Churchill y el paso del hombre al mito

La frase de la semana nos la trae uno de los personajes clave del siglo XX: Winston Churchill.

Estamos atravesando la sexta semana de cuarentena en España por el Covid-19, y el gobierno de coalición de España recibe enormes críticas. Unos lo apoyan, otros dudan, y otros lo critican abiertamente. ¿Quién tiene razón? Bueno, dejando de lado las posturas extremas, todos tienen sus puntos de vista y sus razones. Pero, si pusiésemos en un ranking al gobierno español frente a otros gobiernos, ¿estaría por encima de la media, por debajo, el primero, el último?

Seguramente muchos de ustedes estarán respondiendo con seguridad y claridad a esta pregunta en uno u otro sentido. Muchos, muchos de ustedes, se sentirán indignados contra el gobierno de España, o de su país, sea cual sea. Y es lógico. Pero existe un problema: nos faltan datos. Datos clave de toda esta historia. Y les aseguro que no quiero defender al gobierno, muy al contrario, creo que hay muchas cosas que preguntar y criticar del gobierno de España. Pero tampoco voy a caer en la idea de decir que todo lo que hace es malo y negativo. Y, lo más importante: ¿qué habría hecho yo? Porque criticar y acusar es fácil. Pero tenemos que dar argumentos también, y argumentos que sean sólidos.

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Lo que viene a decir Churchill aquí es sencillo: le tenemos que pedir al gobierno, a la oposición, y a las fuerzas sociales, que, en momentos tan duros como este, dejen de lado sus diferencias, y se sienten para trabajar juntos y unidos. Ya habrá tiempo de volver a la disputa. Ahora toca salvar vidas y sacar adelante el país. Todos unidos. La patria no es unas ideas frente a otras, sino la unión de todas ellas en una causa común y mayor.

El árbol no deja ver el bosque.

Estamos en medio de un bosque que no nos permite ver la realidad. Eso sí es evidente, y también es evidente que dentro de veinte, treinta años, con perspectiva, se sabrán muchas cosas que ahora no sabemos, y se tendrán muchas herramientas para analizar con detalle todos los sucesos que están ocurriendo. Los historiadores deberán recopilar los datos, darles forma, y generar conclusiones sobre los hechos. Luego, sobre los resultados de esos hechos habrá opiniones diversas. Pero con una diferencia fundamental: tendrán los datos para valorar que ahora no tenemos.

E insisto: podemos alabar o criticar al gobierno de España, o de Francia, o de Italia, o cualquier otro, de forma impulsiva, pero eso sirve de poco. Hay que alabar, o criticar, con criterio, con razonamientos, y con argumentos. Y, para eso, aunque ahora podamos y debamos hacerlo, tendremos que esperar un tiempo, si queremos tener todos los datos en la mesa.

Churchill como ejemplo.

Le voy a poner un ejemplo rápido. Si yo le digo “Winston Churchill”, usted pensará, en general, en un político que fue muy importante en el siglo XX. De hecho, para mucha gente es un símbolo de la segunda guerra mundial, y uno de los artífices de la victoria en la guerra. Su discurso en mayo de 1940, con su famosa frase, “solo puedo prometeros sangre, sudor y lágrimas“, fue de un realismo abrumador. Y fue totalmente acertado, porque motivó a los británicos a resistir, en un momento clave de su historia.

De acuerdo, tenemos a un líder político como Churchill, un ejemplo de fuerza y poder en un momento histórico.

Dicho esto, ¿sabía usted que, como recompensa a ese “liderazgo político” de Churchill, y a su “visión estratégica”, los británicos felicitaron a Winston Churchill provocando que perdiera las elecciones tras la guerra? Efectivamente: Churchill perdió las elecciones tras ganar una gran victoria frente a una fuerza descomunal, y llevar al Reino Unido a una paz dura, difícil, pero conseguida a través de su liderazgo.

Ganar para perder.

¿Por qué Churchill, tras ganar la guerra, perdió las elecciones? Porque en ese momento se recordaba al hombre, al ser humano, y no al mito que ahora tenemos en mente. Churchill cometió errores en la guerra, algunos muy importantes. También tuvo importantes aciertos. Lo cual se puede resumir en una frase: era un ser humano. No era un dios, ni un superhéroe, ni una leyenda. Era un ser humano, y, como tal, tuvo una gran cantidad de contrarios, que hicieron que perdiera las elecciones.

Luego las ganó en otras elecciones años después, ¿por qué? Porque el hombre daba paso ya al mito. Y un mito es una figura irresistible. Los mitos no son humanos. Por eso los mitos son eternos.

Yo he tenido el placer de leer las memorias de Churchill, precisamente la edición que muestro aquí. Obra por la cual, por cierto, le otorgaron el premio Nobel de literatura, y tendríamos mucho que discutir en por qué a un político que escribe sus memorias le dan un premio Nobel de literatura. ¿Porque era un mito? Exacto. Los mitos deben se premiados. Los mortales, juzgados. Los mitos no admiten preguntas. Los mortales no deben dejar nunca de responder por sus errores. El paso del mortal al mito es el que  convierte a ese mito en una leyenda. Churchill es probablemente uno de los ejemplos recientes más claros de esta transformación.

Y, por cierto, recomiendo sus memorias, porque, merecedoras o no del Nobel, son muy interesantes para entender al hombre y su filosofía. Se requiere conocer el contexto de la época, pero es una lectura que nos muestra al mortal en su transformación en leyenda. En cierto modo los dos libros me recordaron a las memorias de las galias de Julio César: dos hombres atados a su poder y al desarrollo de sus propios mitos que los convirtieran en dioses inmortales de la historia.

Del mortal al mito, del mito a la leyenda.

Se dice mucho que actualmente no disponemos de políticos de la talla de Churchill o de Franklin Delano Roosevelt, de Charles de Gaulle, que serán de su devoción o no, pero sí están mitificados completamente. ¿Y John F. Kennedy? Quizás ahora no tendría un recuerdo especial si hubiese vivido. Pero el asesinato del presidente en Dallas lo convirtió en mito y leyenda. ¿Justificado, o no? Eso lo deberá decidir usted, pero sin duda, es un mito y una leyenda, eso es indiscutible.

Los mortales de hoy son los dioses del mañana. A veces, claro. La mayoría no pasan a la historia. También veo difícil que actualmente tengamos algún político en el planeta que pueda ser considerado una futura leyenda. ¿Quizás la primera ministra de Nueva Zelanda, que acabó con las armas, y ha conseguido una muy buena gestión del Covid-19? ¿Quizás los políticos de Islandia? ¿Algún otro? No lo sé. Parece, eso sí, que tenemos carencia de hombres y mujeres que vayan a convertirse en héroes, mitos, y leyendas.

Quizás ese sea parte del problema. Necesitamos referentes. Líderes que nos empujen claramente en estos tiempos difíciles. Que unan a los pueblos en una causa común. ¿Dónde están? No lo sé. Quizás hemos madurado tanto como civilización que hemos perdido el sentido del mito, y solo vemos a los mortales como lo que son: mortales. Por eso nos refugiamos en los superhéroes imaginarios; porque no tenemos referentes reales.

En cualquier caso, esperemos que todo esto termine, y, como se suele decir, la historia juzgará. Y será dura, porque hay muchas vidas que se están perdiendo. Pero será justa, porque tendrá la perspectiva para buscar y encontrar a los responsables.

Y quizás, solo quizás, para convertir a algún mortal en héroe. El tiempo lo dirá.


 

Autor: Fenrir

Amateur writer, I like aviation, movies, beer, and a good talk about anything that concerns the human being.

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