Ahora no parece tan absurdo volver a la Luna

Durante una entrevista a los astronautas del Apollo XIII, preguntaron al comandante de la misión, Jim Lowell, por qué había que volver a la Luna. Si ya habían llegado dos naves, ¿qué sentido tenía seguir explorando el satélite de la Tierra? Lowell contestó algo obvio:

“Imagine que los primeros exploradores de África no hubiesen salido del continente. Imagine que los fenicios no hubiesen llevado su cultura y su ciencia por el Mediterráneo. Imagine que Colón no hubiese vuelto a América. Hoy, la humanidad no existiría. Sería solo una cantidad de fósiles, haciendo compañía a los dinosaurios”.

Otra frase que me encanta es aquella que le preguntaron a un famoso escalador. Cuando le preguntaron “¿por qué escalar esa montaña”? Él respondió: “porque está ahí”.

Es una respuesta simple, sencilla, y directa. El ser humano es un explorador. Pero la exploración no solo sacia la curiosidad. También abre nuevos caminos, nuevas fronteras, nuevas oportunidades.

Pero, de todas formas, alguien podría insistir en que sí, que todo eso está bien. Pero ¿la Luna? ¿Tiene algo de interés ese trozo de roca?

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Le diré la respuesta: la Luna posee millones, y millones, y más millones de dólares en recursos naturales. Y voy a poner un solo ejemplo, de entre los muchos posibles: el Helio.

El helio es un gas noble, formado por dos protones, y un número variable de neutrones, dos en su mayor parte (dicho de otro modo, es el isótopo de hélio 4). El otro isótopo es el helio 3, con un solo neutrón en su núcleo. La Luna tiene enormes reservas de Helio bajo su superficie. Está ahí, y podrá ser extraído, y explotado comercialmente, obteniendo enormes beneficios. Pero ¿quién será el que se lleve esos recursos, para venderlos en la Tierra al precio que quiera? Exacto: el primero que llegue, y pueda volver de forma que sea comercialmente viable.

Vaya. Ahora ir a la Luna no parece tan mala idea. No es solo que el helio en la Tierra se esté agotando. Es que el primero que llegue tendrá ese recurso imprescindible para sí mismo, y para vender al precio que quiera. ¿Y si son los chinos los primeros en ir? ¿Y si son los rusos? ?Y si es otro país, o grupo de países? ¿Y si es Estados Unidos? Por supuesto, descarto a Europa, que sigue enzarzada en sus eternos problemas de identidad, en sus miedos y en sus políticas contradictorias, que la incapacitan para tomar decisiones importantes y conjuntas.

Estados Unidos, si no espabila, va a ver cómo otros llegan a la Luna, plantan la bandera, ponen la factoría, y hacen suyos esos recursos. Existe mucha gente en el mundo que quiere ver caer a Estados Unidos como potencia, y proclaman un nuevo mundo más libre cuando Rusia o China controlen el planeta. Efectivamente, Rusia y China han dado muestras de ser grandes países democráticos, donde los derechos humanos son ampliamente respetados, y donde las minorías pueden vivir en paz. Entiendo que Estados Unidos no es un ejemplo de libertades, especialmente en la actualidad con Donald Trump, pero poner como contraejemplo a Rusia o a China es, cuando menos, una maniobra torpe y absurda.

Yo, y que me perdone el amable lector, preferiría, de todas formas, no disfrutar de esa democracia ni de esa libertad que China o Rusia dicen nos van a traer. Con todos los respetos, y con todos los defectos que pueda tener Estados Unidos, que los tiene, prefiero ser invadido por el MacDonalds, la Cocacola, e incluso Miley Cirus no me parece tan peligrosa como el señor Putin. Pero esa es mi opinión claro, otros tendrán la suya, que respeto completamente. Hay gente que acusa a Estados Unidos de ser y tener un comportamiento imperialista…

Claro, a los países líderes les encanta actuar como tales. Si un país es notablemente más poderoso que los demás, usará ese poder a su favor, que no lo dude nadie (ha jugado usted al “Civilization”?) Sea Egipto, Grecia, Roma, o cualquier imperio antiguo o moderno, siempre ha habido algún país controlando a otros. Si alguien cree que eliminar a Estados Unidos como país con poder llevará al mundo a un periodo de paz, democracia, y libertad, debería repasar someramente los libros de historia. La paz, la democracia, y la libertad, son conceptos difusos, abiertos a interpretación, que cada uno considera en base a sus intereses y a su posición en el statu quo mundial.

Y esto nos lleva de nuevo a la Luna. Debemos recordar dos cosas: que ningún imperio es eterno, y Estados Unidos caerá un día como país más poderoso de la Tierra, y que el control de los recursos naturales es el primer paso para dominar al resto como primera nación. Es el primer paso, pero requiere de algo más: requiere saber explotar y usar esos recursos de forma conveniente. Un ejemplo rápido son los países productores de petróleo. Muchos de ellos controlan grandes cantidades de petróleo, pero no han sabido usar ese control para su propio beneficio. Lo han usado, en muchos casos, para enriquecer a una minoría, que se ha bañado en el lujo y en mantenerse en el poder, pero no para mejorar y hacer más competitivo a sus países. Ahora, esos países, visto que el petróleo ya no es ese oro negro que era antes, se ven en la tesitura de perder su estado económico.

¿Ha pasado esto antes? Claro, pongo un ejemplo rápido: España y su “Imperio donde nunca se pone el Sol”, se hizo poderoso en base al oro y recursos que llegaban de América. Esos recursos se malgastaron en mantener a una nobleza corrupta en el poder, en fiestas y en absurdas guerras, que dinamitaron cualquier posibilidad de hacer que ese imperio fuese realmente sólido y estable. Cuando el oro dejó de llegar, el imperio, naturalmente, cayó como un castillo de naipes. Esto mismo va a pasar ahora con esos países que, teniendo un gran poder económico gracias al petróleo, no han sabido, o en muchas ocasiones, no han querido emplearlo en hacer de su país un referente.

Por mucho que pueda parecer que el imperio de turno es eterno, no lo es. Eso sí, Estados Unidos puede seguir siendo el país dominante si deja de perder el tiempo en políticas populistas y orientadas a tener contentas a las grandes masas. Fue otro imperio, el británico, el que perdió el poder en su momento, para cederlo a Estados Unidos, en base a dejarse llevar por una idea absurda: que el poder se gana, y ya nunca se pierde. Hoy, el Reino Unido se empeña y esfuerza no solo en no volver a ser un país representativo y con miras al futuro, sino a hundirse sobre sí mismo con políticas tribales y basadas en el miedo y, de nuevo, en el populismo.

Bajo la idea “los malos son los de fuera”, Reino Unido va camino de convertirse en un país atrasado y perdido en su antigua gloria y su orgullo desmedido. Y es una pena, porque Reino Unido es un país admirable, poderoso, y que podría ser la punta de lanza de Europa en muchos aspectos. Pero ha decidido convertirse en una prisión para sus propios ciudadanos, y en lanzar por la borda los aspectos que más le representaban a lo largo de las últimas décadas. Las nuevas leyes que quiere imponer el nuevo gobierno que surja de las urnas son más un decálogo del miedo y de la psicosis que una serie de medidas para los ciudadanos. El racismo y la xenofobia crecen exponencialmente, arropados por los gritos histriónicos de un gobierno que culpa a los demás de sus propios problemas. Populismo puro y duro. Estos tampoco tendrán el helio de la Luna, es evidente.

Esto ocurre también con Estados Unidos, y con ese personajillo que sería casi gracioso, si no fuese por el poder que acumula, llamado Donald Trump. Pero hay una diferencia: Estados Unidos dispone de mecanismos muy poderosos para corregir situaciones anómalas como es la de Donald Trump en el gobierno, y esos mecanismos están actuando ya en este momento. Puede que haya helio para Estados Unidos.

Mientras tanto, Rusia y China están encantados con las dudas de Estados Unidos, y con las situaciones que provoca Donald Trump. deshaciendo sus lazos políticos y diplomáticos con sus habituales socios, y dejando a Estados Unidos sola. Y disfrutan viendo a una Europa perdida en la desidia y en cuestiones banales y existenciales, incapaz de reaccionar y de enfrentarse a sus neurosis y sus miedos. Premio para Rusia y China, que ven en todo ello una oportunidad de convertirse en una potencia de primer orden.

Para ello, la Luna es un objetivo de primer orden. La Luna, y su control, permitirá al país que pueda poseer sus recursos disponer de ingentes cantidades de material para su desarrollo. El país que domine la Luna será la próxima potencia de la Tierra. El helio, y otros muchos recursos, son la base de una economía que necesita esos recursos con urgencia.

Hay que tomar posiciones. Las del populismo, o las de trabajar por el poder real. Cada cual que juegue al juego que quiera. Y luego, que sufra, o disfrute, las consecuencias. Sin duda, ahora volver a la Luna no parece tan mala idea.

 

 

 

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