La mujer de la bici y la manada de Roma

Les pongo en situación. Es algo tan reciente como que ha ocurrido hace una hora cuando escribo esto: Avenida de Roma, Barcelona, por parte alta, llegando a la estación de Sants. Estoy yendo a la estación para tomar el tren. De pronto, oigo un griterío fuerte. Me doy la vuelta, a ver qué ha pasado. Y entonces lo veo:

Una mujer, de unos treinta años, pasea en bicicleta. Va sola. Lleva un vestido con medio escote, falda, y unas gafas oscuras. Podría ser una de las miles de turistas que vienen a Barcelona todos los años. El griterío que he oído viene de un bar lleno de bestias que la están jaleando y diciendo de todo. Entonces la bicicleta se acerca hacía mí, y observo perfectamente cómo la mujer, con el rostro serio, niega con la cabeza mientras dice algo.

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Una mujer paseando en bicicleta tranquilamente, o eso es lo que pretende.

Los bestias del bar terminan de jalear, y siguen como si no pasase nada. Pero sí ha pasado algo: han violentado a una mujer. Han herido a una mujer. Han abusado de una mujer. Si yo, que estaba a unos treinta metros y solo soy un espectador de la escena, me siento violentado y siento que se ha abusado de alguien, no quiero ni imaginar cómo se ha de sentir ella.

Yo he mirado a la mujer, y me hubiese gustado decirle que no se preocupara, que son solo una pandilla de bestias sin cerebro, y que no merece la pena preocuparse. Palabras vanas, que intentan en todo caso consolar lo inconsolable. Porque los dos sabemos, y todos sabemos, que no hay palabras que consuelen una situación así.

Yo les juro que me rebelo contra estas cosas. Contra estas situaciones. Contra esta rabia y este dolor. ¿Por qué tenemos que maltratar a la gente así? ¿Por qué tenemos que abusar de los seres humanos de esta manera? ¿Por qué tenemos que seguir viendo y viviendo esta serie de abusos?

Alguien podría decirme: “eh, pero tú eres hombre, ¿es que no te gustaba la chica?” Efectivamente, ahí está el secreto de todo: yo soy un hombre. No un bestia. No una alimaña. A mí me enseñaron a respetar a las personas. A todas. A las mujeres, a los hombres, a los niños, a los ancianos, también por supuesto a los animales, y también las cosas. Respeto a todo, y especialmente respeto a nuestros semejantes. ¿Cómo podemos permitirnos, como sociedad, este tipo de actitudes? Y, mucho más importante: ¿cómo puede haber personas y partidos que digan que no existe un problema de machismo y de constante abuso de la mujer?

Estos abusos, desgraciadamente, los he visto muchas veces en mi vida. Recuerdo, cuando era joven, esperar a mi novia, y ver a lo lejos cómo una pandilla de bestias de una construcción le decían de todo. Ella, que tenía un carácter muy fuerte, se dio la vuelta y les dijo de todo también, No se imaginaron que aquella morena de aspecto delicado pudiese ponerlos firmes, pero lo hizo, hasta hacerlos callar. Luego llegó como si no pasase nada. Era una joven fuerte. Pero eso no significa que tenga que aguantar esas barbaridades. Nadie debe. Se sea como se sea.

Estoy frustrado, alterado, dolido, y cansado. Estoy agotado de ver siempre la misma escena de abusos, una y otra vez. Estoy cansado de ver el dolor de tantas mujeres. El de esta mujer de la bicicleta, cuya expresión y sentimientos que vivía en esos momentos se me han clavado en el corazón y en el alma. Menos mal que estaba al otro lado de la avenida, y la escena había acabado, porque si ocurre a mi lado soy capaz de decirles de todo a esos bestias. Luego podrían quizás partirme la cara, sin duda. Claro que yo soy viejo, pero aún guardo algunos trucos en la cartera para defenderme.

Se habla y se habla de igualdad, pero vemos constantemente la muerte de mujeres por sus parejas, vemos abusos de todo tipo, violaciones, vejaciones, toqueteos, palabras gruesas, comentarios machistas, y un sinfín de situaciones denigrantes para las mujeres. Y, como sociedad, debemos decir basta. Basta ya.

Basta ya de abusar de la mujer por el mero hecho de serlo. Basta de creer que los hombres tenemos ningún derecho a cualquier acción con una mujer, sea de palabra o de hecho, por el simple hecho de ir en manada, o incluso solos, y ver a una mujer sola, o incluso, a veces, acompañada.

Bueno, en fin, ya ven ustedes que este es un texto muy visceral, que sale del corazón directo a este blog, sin tamizar y sin retocar. Suelo retocar mis textos, por aquello de dejarlos lo mejor posible, pero este texto se queda así, con mis primeras impresiones y mis sentimientos más directos.

Tenemos que construir sociedades justas e igualitarias, con todos, y especialmente con las mujeres, porque son las más perjudicadas. Mientras no cubramos esa etapa, olvidémonos de todo lo demás. No tendremos sociedades justas mientras una sola mujer sea vejada. Sea como sea, se vista como se vista, y tenga el aspecto que tenga. Muchas gracias.


 

Autor: Fenrir

Amateur writer, I like aviation, movies, beer, and a good talk about anything that concerns the human being.

9 comentarios en “La mujer de la bici y la manada de Roma”

  1. Aplausos y ovación. Ojalá algún día no tengamos que ir asustadas por la calle o cohibidas. Ojalá mi niña de 3 años ahora no tenga que vivir o escuchar estas cosas. Gracias por haber estado atento y por ser empático. Al menos esa mujer tenía un apoyo cerca si hubiera ido a más. Aunque sea para llamar a la policía. Gracias.

    1. Muchas gracias a ti por tus palabras, esperemos que el mundo vaya adelante y estas cosas queden para el recuerdo de una vez, es necesario para poder construir un mundo mejor. Un abrazo.

  2. Endurecer penalizaciones para acabar con estas manadas de bestias. Todos venimos de una mujer que nos dio la vida, por lo que estamos en una deuda impagable con todas ellas, y lo menos que podemos hacer es otorgarles nuestro apoyo y protección, y una enérgica repulsa a esas bestias que, envalentonados por su superioridad física o por estar en Manada, se sienten en situación de vejar y abusar impunemente de la mujer que tiene la mala fortuna de cruzárseles en su camino.

    1. Sin duda, la ley tiene que ser consecuente con estas actitudes. Pero para eliminarlas de raíz necesitamos modelos educativos y de igualdad desde los cero años, que formen en valores de respeto y de tolerancia. Y esto requiere un nuevo modelo que realmente funcione. Porque es evidente que se hacen esfuerzos hoy día, pero no se obtienen los resultados esperados. Ya lo dijo Platón: “si queréis vaciar las cárceles, llenad las escuelas”. Un cordial saludo.

      1. La educación es sumamente eficaz, pero opera al largo plazo. La represión a esas ofensivas conductas antisociales la única solución inmediata. No las vamos a acabar con paternales consejos, como pretende López Obrador.

      2. No conozco la política del señor Obrador, yo vivo en España y conozco las políticas de Venezuela y Argentina principalmente por razones diversas. Sí puedo decir que el caso de Mexico es nombrado en foros internacionales con respecto a la situación de las mujeres, y sin duda es una situación muy grave. Solo espero que México pueda solucionar esas situaciones pronto, y será con educación y con recursos adecuados a esa educación. Eso no quita que se deba perseguir con rigor a los acosadores, debe hacerse por supuesto, y debe hacerse ya. Saludos.

      3. Desgraciadamente, la educación es muy eficaz, pero al largo plazo. La única solución inmediata es la aplicación del peso de la ley contra esas conductas antisociales.

      4. Sin duda, es la herramienta definitiva para la solución, educar en valores y respeto. Gracias por comentar.

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