Dos puertas pintadas en un colegio

Hace unos días alguien, de visita en Holanda, me envió al whatsapp dos fotos, y un pequeño comentario en relación a un tema que supuso me iba a interesar. No se equivocaba.

Las fotos eran de dos puertas de un colegio de secundaria en alguna localidad holandesa. La persona que las envió es bióloga, y profesora de ciencias naturales. Las puertas tienen pintados unos motivos. Concretamente, un conjunto de aviones, y lo que parece un paracaidista en una de ellas, y un piloto en la otra. Me decía esa persona que cada trimestre pintan en ese colegio las puertas con los elementos de los que están hablando en las clases de historia.

Yo la verdad es que me asombré ante aquella idea tan magnífica de pintar las puertas con motivos relacionados con elementos de las materias impartidas durante el trimestre. Al parecer, Holanda es un país donde la gente puede hablar de su pasado, del bueno y del malo, de forma realista, y sin tener que esconder la verdad en las cunetas de los pueblos y las carreteras. Un país que vivió momentos difíciles, pero que se reconcilió de verdad con su pasado, y lo explica a sus descendientes de forma natural y rigurosa. Un país que no utiliza su historia como arma arrojadiza contra el adversario político, ni manipula su historia por un puñado de votos, ni inventa nuevos relatos de fantasía de un mundo que nunca existió.

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Una de las puertas del colegio holandés. los aviones son los Douglas DC-3 en su versión militar, C-47, que cubrieron los cielos de Holanda, y uno de los paracaidistas de la 82 división  aerotransportada de los Estados Unidos al que parece que no se le abre el paracaídas

Fue entonces cuando le contextualicé a la remitente en relación a esas imágenes. Le expliqué que lo que contaban esas dos fotos era una historia triste y dura de la historia de la Holanda contemporánea. Concretamente, esas imágenes hacen referencia a la operación Market Garden, un evento histórico de carácter militar, desarrollado durante los últimos días del verano y el inicio del otoño de 1944 en tierras de Holanda, o mejor dicho, Países Bajos, que es el nombre más acertado, aunque se admite Holanda también.

Tras el desembarco de Normandía, en Francia, el 6 de junio de 1944, las tropas aliadas se encontraron una fuerte resistencia de la Alemania nazi de Hitler. El avance era lento y a costa de un gran esfuerzo. En ese contexto, a un oficial británico, el mariscal Montgomery, famoso héroe de la batalla de El Alamein en Francia contra el general alemán Rommel, se le ocurrió una compleja operación aerotransportada, en la cual tropas aliadas, desde el aire, tomarían el control de varios puentes y puntos estratégicos, para de este modo garantizar el rápido movimiento de tropas acorazadas aliadas, entrando por el sur de Holanda, y llegando al corazón de Alemania. La idea era destruir la industria y las comunicaciones alemanas lo más rápidamente posible, y terminar con la guerra para la navidad de 1944.

Ante todo, vamos a quedarnos con una frase fundamental de la guerra. Dice así:

“Cualquier operación militar que presuponga acciones predeterminadas del contrario para su éxito está irremediablemente condenada a fracasar”.

Es decir, cuando se establece un frente de guerra, donde se van a llevar a cabo acciones determinadas, esperando que el contrario haga lo que uno espera que va a hacer, las probabilidades de que la operación fracase aumentan exponencialmente.

Esto ya lo probaron los japoneses en la batalla de Midway, en 1942. Entonces, la Flota Combinada del almirante Isoroku Yamamoto fracasó porque esperaba que la Armada estadounidenses y su comandante, Chester Nimitz, hicieran exactamente lo que esperaban que debían hacer. No fue así, entre otras cosas gracias al servicio de inteligencia y al grupo de descifrado de la US Navy, y aquello fue el principio del fin para los japoneses, cuando hundieron cuatro de sus portaaviones.

Sin embargo, la operación Market Garden fue incluso mucho peor. La inteligencia holandesa había entregado fotos ineludiblemente reales de tropas acorazadas alemanas en las zonas donde debían situarse las tropas aerotransportadas aliadas. Es decir, los alemanes tenían carros de combate pesados en un lugar donde se suponía que no debían estar. Pero estaban, porque las habían desplazado a esa zona a descansar y recuperarse.

La conclusión estaba clara: se iban a lanzar paracaidistas, armados con subfusiles, pistolas y fusiles, y algunas granadas y armas antitanque, para combatir contra una división completa de tanques pesados y artillería. No parecía un combate muy equilibrado. Los alemanes barrerían a las tropas aerotransportadas sin ningún problema, mucho antes de que llegaran los refuerzos. Especialmente complejo iba a ser mantener los puentes, elemento fundamental en la estrategia aliada.

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Y la otra puerta del colegio holandés. Obsérvese que un avión está pintado de rojo, y en la otra imagen hay varios elementos en rojo. ¿Qué significa? ¿Lo imaginan?

No merece la pena entrar en los detalles posteriores de los eventos. Existe una famosa película, “Un puente lejano” (A bridge too far), que les recomiendo encarecidamente como documento histórico. No es que sea perfecta, pero varios de los protagonistas reales de los hechos fueron asesores de la película. Lo que sí me gustaría destacar es que aquella enorme movilización de aviones y tropas estaba destinada a ser eliminada, y algunas unidades terminaron con la muerte del 90% de su personal.

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Escena de “Un puente lejano”, donde los alemanes son detenidos temporalmente por las tropas aliadas debido a un ataque frontal suicida de los panzer

Ni qué decir tiene que la posterior venganza nazi, tras la retirada aliada, y la terrible hambruna de aquel invierno, dejaron un escenario dantesco en toda Holanda, que aún hoy se recuerda. Los holandeses recibían con los brazos abiertos a los aliados, y cuando estos se fueron, las tropas alemanas se encargaron de impartir su particular forma de justicia, a base de asesinatos, violaciones, saqueo, torturas, y muerte.

De todo esto es de lo que hablan esas dos puertas de ese colegio. Dos puertas que cuentan la historia de un país. Una historia terrible, dura, adversa. Pero que es necesario contar. Porque la alternativa es esconder o maquillar la verdad. Y no olvidemos otra frase fundamental que toda sociedad debería recordar:

“El pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla”.


 

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Autor: Fenrir

Escritor aficionado, me gusta la aviación, el cine, la cerveza, y una buena charla sobre cualquier cosa que ataña al ser humano.

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