Moody Blues y el síndrome P.A.

Miércoles, así que toca música. De la entrada musical de la semana pasada, en la que hablaba de amores rotos, alguien podría quizás deducir que el autor de estas líneas pueda ser poco romántico, y que no creo en las relaciones sentimentales.

Es verdad que valoro la amistad por encima de todo, pero eso no significa que no haya un rincón en mí para la sensibilidad y los sentimientos, aunque es evidente que los años tamizan el corazón y transforman las almas a través de la vida. Y la música ha sido durante toda mi vida un canal de comunicación con mis sentimientos, que he proyectado hacia personas que han sido importantes para mí, por un motivo u otro. La música es la fuerza más directa y poderosa del universo, cuando se trata de arrancar una sonrisa o una lágrima a un ser humano.

Lo cierto es que todos tenemos esa canción que nos recuerda algún amor pasado, algún momento importante con alguna persona que era especial. Aquellos amores de juventud, que se caracterizan sobre todo por la pasión, la fuerza, y una alta dosis de locura. Ese amor puro, sincero, y juvenil, que te hace creer que eres el primer ser humano del planeta elegido para algo especial.

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Ahí estoy, con 16 años, y mi primera guitarra, que me habían regalado de novena mano, y que duraba afinada unos 30 segundos. El soporte del micro son dos palos de escoba.

Yo, en temas de amoríos, era de aquellos que sufrían el “síndrome P.A.”.  Este síndrome, también llamado “Síndrome Par Aque”, es aquel que desarrollamos los que tenemos la timidez y la introversión como máxima en nuestras vidas. ¿Y cómo funciona el “síndrome P.A.? Pondré unos ejemplos, recogidos en el diccionario de románticos tímidos e introvertidos:

Algunas frases del “síndrome P.A.”.

  • “Par aqué le voy a decir nada si ni existo para ella”.
  • “Par aqué voy a invitarla a salir si ni me ve cuando paso por delante de ella”.
  • “Par aqué voy a intentar nada si se va a ir con aquel otro, que es más guapo y divertido, y tiene moto con cambio de marchas”.
  • “Par aqué me voy a preocupar, si me va a dar una patada a la mínima insinuación”.
  • “Par aqué voy a llamarla por teléfono, si me va a colgar a los cinco milisegundos”.

Esas eran algunas de las frases que usábamos los afectados por el síndrome “P.A.”. Pero bueno, lo solucionaba a mí manera: me ponía la guitarra a la espalda, y me iba a la playa a cantar algunas canciones. Algunas personas paraban incluso a escucharme, cuando tocaba alguna de mis románticas canciones llenas de sentimientos y amores rotos. De aquella época es un tema romántico que se titula “Amor en las estrellas” y que le encantaba a mi madre, una pieza que ella me hacía tocar una y otra vez en el camping.

De todo aquello guardo, sin ninguna duda, un grato recuerdo. Porque todo aquello me enseñó que no era necesario que me preocupase demasiado. De hecho, cuando dejé de preocuparme por el “síndrome P.A.”, apareció una jovencita morena, que me ordenó ir con ella al cine si no quería perder las piernas. A partir de ahí descubrí que incluso yo podría tener una oportunidad para superar el “síndrome P.A.”.

Moody Blues, y su tema “Nights in White Satin” me transporta como una alfombra mágica a aquellos años. Supongo que en los genes de uno quedan esas notas que representan unos momentos importantes de nuestras vidas. Aquella mirada. Aquel beso. Aquella caricia. Aquellos sentimientos puros, dulces, sinceros, que no están tamizados por los años, sino que nacen del fondo del corazón, y van al alma y a nuestras manos, para rozar la piel de ese ser que representa tanto para nosotros.

Luego pasan los años, y aquellos sentimientos se diluyen con el tiempo. Pero no desaparecen. Se guardan para siempre en un pequeño lugar de nuestro corazón. Y, de pronto, oímos esa canción especial, y volvemos a ser aquel joven que tanto sufrió, pero que tanto y tanto vivió.

Eso es el amor. Un recuerdo, un sueño, y una canción… Vaya, hoy estoy con el síndrome P.A. otra vez. Tendré que ir al médico, a ver qué puedo tomar.

Señoras y señores, con ustedes: Moody Blues, “Nights in White Satin”. Que la disfruten.

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Autor: Fenrir

Escritor aficionado, me gusta la aviación, el cine, la cerveza, y una buena charla sobre cualquier cosa que ataña al ser humano.

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