Aspectos técnicos y humanos de la “bomba H”

Se habla mucho últimamente de la “Bomba H” o bomba de hidrógeno. El caso está, por supuesto, relacionado con el problema de Corea del Norte, y del iluminado que gobierna ese país. En base a una práctica prácticamente suicida de disuasión, que se basa en trabajar sobre una política de hechos consumados, el líder coreano tiene al mundo en vilo.

Podríamos estar relativamente tranquilos si al otro lado de este ring político hubiese un hombre de la talla necesaria como para gobernar un país como Estados Unidos. Pero el país es gobernado por otro hombre que es dado al populismo y a hablar por hablar, además de gustar hacer demostraciones de fuerza. Es decir, en ambas partes tenemos a dos personas inestables, con comportamientos inestables e impredecibles. Si a eso se suman amenazas de guerra nuclear, la preocupación es totalmente razonable.

paz
Una máxima de la diplomacia dice: “en diplomacia no existe una última palabra; siempre hay tiempo para una nueva reunión, un nuevo debate, una nueva oportunidad para la paz”

Alguien podría sentirse tentado a pensar que estoy comparando Corea del Norte con Estados Unidos. No, no es así. Comparo a sus líderes. Por lo demás, ambos países son muy distintos. Aunque ambos líderes usan la disuasión nuclear para establecer su poder. Ambos mantienen a millones de personas en situación de pobreza y falta de recursos sociales, médicos y educativos. Ambos utilizan el populismo para manejar a las masas. Ambos consideran que tienen una razón absoluta, en la práctica del “o estas conmigo o estás contra mí”. Y ambos mandatarios saben que una guerra nuclear es terrible, pero mancillar su orgullo personal es incluso peor, porque pondría en peligro su posición de poder. Por lo demás, son países muy distintos.

Recuerdo a mi padre cuando me hablaba de la “Bomba H” en sus inicios y primeras pruebas. Recuerdo las fotos de aquellos viejos periódicos en blanco y negro. La bomba H es mucho más poderosa que la bomba atómica clásica. Pero primero, aclaremos unos conceptos.

  • Bomba atómica: aunque en realidad, técnicamente una bomba atómica es aquella en la que intervienen átomos (una granada de mano sería entonces una bomba atómica), popularmente se denominan como bombas atómicas a aquellas que utilizan un material fisible, sea uranio o plutonio, para generar una fisión de sus átomos en cascada, lo cual produce una cantidad de energía impresionante, además de la famosa radiación por los productos de desechos radioactivos. Las tristemente recordadas bombas de Hiroshima y Nagasaki eran, respectivamente, de uranio y de plutonio. El nombre técnico de estas bombas es “bomba nuclear”.
  • Bomba H. Esta bomba tiene un principio distinto. Utiliza hidrógeno como combustible. Lo que se hace es fusionar el hidrógeno con una gran energía, en un proceso que es básicamente el mismo que genera la energía del Sol. Es decir, no es una bomba de fisión, sino una bomba de fusión, algo muy diferente.

¿Cómo se consigue que el hidrógeno se fusione, produciendo tanta energía? Curiosamente, para ello se usa una bomba atómica. Es decir, la energía de la bomba atómica calienta el hidrógeno y lo concentra en un punto, generando tanto calor y presión que se produce el mismo fenómeno que en el Sol, generando una gigantesca cantidad de energía.

Es decir: una bomba de hidrógeno, o bomba H, es una bomba de fusión de hidrógeno que contiene en su interior, como parte de su mecanismo, una bomba atómica. De este modo, la bomba de hidrógeno produce también efectos radioactivos muy importantes.

Existe otra bomba que es una variante de la bomba atómica, llamada “bomba de neutrones”, pero no hablaré de ella aquí ahora para no extenderme.

¿Ha producido Corea del Norte una bomba H? Bueno, desde el punto de vista político y geoestratégico, es importante, porque indica unos conocimientos técnicos mucho más avanzados. Desde el punto de vista de los resultados, que lancen una bomba atómica o de hidrógeno, a efectos políticos, tendría las mismas consecuencias. Naturalmente que la bomba H haría mucho más daño, lo que quiero decir es que una u otra generarían una respuesta similar en el mundo: una guerra abierta contra Corea del Norte.

¿Se podría atacar a Corea del Norte al estilo John Wayne, invadirla y terminar con el problema, como proponen algunos? No. Hay razones militares, políticas y estratégicas.

Las militares y estratégicas tienen que ver con la enorme cantidad de cañones convencionales de artillería de Corea del Norte que apuntan a las principales ciudades de Corea del sur, incluida Seul. Aunque se quisiera atacar estos cañones, son tantos,  y están tan ocultos, que llevaría días, o semanas, inutilizarlos todos. Estos cañones lanzarían enormes cantidades de proyectiles de artillería convencional sobre muchas ciudades muy importantes de Corea del sur, creando un caos inimaginable. De nuevo, política de disuasión. No es por tanto solamente el peligro de un misil. Es el peligro de esa artillería de la que casi nunca se habla, pero que tendría efectos devastadores. Daños harían mucho a nivel social claro, pero a nivel político sería todo un terremoto.

Las razones políticas tienen que ver sobre todo con China. China está preocupada por Corea del norte, pero se resiste a cortar sus suministros a Corea del Norte porque necesita a ese país para que sirva de barrera al ejército americano. Muy al estilo de la época de la guerra fría, Corea del norte hace de tapón de seguridad. Algo que los chinos no están dispuestos a soltar. No quieren que ocurra como con la caída del muro de Berlín, que puso a la OTAN en las fronteras de Rusia.

A nivel social, y también político, las consecuencias de una guerra abierta con Corea del Norte, especialmente usando armas nucleares, tendrían un efecto llamada en muchos conflictos adyacentes, especialmente con Rusia. Se verían implicados los hechos y situaciones que hoy día penden de un hilo. Esto ya lo vimos en la Primera y Segunda guerra mundial, en los que una chispa desató una guerra en todo el planeta. Rusia podría por fin hacerse con los países bálticos, algo con lo que Putin lleva soñando desde hace años ahora que tiene Crimea de nuevo. E incluso se podría animar con el resto de Ucrania, porque, al fin y al cabo, el sueño de Putin es crear una segunda URSS de un estilo relativamente cercano al modelo occidental, basada en aquellos aspectos que le sean favorables, y controlada por su mano como es siempre en él costumbre.

Japón podría dejar de ser ese país pacífico que hemos visto, y sus partidarios de volver a las viejas ideas del Imperio Asiático podrían obtener una gran apoyo. No olvidemos que Japón está construyendo nuevos portaaviones camuflados como navíos portahelicópteros de salvamento y control de sus costas, pero que están diseñados para poder portar los aviones F-35B americanos. Son portaaviones a todos los efectos, excepto que de momento no incorporan aviones.

China por supuesto, que ya gasta enormes cantidades de dinero en crear un ejército moderno, podría movilizar millones y millones de soldados, bien armados y equipados. Europa, por supuesto, miraría asombrada y hablaría de arreglarlo todo sin hacer nada, lo que ha sido una constante en el último siglo y medio en el viejo continente.

En fin, esto ya es política ficción, pero ya sabemos la frase: “las guerras se sabe cómo empiezan, pero nunca se sabe cómo acaban”. Esperemos, y los que sean creyentes que recen, para que estos dos “grandes líderes” de Corea del Norte y Estados Unidos mantengan el poco sentido común que tienen, y arreglen las cosas como debe hacerse: con algún acuerdo, el que sea, pero que evite la guerra. Porque, no lo olvidemos: la mejor guerra es la que nunca empieza, y el mejor general, el que lucha por evitar su inicio.

Yo, por mi parte, seguiré pensando en los millones de hombres, mujeres, y niños, que sufren en ambos países, y en un mundo que consume tantos recursos en armamento, cuando una pequeña parte de ese gasto serviría para crear nueva ciencia y tecnologías para conseguir agua y comida de una forma barata y eficiente para toda la población, evitando guerras en muchos casos, y sobre todo, evitando que la gente tenga que huir de sus hogares constantemente. Evitando, en última instancia, los millones de refugiados que hoy viven en un hilo de esperanza de un mundo mejor y más justo.

No quiero ser idealista, pero entendamos una cosa: o arreglamos las cosas, aunque sea con un mínimo, o sufriremos consecuencias inimaginables. Esperemos que nuestros amados líderes sean capaces de entender algo que, creo, es tan simple.

 

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