Asgardia, el secreto está en los cielos

Este es uno de esos artículos ciertamente ácidos. Pero es que hay cosas que me molestan, la verdad. Cuando la gente es engañada, o manipulada, y cuando se juega con los sueños de cientos de miles de personas, no puedo mantenerme en silencio. Si se usa el espacio para ello, la próxima frontera de la humanidad, mi acidez se pone en líneas rojas. ¿Alguien tiene un antiácido?

Hace un tiempo hablé de Asgardia, la ciudad de los dioses, esa ciudad en el espacio, que tiene como finalidad crear una nueva sociedad humana. Más justa, más equitativa, más libre… para aquellos que superen las pruebas. Para aquellos que sean adecuados. Para aquellos que sean los elegidos. Para los más puros, más inteligentes, y más bellos.

¿Les suena? Claro que sí. Lo hemos visto muchas veces, aquí mismo, en la Tierra. Se trata de lo de siempre: crear una raza superior, con los mejores hombres y mujeres, donde tendrán cabida las mejores mentes. ¿Y el resto? ¿Qué harán con la gente como yo? Dónde estará nuestro lugar? Por supuesto: nos llevarán en algún tren al olvido, en el gulag de la Tierra. En cualquier agujero. No hay sitio para todos en los cielos de Asgardia.

¿Cree que exagero? Me temo que este tipo de actitudes nunca se exageran, lamentablemente. Este tipo de ideas sobre razas superiores siempre superan anteriores experiencias. Y ya sabemos cómo acaban siempre.

Asgardia
Detecto un insoportable olor a secta y manipulación

Miles de adeptos ya se han apuntado a la gran aventura del espacio. Muchos serán los llamados, y pocos los elegidos, para vivir en este nuevo paraíso del espacio. En este templo de belleza incalculable, donde no habrá guerras, ni odios, ni envidias. Durante los primeros dos minutos al menos.

Ahora llega nueva información, sobre este maravilloso y precioso proyecto llamado Asgardia. Y, por fin, las piezas empiezan a encajar. Van a mandar un satélite al espacio. Ah, bueno. Tampoco parece tan grave. Claro. Pero no es un satélite cualquiera. Contiene información sobre los miles de adeptos que se han entregado y cuerpo y alma al proyecto Asgardia. Qué noble. Qué bello.

El responsable del proyecto, Igor Ashurbeyli, y otros responsables, informan de que el satélite guardará información. Pero, en ese caso, la información guardada en el satélite no tendrá obligaciones sobre almacenamiento de información según las leyes internacionales. Es decir, cualquiera podrá guardar datos en ese satélite sin tener que responder ante ningún gobierno de la Tierra.

Parece que todo encaja. Tras ese satélite con almacenamiento de datos, se pueden lanzar satélites con capacidades de telecomunicaciones. Si esos satélites son capaces de crear e integrar su propia red espacial, una red separada de Internet, y controlada por Asgardia, ¿qué podría hacerse con esta red? Cualquier cosa. Desde montar una página de recetas de cocina, hasta información sobre actividades terroristas, venta de armas, venta de drogas, documentación para crear una bomba nuclear, cualquiera otra cosa que se le ocurra. Una red con información almacenada en el espacio es prácticamente inviolable, y si la red se comunica de forma cifrada, y está separada de Internet, podrá operar sin control alguno. Y, lo más importante: sin que ningún gobierno pueda actuar. Porque ¿dónde está alojada esa red? En el espacio. Y las propias leyes internacionales dejan bien claro que “el espacio es de todos”.

Ya comenté también hace un tiempo que esas leyes sobre “un espacio para todos” eran papel mojado. Y aquí está la primera prueba. El espacio será para quien lo controle. El espacio será para quien tenga las armas más poderosas, y para quien plante su bandera primero, y amenace al que quiera quitarla. ¿Triste? Claro que sí. Como toda la historia de las relaciones internacionales de la Tierra. El escenario cambia: ahora es el espacio. El ser humano, ese no cambia.

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Asgardia, la ciudad en el cielo. Puede pagar con VISA, American Express, y Mastercard. El dinero no conoce fronteras

La verdad es que cansa ver tantos engaños en tan poco tiempo. ¿Recuerdan aquel viaje a Marte de solo ida, en el que hubo incluso un concurso para participar, al que se apuntaron cientos de miles de personas? Era, finalmente, una campaña publicitaria. Pero, al menos ahí, aunque hubo engaño, al final publicitaban algo, no sé qué ni tampoco es importante. Aquí se habla de que se pueda crear una base de datos y de control en el espacio, con excusas banales y, la verdad, bastante patéticas. ¿Almacenar información en el espacio para ver qué efectos tiene a largo plazo? ¿Alguien de verdad puede llegar a creerse tamaña historia? Yo no, por supuesto.

Asgardia. La ciudad de los sueños. Para quien pueda pagarlos, y pasar el test. Por supuesto.


Si alguien no está convencido todavía, y quiere mandar sus datos al espacio, puede hacerlo en este enlace. Échele un vistazo, por qué no. Verá la esencia de la humanidad. Los sueños de miles de hombres y mujeres jugando con tocar la inmortalidad. Yo también quiero viajar a las estrellas. Pero les seré sincero: esperaré al próximo tren. No tengo prisa. Ninguna prisa.

 

 

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2 comentarios en “Asgardia, el secreto está en los cielos”

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