Literatura: dejad que los libros vengan a mí

No sé qué me pasa últimamente que estoy todo el rato citando frases de la Biblia. Quizás es que presiento que me voy a morir, con lo cual pasarán dos cosas: daré una alegría a mis muchos enemigos, y mis libros se venderán a millones, haciendo rica a mi hermana y a mi sobrino. Malditos roedores, seguro que lo tienen todo planeado.

Pero en fin, vamos a centrarnos en un tema al que llevo tiempo dándole vueltas, aprovechando la anécdota que comenté el otro día. Esa de la niña de dieciséis años que me confesó que no lee nunca, pero que quería leer un libro mío. Un detalle emotivo, pero que invita a la reflexión. Porque esa niña representa a una importante parte de la población juvenil que no ha leído un libro nunca. Y eso es terrible. Y no me importa ni me interesa saber este o aquel criterio o argumento que pueda tamizar y decorar la verdad. Y la verdad es terrible: no se lee nada.

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Ejemplar del libro que entregaré este fin de semana a mi “admiradora secreta”

La falta de lectura, un problema social grave.

Ciertamente, así es. La verdad es: los jóvenes no leen libros. Leen las redes sociales, leen y escriben en sus teléfonos. Pero no han leído un libro en su vida, muchos de ellos, excepto los obligados en sus colegios. Y eso es terrible, y muy, muy preocupante. ¿Por qué?

Bueno, cualquiera que más o menos tenga un hábito de lectura sabe por qué, no hay que descubrir el fuego ahora. Y aquí no vamos a entrar en si este o aquel gobierno, de izquierdas, o de derechas, ha hecho bien o mal esto o aquello. Todos, repito, todos los gobiernos han tenido la misma desidia y el mismo abandono por la cultura, el arte, y el conocimiento de todo tipo de humanidades. Tanto es así que se elimina la filosofía y las lenguas clásicas de los estudios.

Se cierran bibliotecas, se cierran librerías, y se invita a los jóvenes a que pasen horas y horas enganchados a sus móviles. Y lo que es peor: se usa la educación como arma política, en todos los bandos. Eso es realmente lamentable y triste.

Eso es un atentado contra el ser humano. Y es un signo claro de que algo terrible está ocurriendo con la educación infantil y juvenil. No podemos, no debemos tolerar que nuestros jóvenes no lean. Porque los libros, usted lo sabe bien, son el camino para crear personas críticas, pensadoras, reflexivas, y capaces de tener su propio criterio, y sus propias ideas y emociones.

Existen ideas, y existen gobiernos que deben aplicar ideas.

Yo mismo tengo algunas ideas para buscar soluciones a esto. Ideas que implican el uso de aplicaciones para teléfonos móviles, sean iOS o Android, con el fin de incitar a los jóvenes a leer, usando precisamente el móvil, al que están tan enganchados. Tengo incluso alguna maqueta de algún programa para incentivar a leer desarrollada. Pero no tengo tiempo ni dinero para ponerla en práctica. Si algún día puedo, me gustaría intentar poner mi grano de arena en la búsqueda de alguna solución para animar a los jóvenes a leer.

De todas formas, es obvio que quien tiene el poder para cambiar esta lamentable situación son los gobiernos, sean del color que sean, a través de políticas de incentivación de la lectura en colegios, institutos de enseñanza media, universidades, y por supuesto centros de formación profesional, que muchas veces olvidamos esta rama de estudios.

El problema es perenne, y tiene una base clara. Es ese tópico que ya oía yo hace cincuenta años, y que sigue siendo habitual hoy en día, incluso con esa supuesta cultura moderna y avanzada que dicen tenemos. El tópico es:

“El que sirve para estudiar, estudia ciencias. El que no, se va a letras. Y las niñas, siempre a letras por supuesto, que para eso son niñas”.

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Una sociedad no es realmente moderna si sus componentes no leen.

Y no nos engañemos. Podemos vestirnos con los aires de modernidad que queramos, pero la esencia social general sigue impregnada de estos tópicos. Yo soy un ejemplo. Quería estudiar historia, y mi padre, ingeniero, hizo todo lo posible para que “el niño dejara esas cosas inútiles” y estudiara algo decente y de hombres. Y lo consiguió: estudié informática, que tan de moda se estaba poniendo en aquellos años de finales de los setenta y principios de los ochenta.

No le recrimino nada a mi padre, al contrario. Él funcionaba como le habían educado: los hombres decentes y trabajadores son médicos, ingenieros, arquitectos… Y las mujeres decentes estudian historia, o enfermería, y luego son buenas madres que  cuidan del marido, por supuesto.

Eso, hace cincuenta años, bueno, era la sociedad que teníamos. Pero, ¿ahora? Ahora creo que deberíamos ir superando ya de una vez esos tópicos, y crear una verdadera nueva sociedad, moderna, competitiva, igualitaria, y en donde la cultura y las humanidades no se vean como un “resto de serie” para aquellos que “no tienen nivel” para las ciencias.

Emergencia social.

Creo que tenemos una emergencia que resolver en esta sociedad. Y esa emergencia se llama educación completa y equilibrada. No podemos dejar que la juventud caiga en manos de las redes sociales sin que tengan criterio propio, capacidad de razonamiento, y espíritu crítico. Y eso se debe lograr con una educación completa, donde la lectura sea uno de los ejes fundamentales de su formación.

Los libros son puertas a universos infinitos, y son la herramienta que permite al cerebro crear un modelo de conducta que evita caer en la demagogia, en las mentiras de las redes, y en la manipulación. Si queremos una sociedad realmente sana y moderna, igualitaria y con futuro, los libros deben entrar en la ecuación. Todo lo demás es hablar y hablar.

Sin libros no hay futuro, ni hay mentes abiertas. Por mucha ciencia que se les meta en la cabeza, si no saben usarla, ni saben cómo crear mejores sociedades con esa ciencia, de poco nos valdrá tener los mejores ingenieros o informáticos del universo.

Vamos a cambiar el mundo. Empezando por los libros. Y veremos cómo las cosas mejoran. No serán perfectas. Pero sí serán más abiertas a nuevas ideas, al respeto, y la capacidad crítica de los individuos. Los libros nos esperan.


 

Autor: Fenrir

Amateur writer, I like aviation, movies, beer, and a good talk about anything that concerns the human being.

2 comentarios en “Literatura: dejad que los libros vengan a mí”

  1. Buen dia, me agrada mucho tu post, excelente y es como dice la frase, creamos gente que estudia pero sin educacion o gente que son muy estudiados pero sin valores y esto es parte de la falta de lectura en diferentes areas y cosas de la vida, un saludo y majestuosas palabras.

    1. Muchas gracias por tus palabras. Efectivamente es hora de ir cambiando ciertas actitudes básicas educativas. Los libros son clave para ello. Saludos cordiales.

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