La estrella de Kítezh y posibles invasiones inminentes

Nota: el libro estará disponible de forma gratuita en Amazon del 7 al 11 de diciembre inclusive. El precio estándar es de 1,26€.

Cuando escribo estas líneas se oyen tambores de guerra, de nuevo, en Ucrania. Fuerzas del ejército rojo… Perdón, es que soy viejo, y ciertas costumbres cuestan de olvidar. Todavía recuerdo los tiempos de la URSS y los soviets, la guerra fría, y James Bond luchando para salvar al mundo, otra vez, junto a la mayor Anya Amasova del Ejército Rojo (Barbara Bach, que es la mujer de Ringo Starr de The Beatles, una mujer con una vida muy interesante por cierto).

Como decía, fuerzas del ejército ruso se aprestan en la frontera del este de Ucrania para una posible invasión, tras haber capturado Crimea años atrás. Naturalmente también existe la versión de que son Estados Unidos y Ucrania los que pretenden invadir Rusia con la OTAN, y este país se prepara para defenderse. Como siempre, en tiempos de guerra la desinformación es fundamental. Recordemos además la famosa frase:

«Inter armas silent leges» (en tiempos de guerra las leyes callan).

La estrella de Kítezh

El prestigio de Vladimir Putin cae a sus peores valores, ¿y qué mejor forma de obtener nuevos créditos políticos y reconocimiento que con una invasión? Las invasiones tienen ese algo que revitaliza y levanta la moral del pueblo, o, al menos, de esa parte del pueblo que no sufre las consecuencias de tales decisiones. Cuántos soldados sonríen el primer día de guerra, y vuelven con un rostro desfigurado, incapaz de expresar sentimientos para el resto de sus vidas. Sea por deformaciones físicas, y también psicológicas. Ese es el precio a pagar por la patria, el orgullo, y las mentiras y horrores de la guerra.

Por otro lado, China se rearma, y consume una parte importante de su PIB en armas. Todo ello impulsado por un gobierno que se disfraza de comunista para imponer unas leyes dictatoriales que ríase usted de Hitler y Stalin. ¿Qué podría salir mal de todo esto? Todo, por supuesto.

Con esas ideas en la mente, escribí «La estrella de Kítezh», una novela de fuerte carácter político y social, con romance incluido, algo novedoso en mí. Pero hay que probar todo tipo de fórmulas en la vida.

El mundo de los setenta y ochenta que nos tocó vivir a los jóvenes de la época era el mundo de la amenaza nuclear constante, con situaciones muy tensas, y con el «demonio rojo» a punto de destruir la civilización. Es curioso que, tras caer el muro de Berlín, viajase al telón de acero, solo para descubrir que ellos tenían también los mismos temores que nosotros, y contaban las mismas manipulaciones que nos contaban a nosotros.

Al final, la verdad es un árbol muy frágil, que ha de regarse constantemente, y que perece al primer envite del viento de la manipulación, la tergiversación, y el populismo.

Sandra y Olga en una escena de «La estrella de Kitezh»

El libro que traigo hoy es, por lo tanto, «La estrella de Kitezh«, un libro que no iba a formar parte de la saga, pero al final sí lo ha hecho por haber sustituido a «Mensajero del Nastrond» que ha quedado fuera de la saga.

«La estrella de Kitezh» se sitúa en el siglo XXII, antes de los hechos narrados en «Las entrañas de Nidavellir», y ve a Sandra envuelta en una guerra entre China y Rusia, donde la primera ha invadido a la segunda, y ambas combaten duramente. Rusia ha creado un grupo de resistencia, y es en una conferencia televisada donde Sandra ve que Robert, un amigo suyo, está en la sala de prensa.

Sandra partirá enseguida a Moscú para averiguar qué hace Robert allá, y encontrará que la guerra entre China y Rusia es solo parte de una trama aún más compleja, y tremendamente peligrosa.

«La estrella de Kitezh» es, en muchos aspectos, un libro de acción, un thriller, pero también un libro que explica el origen de las desavenencias entre Sandra y Robert.

No sé si veremos una invasión de Ucrania, un país que ha vivido durante demasiado tiempo a la sombra de Rusia. Pero, si ocurre, debemos recordar otra famosa frase, que nadie debería olvidar nunca:

«Solo los muertos alcanzan a ver el fin de la guerra (Platón)».

Esperemos que reine la cordura y todo esto no sea más que una demostración de fuerza. Pero es fácil equivocarse en estos menesteres. Demasiado fácil. Y las guerras las proclaman de forma victoriosa hombres y mujeres en medio de vítores y aplausos. Y acaban en fuego, hambre, muerte, y destrucción, donde nadie recuerda aquellos vítores y aplausos, solo el dolor inmenso de la locura de la guerra.

¿Cuándo aprenderemos a dirimir nuestras diferencias de otra forma? Es una pregunta que siempre he buscado. Nunca he encontrado respuesta. Porque no parece que exista respuesta.

Muchas gracias por su interés, y si se descargan el libro espero que lo disfruten. Y que nunca se haga realidad, y todo quede en la ficción y en una novela para disfrutar sin más pretensiones. Ya tenemos bastante con la realidad diaria para tener que soportar una nueva guerra.

Autor: Fenrir

Amateur writer, I like aviation, movies, beer, and a good talk about anything that concerns the human being.

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