El demonio que vive en las letras

Una amiga se ha dirigido a mí recientemente, sorprendida y extrañada. Se supone que soy una persona tranquila, pacífica, relajada (se supone, la procesión va por dentro como suele decirse). Amante de los animales y de los niños, y abogando siempre por un mundo en paz y mejor para todos. ¿Cómo puede alguien así explicar la vida de un asesino psicópata que es, además, pagado por el gobierno de turno, para realizar operaciones de búsqueda y eliminación de individuos y de sus familias de forma cruel y sin compasión? ¿Cómo puede una persona normal explicar las monstruosidades de las que es capaz un ser humano, sin estar realmente perturbado y enfermo?

La paradoja entre escritor y su literatura es muy concurrente, y la veo en demasiadas ocasiones, no es la primera vez que me pasa que alguien me conoce y se sorprende de esa dualidad. O, al revés, leen la novela, y al conocerme quedan descolocados. La explicación: no somos lo que parecemos. Y la segunda explicación: somos muchas más cosas de las que aparentamos, muchas de ellas horribles; demonios que viven en nuestro interior. Cómo gestionar esos demonios es el tema a tratar aquí.

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Tus demonios son tus enemigos, pero puedes negociar con ellos un acuerdo

Debe sentarse una base: lo que escribimos, y lo que somos, son cosas distintas. Ya hablé hace tiempo de la decepción que supone para mucha gente conocer a un artista del cual conocen su obra, y creen por ello que conocen al artista. No. Lo siento, el mundo no funciona así. La persona es un mundo, su arte es otro.

Pero hoy quiero ahondar en una materia relacionada con este asunto: ¿qué nos lleva a escribir, y a describir, personajes e historias completamente alejadas de nuestra personalidad? ¿Por qué entramos en los infiernos de la mente cuando escribimos? ¿Por qué exploramos las raíces más profundas del mal, del odio, de la pasión, de los celos, de la ira, de la psicosis?

Sencillamente, porque todo eso, por mucho que les duela reconocer a algunos, está en nuestro interior. Todos, en nuestro interior, tenemos demonios que se deslizan por cada recoveco de nuestra mente. Los controlamos (a veces), nos adaptamos a ellos, y los mantenemos a raya a base de mil terapias, estrategias, trucos, y cualquier cosa que impida que salgan a la luz. Pero están ahí. Agazapados. Esperando su momento.

Algunos usan a esos demonios para hacer el mal. Otros, simplemente, caen ante su poder. Y otros, intentamos convertirlos en historias, en cuentos, en leyendas, y en definifiva, tratamos de darles forma, y apariencia. Porque cuando un artista da forma a sus demonios, no los elimina, pero los controla, y puede mantenerlos a raya. Al menos, durante un tiempo.

¿Te da miedo ese ser interior que te acosa y te tortura? ¿Que te incita a pesar cosas horribles, en monstruosidades, en mundos de pesadillas? No hay problema, ni mucho menos. No eres especial, o diferente, al menos no por esas cualidades negativas. Esas pesadillas todos las tenemos, o, al menos, todos los que tenemos inquietudes literarias en partícular, y artísticas en general. Eres especial, y lo eres en grado sumo, pero no por eso, sino porque, como ser humano, dispones de cualidades únicas, que debes conocer, y explorar, y que son maravillosas. El problema se da cuando te controlan esos pensamientos oscuros. Cuando te dominan. Cuando te esclavizan. Entonces puede ser un problema. ¿Cómo solucionarlo?

Yo te daré mi receta, que no es quizás útil para todo el mundo, pero a mí me funciona.

Usa esos miedos. Usa esas frustraciones, esos temores, esa ira, en tu propio beneficio. Convierte a esos demonios interiores en tus esclavos personales. Conviértete, en definitiva, en el demonio de los demonios. Usa tu poder como ser humano para dominar a esas bestias que viven en tu interior, y hazlo de tal manera que pueda surgir todo ese poder que llevas dentro. Luego, conviértelo en arte. En literatura. En pintura. En música. En escultura. En lo que quieras. Muestra al mundo que tú no solo controlas tu lado oscuro; también lo usas para crear belleza. Será una belleza oscura muchas veces. Pero no hará daño a nadie, ni siquiera a ti, y te liberará de ese miedo interior que te paraliza.

Todos somos seres de luz. Pero todos tenemos un lado oscuro. Somos humanos, y es la herencia que portamos. Algunas religiones lo llaman pecado original. Otros lo llamamos, simplemente, una vía para explotar nuevas formas de arte y cultura. Yo lo llamo potencial para convertir la oscuridad en luz, en forma de letras. Por eso mis libros son oscuros en muchos aspectos. Pero por eso también hay una luz que guía la historia que narro. Esa luz es la que queda cuando todo ese mal se ha perdido y se ha olvidado.

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Escribir no nos libera de nuestros demonios, pero los adormece, y nos permite relajarnos. Luego, esos demonios interiores despiertan de nuevo. Vuelven de nuevo a la carga. ¿Sabés qué significa eso? ¿Sabes qué momento es ese? Ese es el momento de escribir una nueva novela. Una nueva novela que aplaque de nuevo a esos demonios. Durante un tiempo. Y luego, el ciclo vuelve. Una y otra vez. Una y otra vez.

Es un ciclo constante y eterno. Es duro, pero el resultado serán tus libros. Tu herencia. Tu vida. Merecerá, sin duda, la pena el esfuerzo. No habrás encontrado la paz. Pero habrás pactado una tregua.

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1 comentario en “El demonio que vive en las letras”

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