Los ángeles no necesitan tener alas

Hoy, como llega un nuevo miércoles musical, y estamos a punto de entrar en la Navidad, iba a poner una canción ambientada en la temática. Pero me he dicho que para qué voy a hacerlo, si soy un simple ateo, con una reserva hotelera en una de las mejores habitaciones de los fuegos del infierno.  Así que he traído un tema de una mujer que me recuerda, en ciertos aspectos clave, a alguien que supo sacarme de otro infierno: el que vivía en vida tras un fracaso amoroso que marcó una parte importante de mi vida.

El amor es algo complicado. Y complejo. Y para volverse loco. Pero no podemos dejar de amar, como no podemos dejar de respirar. Porque si dejamos de respirar, muere el cuerpo. Pero si dejamos de amar, lo que muere es el alma, y entonces el cuerpo no es más que una funda vacía que camina sin sentido por la vida.

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Son muchas las almas perdidas por el amor, y algunas no se recuperan. Yo tuve suerte.  Hace muchos años. Cuando me enteré que la mujer que amaba tenía una relación con el batería del grupo en el que tocaba, el mundo se me cayó encima. Sin embargo, intenté mantener la calma, e incluso salvar aquel barco que se hundía cual Titanic. Pero era inútil, y solo una ceguera absoluta me impedían verlo, mientras me hundía cada vez más en las gélidas aguas de la desesperación.

Fue entonces, en ese momento, cuando apareció alguien. Era una mujer, una amiga que llegó a casa y vio cómo me arrastraba cada vez más. Así que tomó una decisión. Un día, cansada de intentar animarme, pasó a la acción. Me agarró de la solapa, me metió en una ducha fría en pleno diciembre, y me sacó a patadas de casa, mientras me llevaba a rastras a su coche. Yo iba algo así como drogado, pero no por acción de ninguna sustancia, ya que nunca he tomado nada, ni siquiera tabaco. Era, simple y llanamente, desesperación.

Aquella mujer hizo lo que creía era necesario para mí en aquel momento: me sacó de mi mundo de tinieblas, de mi ciudad, de mi ambiente, de todo lo que me era reconocido y reconocible. Y así me metió en una ciudad alejada de mi vida, y allí pasamos dos semanas, en medio de paseos inmensos e interminables. Durante un par de días casi no reaccioné. Pero luego comencé a despertar. Empecé a reírme de sus chistes, de nuestras conversaciones absurdas, de situaciones absurdas, de conversaciones más absurdas, y a apreciar y valorar sus miradas de complicidad.

Poco a poco los días se convirtieron en risas, y las noches en largas conversaciones donde hablábamos de ciencia, de filosofía, de letras, y de Grecia. Hablábamos horas y horas hasta ver salir el Sol. Y yo comencé a comprender que, quizás, solo quizás, habría una oportunidad para mí en la vida.

Luego volví a casa. Mi mujer me había visto llegar con ella. Llegó a la puerta, me preguntó quién era, y le dije lo que tenía que decirle: “una amiga”. Se puso a llorar, y se fue sin que yo entendiese nada.

A partir de entonces comprendí que, a veces, existen ángeles que no necesariamente tienen alas. Ángeles que aparecen en tu vida para sacarte de un apuro, de un agujero, de un infierno en vida. Ángeles que aparecen cuando la herida sangra, y desaparecen cuando la herida se cierra. Ella y yo éramos como agua y aceite. Totalmente incompatibles. Completamente contrarios. Pero éramos capaces de entendernos, y de amarnos, como ninguna otra persona me había demostrado hasta entonces.

Aquello sanó mi vida. Ella se fue. Pero yo le debía todo aquello. Debía, estaba desesperado por hacer algo para agradecerle toda aquella fuerza, aquel entusiasmo que puso por sacarme de mi agujero, y aquella oportunidad de volver a sentirme como un ser humano.

Y lo hice. Años después, tomé su recuerdo, y la convertí en el personaje principal de La leyenda de Darwan. Ahora ella vive en el personaje de Helen Parker. Helen es, en muchos aspectos, aquella mujer. Su fuerza, su entusiasmo, su entrega, pero también sus miedos, sus temores, sus locuras, toda ella está integrada, como mejor he sabido, en el personaje de Helen Parker. Es mi regalo para ella. Es un regalo que durará tanto como exista la saga en la biblioteca de uno solo de los lectores de la saga.

Y habrá merecido la pena.

De aquello hace muchos, muchos años. Pero son recuerdos. Y los recuerdos, al final, son todo lo que nos queda.

Este vídeo, de Alannah Myles, me recuerda mucho a ella. Alannah tiene en cierto modo el estilo que tenía ella. Y, cuando siento que me faltan las fuerzas, viendo el vídeo, casi la veo a ella. Y ahora que estoy trabajando en el cuarto libro de La leyenda de Darwan, vuelvo a traer a Helen a la vida. Y con Helen, vuelve ella.

Feliz Navidad. Y disfruten del amor. De sus amigos, de su pareja, de sus padres, hermanos, y de todo aquel que esté a su lado estos días. Disfruten del amor. Todos los días de su vida.

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Autor: Fenrir

Amateur writer, I like aviation, movies, beer, and a good talk about anything that concerns the human being.

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