Extracto de “La leyenda de Darwan IV: Idafeld”

Este será el Libro XIII de la saga Aesir-Vanir, y el último libro de la saga. Cierra toda la historia vista en los doce libros anteriores, y explica el reencuentro entre las dos ramas de la humanidad, que han vivido separadas durante cuatro mil millones de años. Espero tener este libro para algún momento del primer trimestre de 2019, pero ahora mismo es difícil de decir. Lo que sí espero es poder terminarlo, y dejar la saga completa. Y el trabajo, duro, agotador, pero muy estimulante, habrá merecido la pena.

Ha sido un viaje maravilloso, pero todo acaba. Lo importante no es el final. Lo importante siempre es el camino. Y haberlo caminado junto a un grupo de lectores que siempre han estado presentes. A todos ellos, muchas gracias.

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Caía la noche cuando una luna gigantesca apareció por el horizonte. El aire era cálido, húmedo, y se impregnaba a la piel. Y estaba compuesto por una amalgama de gases primigenios, como el metano, dióxido de carbono, nitrógeno, vapor de agua, además de trazas de hidrógeno y monóxido de carbono. La presencia de oxígeno era nula. Tendrían que pasar muchos millones de años para que el oxígeno se convirtiese, junto al nitrógeno, en el gas principal de la Tierra.

Gersemi caminaba por una cresta de cenizas de un volcán aún humeante, con su largo cabello meciéndose, después de la última de las constantes emisiones de lava que mantenían al planeta a una alta temperatura, y provocaban que la atmósfera se llenase con enormes cargas eléctricas. Comenzaban a formarse los primeros pozos de lodos, que todavía requerirían de mucho tiempo para generar un compuesto estable que diese lugar a la primera molécula autorreplicante. Se agachó, y hundió sus manos en el suelo arenoso. Surgieron algunos vapores, que le dieron directamente en la cara. Gersemi cayó de espaldas, más por el susto que por el propio gas. Tras ella, se escuchó una risa. Una mujer la miraba a cierta distancia sonriente. Era alta, de aspecto sereno pero firme, morena con pelo corto, con un rostro duro, pero sereno y poderoso. Se cruzó de brazos sonriente, y habló:

—Así que aquí estás. Tú, y tu manía de jugar a los exploradores. —Gersemi se volvió. A sus dieciséis años era muy orgullosa como para dejar pasar aquella risa.
—No me he caído, madre. Tenía controlada la situación perfectamente. —La madre asintió.
—Claro que sí. ¿Sabes que si fueses una humana completa, como lo éramos nosotros, ahora mismo estarías convirtiéndote en un puñado de cenizas? Y no hablo de minutos. Hablo de unos pocos segundos. —Gersemi asintió levemente, agachando la cabeza.
—Lo sé. Y eso es lo que no entiendo.
—¿Qué es lo que no entiendes?
—Madre, Freyr y su pueblo son poderosos. Han llegado más allá de cualquier forma de vida orgánica y espiritual. Son todos uno con la galaxia, y con el universo. Han alcanzado el punto por el que han trascendido el tiempo y el espacio. Han llegado  a tocar con sus propios dedos los extremos de la realidad consciente.
—Todo eso es cierto, Gersemi. Sin ninguna duda.
—Entonces, ¿por qué no podemos ser como ellos? ¿Por qué debemos abandonar nuestra condición como inmortales, y volver a ser simples humanos? Atrapados en un solo tiempo… En una vida lineal, siempre colgados de un instante, que empieza y acaba. Teniendo que nacer, que vivir, y que morir, para perdernos para siempre en la inmensidad de los recuerdos que se deshacen como las cenizas de este volcán… Pero tú insistes en volver a eso. ¿Por qué?

Helen se acercó a Gersemi . Puso sus dos manos en el rostro de ella, que la miraba con el ceño fruncido. Gersemi era algo más baja, pero no mucho. Helen sonrió, luego le acarició aquel cabello largo y casi blanco, que se movía por aquel viento que el día de mañana sería el viento de la vida, y contestó:

—Porque Freyr está equivocado. La humanidad del pueblo de Freyr se ha convertido en una forma de vida superior. Pero están atrapados en infinitos mundos. Han logrado superar la vida y la muerte, pero no conocen el dolor de superar los retos. Han alcanzado el Nirvana de la paz, pero no han sabido apreciar el sabor de ganar la batalla por la amistad, por el futuro, y por la propia paz. Han aprendido a dominar el tiempo y el espacio, pero no saben a dónde ir, ni cuándo, ni por qué, como un barco que tuviera alas para viajar hasta el infinito, pero sin saber jamás qué rumbo de los posibles les llevará a ser mejores por sí mismos, y no por sus facultades adquiridas. Han viajado a todas las estrellas, en todos los tiempos, y han vuelto a su hogar original, porque no encuentran respuestas excepto entre los muros de sus hogares. Y yo no quiero eso para nuestro pueblo, Gersemi. Cuando el pueblo de Freyr avanzó para ser superior, alcanzaron metas imposibles de soñar. Pero dejaron su esencia humana en el camino. Ahora sus almas están atrapadas entre el sueño de la inmortalidad, y el anhelo de ser humanos una vez más. Por eso, nosotros, nunca dejaremos de ser humanos. Por eso, nosotros, buscaremos nuestro camino, hacia nuestro futuro, hacia nuestra propia libertad.

Gersemi se mantuvo pensativa unos instantes. Luego levantó el rostro, sonrió, y miró a su madre diciendo:

—Siempre tienes respuestas para todo. Entiendo que Freyr no te soporte.
—El problema de Freyr no es que no me soporte, cariño. El problema de Freyr es que sabe, en el fondo de su corazón, que su felicidad está en volver a ser quien una vez fue. Solo entonces encontrará la paz. Mientras resista, ni mis palabras, ni la guerra que nos azota, servirán para darle las respuestas que algún día le llegarán. Pero vamos ahora, volvamos a casa.
—La Tierra es nuestro hogar original, madre. ¿No podríamos regresar?
—No, cielo. El pasado, pasado está. El hogar de cada uno es la tierra que pisa, el viento que siente, y el pan que toma cada día. Ese es, y será siempre, nuestro verdadero hogar.
—Madre, últimamente hablas cada vez más con menos palabras, digamos, duras. Y más como lo hace Yvette. —Helen asintió.
—Es cierto. Cuando estoy contigo. Porque cuando estoy con Vasyl, hablando de la guerra y de nuestras posibilidades siempre limitadas, puedo asegurarte que mi lenguaje no es tan suave. Pero con mi hija debo intentar comportarme como si fuese una madre seria y responsable. En cuanto a Yvette, al principio no la soportaba, es verdad. Pero ella siempre ha sido un apoyo para buscar una solución, un camino a la paz. Empiezo a entender lo que Sandra sentía por ella. Y también lo que opina Scott. Además, ¿cómo voy a hablarle a mi propia hija, si no es con el mayor de los cuidados? Vamos. Nos esperan. Debemos continuar. Deja que la Tierra siga su camino.

Ambas desaparecieron. y la Tierra prosiguió ciertamente su camino. Algún día, aquel mundo daría lugar a una vida infinita y a tres especies poderosas. Pero aún deberían pasar muchos millones de años. Luego, la vida surgiría, y se extendería por cada poro de aquel mundo joven, poderoso, y sin igual.

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Autor: Fenrir

Escritor aficionado, me gusta la aviación, el cine, la cerveza, y una buena charla sobre cualquier cosa que ataña al ser humano.

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