Extinción del Pérmico-Triásico: la Gran Mortandad

La vida comenzó en la Tierra mucho tiempo atrás, hace unos 3500-3800 millones de años. Hace 600 millones de años, en lo que se conoce como “explosión del Cámbrico”, aparecieron en poco tiempo, geológicamente hablando, una gran cantidad de especies. Aunque investigaciones recientes sugieren que esa explosión llevaba ya tiempo en marcha, solo que los restos fósiles de tanto tiempo atrás son escasos, y fragmentarios. Pero algo había de suceder, tiempo después. Un hecho que marcó la Tierra de una forma como nunca se había visto. Fue en la confluencia del fin del Pérmico con el inicio del Triásico, la primera fase de lo que antes se llamaba “Era Secundaria”, y que ahora suele denominarse “Era Mesozoica”, formada por el Triásico, el Jurásico, y el Cretáceo: el reino de los dinosaurios.

Pero viajemos en el tiempo 252 millones de años atrás. Y observemos un hecho increíble: la mayor de las cinco extinciones habidas hasta ahora.

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Tierra de Wilkes, Antártida. 252 millones de años atrás en el tiempo. La Tierra lleva tiempo muriendo. Enormes volcanes al otro lado del planeta, en lo que ahora es Siberia, han depositado en la atmósfera ingentes cantidades de gases que nublan el cielo eternamente. Pero en Wilkes ocurre algo más: los animales observan que algo choca contra la superficie a una velocidad de al menos cuarenta mil kilómetros por hora. Es una roca. Un asteroide. Pero no cualquier asteroide: tiene entre seis y doce kilómetros de diámetro, pesa 458347 millones de toneladas. Se calcula que podría tener el tamaño del monte Everest. Y genera un cráter de 500 kilómetros de diámetro, que puede verse actualmente con satélites desde el espacio.

El asteroide no solo penetra en la Tierra. Destroza la corteza terrestre, y abre un inmenso agujero en el manto, que escupe gigantescas masas de material a la atmósfera. Se produce algo parecido a un tsunami, pero no es de agua; es de materiales de la corteza y del manto, y tiene una altura de unos 50 kilómetros de altura. Ese tsunami da la vuelta a la Tierra al menos dos veces, arrasando con el 95% de las especies terrestres, y el 75% de las especies marinas. ¿Cuáles se salvan? Aquellas que se encuentran protegidas en zonas abisales y no dependen del Sol para sobrevivir en el mar, y en Tierra, aquellas que anidan a gran profundidad. En ambos casos, organismos extremadamente básicos, especialmente en el caso terrestre, donde no sobreviven más que bacterias y poco más.

La que se conoce como extinción del Pérmico-Triásico, ocurrida hace aproximadamente 251 millones de años, fue sin duda una extinción mucho más masiva que la de los dinosaurios, sucedida hace 65 millones de años. Pero ¿cómo podemos definir tan bien datos, hechos y fechas?

En realidad, no podemos. La paleontología no es una ciencia exacta, ni tampoco la geología, y por supuesto, estudiar algo que sucedió hace aproximadamente 251 millones de años es tremendamente complejo y difícil. La razón es que la corteza terrestre cambia y evoluciona constantemente, y las rocas, que son los testigos de estos hechos, se modifican, y pierden las señales originales de los hechos sucedidos.

Pero no ocurre con todas, ni en todas partes. Y el impacto del asteroide fue tan brutal, que la cicatriz aún puede verse, en el fondo del polo sur, y mediante el uso de cámaras en el espacio, que permiten adivinar grandes estructuras geológicas subterráneas. Así se descubrió el gigantesco cráter, o lo que queda de él, desde el espacio. Desde la superficie, o desde un avión, nunca lo habríamos visto. Ese es otro de los motivos, uno más, por el que investigar y analizar la Tierra desde el espacio es tan provechoso y útil.

¿Por qué ocurrió algo así? Se supone que hubo al menos dos procesos que unieron su potencial para generar una extinción tan masiva. El primero fue la enorme capa de gases que envolvieron la Tierra por las impresionantes erupciones volcánicas, impidiendo la llegada de la luz. Esos gases envenenaron a todos los seres aerobios, es decir, que requieren oxígeno para sobrevivir.

El segundo proceso fue esa colisión del asteroide, que terminó por ser el elemento que llevó a la extinción a las especies que resistían.

Hubo un tercer elemento al parecer, anterior a ambos, derivado de una fuerte emisión de metano a la atmósfera, que incrementó la temperatura, la cual debió de elevarse hasta 5 grados, creando un efecto invernadero de gran magnitud.

Es decir, dos, o hasta tres, hechos, que separados ya eran constituyentes de una extinción masiva, pero que, unidos, terminaron con casi toda la vida en la Tierra. Estas extinciones configuraron la llegada de los dinosaurios, como evolución de los organismos que sobrevivieron a aquella extinción. Pero tardarían todavía millones de años en aparecer.

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Hay un futuro para la humanidad. Está en las estrellas

¿Podría ocurrir algo así en la actualidad? De algún modo, ya está ocurriendo. La humanidad está provocando lo que se denomina la sexta extinción, y obviamente no tiene nada que ver con la de hace 252 millones de años, pero muchas especies están en vías de desaparecer, y otras muchas han desaparecido ya. Es decir: sí, puede suceder, y está sucediendo. De este tema hablaré pronto en un artículo relacionado con el concepto de Gaia.

De momento, los hechos ocurridos hace 252 millones de años sí podrían repetirse en relación al asteroide. La Tierra joven tuvo muchos impactos de asteroides simplemente porque había mucho material. Pero eso no descarta que no pueda ocurrir ahora. Recordemos la frase: lo que es imposible en un año, es inevitable en un millón de años.

La actividad volcánica podría volver a ocurrir, pero a una escala mucho menor. Pero atención, podría haber actividad suficiente como para desequilibrar nuestra ya muy frágil sociedad, que depende de un equilibrio extremadamente delicado para mantener con vida a 7.000 millones de seres humanos. Si hubiese un periodo de cosechas perdidas y otros efectos como envenamiento masivo del mar, podrían morir muchos millones de seres humanos. El mismo Sol puede mandar una ola de radiación cósmica de altísima intensidad como la que ocurrió a mediados del siglo XIX (1859), concretamente los telégrafos se quemaron completamente. Si eso ocurriese ahora, millones de ordenadores y sistemas basados en electrónica podrían quedar destruidos. Volveríamos al siglo XIX en unos minutos.

Nuestra civilización vive en el filo de una navaja. Creemos que todo va a continuar igual para toda la eternidad. Y estamos completamente equivocados. Es necesario tomar medidas para asegurar la supervivencia de la especie humana. La más natural es poblar otros mundos, pero también preparar planes de contingencia en este. En vez de tantas armas para matarnos unos a otros, no estaría mal unirnos en una sociedad que mire unida al futuro. Cada uno con sus diferencias por supuesto, cada uno con su identidad. Pero todos juntos como especie. O sobrevivimos unidos, o perecemos separados. Es nuestra elección.


Para más información sobre la extinción del Pérmico-Triásico, puede consultar este enlace.

 

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