros es una buena cifra, vender 500 es genial, y vender 1000 un gran éxito, eso dicen las editoriales. Como escritores, creo que debemos medir nuestro éxito bajo parámetros adicionales. ¿Qué opinan los lectores? ¿Cuántos comentarios me llegan? ¿Cuánta gente se anota a mi página del Facebook o a mi blog? ¿Cuánta gente pone enlaces a mis textos? ¿Cuántas veces aparece mencionado mi libro en Google?

Cuando el éxito al fin llega, y ves tu flamante libro en las estanterías, piensa en rebajar tu nivel de excitación. El libro va a estar ahí dos o tres semanas como mucho, para luego ser sustituido por otro. Los libros pasan por las estanterías de las librerías y tiendas sin pena ni gloria, entre miles de títulos que se acumulan. Como dice la Biblia, “muchos serán los llamados, pero pocos los elegidos”. Es muy difícil que un libro triunfe. Se publica mucho para sostener las ventas, y de vez en cuando un título da algo de dinero como para poder soportar las pérdidas de los restantes.

Así que ya vemos que ni siquiera el momento mágico de estar en una librería significa nada. Los libreros ven pasar miles de libros sin pena ni gloria, que se pierden para siempre en el fondo del ostracismo. Títulos quizás muy buenos en algunos casos, pero que sin promoción y apoyo se olvidan y quedan relegados a papel reciclable en el mejor de los casos.

Es una carrera de fondo siempre, nunca, o casi nunca, los cien metros lisos. Buena suerte, y buenas letras.


 

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