Coronavirus, un amigo al que esperábamos

Ya está aquí el “Coronavirus“, virus que tiene nombre de realeza, aunque en realidad recibe el nombre por el subtipo de virus, basado en su forma, con una estructura en forma de corona alrededor de la envoltura. Una envoltura que guarda una cadena de ARN, lo cual produce importantes mutaciones en su estructura, como ocurre con retrovirus como el de la gripe.

Precisamente es una de esas mutaciones la que ha permitido pasar de animales a seres humanos, y ser contagioso de unos humanos a otros. Vamos a comentar brevemente este fenómeno, que era esperado por casi toda la comunidad científica. Y no será el último, desgraciadamente.

coronavirus

El virus actual en circulación por ahora no parece ser muy virulento, pero podría mutar y hacerse mucho más dañino, de ahí la necesidad de tomar todo tipo de precauciones, debido a que, de momento, no existe vacuna.

Pero no olvidemos una cosa, porque parece que a veces lo olvidamos: otro virus no muy distinto, el virus de la gripe, mata cada año a cientos de miles de personas en todo el mundo. La gripe no es ninguna broma, ni ha de ser menospreciada, ni es un simple resfriado fuerte. Es más, la vacuna se hace imprescindible en los grupos de riesgo. Y debería tenerse muy en cuenta. No es cien por cien efectiva nunca, pero nada en la vida es casi nunca cien por cien efectivo.

gripe

Esto en cuanto al virus de la gripe. ¿Cuál es el problema con este nuevo coronavirus? Que es desconocido, y es nuevo. Y, como todo lo desconocido y nuevo, tiene dos problemas: genera miedo, y genera desconocimiento. El miedo es bueno en cierta cantidad, pero el pánico no lo es; ayer mismo veía imágenes de gente en China peleándose por comprar mascarillas y alimentos, una imagen que hemos visto en las películas de catástrofes muchas veces, pero que lamentablemente se torna en real con facilidad.

¿Era previsible algo así? Más que previsible, era inevitable. En China los controles sanitarios son mínimos o no existen, y la transmisión de enfermedades es muy común. Que de China surjan muchos de los peores virus que podremos encontrarnos no solo es algo normal, es lo que se puede esperar. Mientras China gasta ingentes cantidades de dinero en armamento y en control policial de sus ciudadanos, dejan que la sanidad brille por su ausencia, matando a millones de chinos cada año. Pero bueno, como son tantos, ¿qué mas da, verdad señor Xi Jinping? Esto es quizás lo que más me preocupa de la condición humana. Porque un virus mata ya que está programado para ello. Ciertas políticas sanitarias, como la de China, o la de Estados Unidos, matan por desidia o por codicia, o por ambas.

Todos los que están en cuarentena son seres humanos, pero estamos siempre con lo mismo. Y lo mismo es demagogia. Mientras el partido comunista chino se llena la boca con jactancia sobre su poder y su gloria, su gente se muere en las calles por enfermedades que no deberían de haber surgido, o deberían haberlo hecho en condiciones higiénico-sanitarias adecuadas para controlar el foco en un bloque de edificios, en un barrio como máximo, y nunca en varias ciudades que comprenden 33 millones de personas.

¿Alguien de verdad, en su sano juicio, se cree que se puede mantener una cuarentena sobre 33 millones de seres humanos? Es normal que surjan casos fuera de los límites, y esto solo acaba de empezar.

Los científicos llevan décadas hablando del peligro de nuevos virus que puedan devastar a la humanidad. Solo tenemos que recordar un ejemplo claro del siglo XX: la gripe española, que de española no tuvo nada, y que mató en dos años a ni más ni menos que a cuarenta millones de personas como mínimo, siendo esa la cifra más conservadora.

Cuarenta millones, que se dice pronto, es casi la población actual de España. En aquellos tiempos, con la primera guerra mundial y los pocos medios sanitarios, se puede entender que se extendiera. Hoy los gobiernos de todo el mundo, especialmente aquellos que delegan su sanidad en ideas del pleistoceno como China, o en manos de especuladores como Estados Unidos, deberían entender que ocuparse solo de una parte pequeña de la población, porque son ciudadanos leales, o porque pueden pagarlo, solo lleva al desastre. Y ese desastre tiene un nombre: caos y crisis sanitaria de orden internacional.

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Ahora las redes sociales se llenan de miles de tonterías absurdas, teorías espeluznantes, y conspiraciones diversas. Lea lo que quiera, pero confíe solo en lo que se publique en medios sanitarios de rigor, y consulte a su médico en caso de duda. No se deje llevar por los fanatismos y las medias verdades, o grandes mentiras, que surgirán, que ya están surgiendo, con respecto a este virus. Un virus que se esperaba, porque la pregunta no era si pasaría o no, sino cuándo, y cómo. Ha sido en China, pero China no puede detener algo así. No tiene los medios ni los recursos, por mucho que quieran hacernos creer lo contrario. Solo hay que atender a los resultados para comprobarlo.

Yo sospecho que esto quedará como una alerta sanitaria que durará unas semanas, e irá poco a poco bajando de intensidad. Morirá gente, pero no será un caos al estilo cinematográfico. Los científicos saben que, tarde o temprano, y de forma inevitable, surgirá un virus con capacidad inicial de matar al 60%, 70%, incluso 80% de la población, que se transmita por el aire, y que se escape sin control debido a sistemas sanitarios ineficientes y basados en conceptos caducos y absurdos, como los que podemos ver en China o Estados Unidos. Y entonces sí tendremos una película de catástrofes sobre la mesa.

Esperemos que ejemplos como el de este coronavirus puedan convencer a las autoridades de los distintos países que, o se trabaja de forma seria y conjunta, con medios rigurosos y científicos, o tendremos un día que soportar una catástrofe de primera magnitud. Y entonces ni el comunismo, ni el neoliberalismo, serán la solución.

La solución será la ciencia, el conocimiento empírico, la investigación, y la obtención rápida de vacunas. Eso nos salvará. No el fanatismo político. Ni de izquierdas, ni de derechas.


 

 

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