Buscando un camino al Reino de la Inocencia

Antes de marchar este fin de semana para pasarlo en la playa de un precioso pueblo marítimo (es decir, caminar quince minutos desde mi casa), quisiera hacer una reflexión sobre lo importantes y grandes que somos. Lo serios, reivindicativos, y altamente preocupados por la forma en la que nos hemos convertido en este siglo XXI que tanto me aburre.

Corría el siglo XX, y teníamos humor por doquier. Sí, es cierto: había cosas que debían cambiar, no lo pongo en duda. Pero nos hemos ido al otro extremo. Ahora debemos tener cuidado, porque incluso no decir nada, ni hacer nada, puede molestar a algún grupo minoritario.

Siempre vamos a encontrar alguien que se enoje por cualquier lectura de cualquier contenido.

Viendo programas de humor de los ochenta, también de los noventa, veo cómo nos reíamos con cosas que hoy serían escandalosas. No nos damos cuenta de que la ficción, y el humor es ficción, no es el mundo real. De ahí que se le llame “ficción”.

¿Dónde ha quedado el pecado, la falta, el desaire? ¿Dónde han ido a parar los villanos? ¿En qué momento perdimos la inocencia de la risa, del humor, de reírnos de todo, empezando, por supuesto, de nosotros mismos?

Todo este cuidado por la forma cansa. Sobre todo, porque es un escaparate. La humanidad sigue siendo esa especie depredadora y dañina, y vemos cada día que esos valores de los que tanto nos enorgullecemos son solo aquel reflejo, aquella sombra de la que hablaba Platón en su mito (realmente alegoría) de la caverna.

Tamizamos todo y a todos. Los políticos tienen un cuidado exquisito con el “ellos y ellas”, pero cuando escuchas su discurso, se comprueba que se van dejando el “ellas”. Yo suelo jugar a ese juego cuando hablan en la tele: “¡Eh, no ha dicho “ella” o “compañeras” o “ciudadanas” o “profesoras!“.

Debemos ser igualitarios con el género de las personas,claro que sí, pero no lo lograremos cuidando nuestro lenguaje, sino nuestros modos, nuestro carácter, y, sobre todo, nuestras ideas como seres humanos.

Vamos a reírnos de todo, de vez en cuando, por favor. Y vamos a reírnos de nosotros mismos. Dejemos de ser tan importantes. Tan autoritarios. Tan precisos. Tan metódicos. Tan perfectos.

Seamos, en definitiva, capaces de diferenciar la ficción de la realidad. Seamos capaces de reírnos del mundo, y de nosotros mismos. Aboguemos por un mundo justo e igualitario para todos sin excepción. Pero no perdamos de vista que, sin humor, sin risa, sin ficción, nuestro mundo real terminará por absorbernos, y convertirnos en los androides que nosotros mismos estamos construyendo.

Y, quien sabe; si esto sigue así, podría ocurrir, solo podría, que esos androides llegasen a ser más humanos que los humanos. No lo permitamos. No perdamos nuestra humanidad.

Les dejo con un pequeño vídeo de humor que he preparado con una pequeña e ingenua muestra de humor sobre mi propio trabajo literario. Porque, ¿hay algo más divertido que reírse de uno mismo? Muchas gracias.

Lector opina por qué no va a leer “La leyenda de Darwan”.

Autor: Fenrir

Amateur writer, I like aviation, movies, beer, and a good talk about anything that concerns the human being.

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