Cuando el futuro se escribe en las estrellas

Siempre he creído que el orgullo de un ser humano crece cuando mira abajo, y se extingue conforme levanta la vista. Y, cuando se mira a las estrellas, el poco orgullo que le pudiese quedar a un individuo, se convierte en humildad, y la jactancia, en asombro. La arrogancia en recogimiento, y la ignorancia en conocimiento y poder. Naturalmente, es vital que ese ser humano no mire con la vista, sino con lo que algunos llaman el alma, o espíritu, o luz interior, llámelo como quiera. Y, para eso, se ha de poseer ese alma, algo que no todo el mundo está dispuesto a conservar a lo largo de sus vidas.

Pero aquellos que miran las estrellas, y que han conservado algo de humanidad, son convertidos por ellas. Las estrellas nos enseñan algo muy importante: nuestra soberbia, nuestros libros sagrados, nuestra arrogancia, nuestra seguridad, no son nada por sí mismos. Somos un planeta perdido entre millones de estrellas. Una civilización más, que es una chispa de racionalidad en medio de la nada. Y que, como ha aparecido, se extinguirá en la nada.

¿O no? ¿Tiene la humanidad alguna oportunidad? Hoy he estado viendo un reportaje nuevo de la NASA sobre los jóvenes que se entrenan para ir a Marte. “La generación de Marte” se titula. Fantástico reportaje de los sueños e ilusiones de un grupo de jóvenes por alcanzar nuevos mundos y nuevas estrellas. ¿Por qué ir allá? ¿Por qué ir a Marte? Ah sí, la clásica pregunta.

Swimming in Sculptor
Imagen del Hubble, que muestra miles de galaxias, cada una de ellas con millones de estrellas
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