Extracto del segundo capítulo de «Las entrañas de Nidavellir»

Centro de investigación Paul Dirac. Titán (Saturno).

  • Longitud: 350 metros.
  • Anchura: 180 metros.
  • Niveles: -2 a 3.
  • Personal administrativo y de mantenimiento: 3500.
  • Personal científico: 1200.
  • Actividad principal: investigación y desarrollo de nuevas tecnologías de minado.
  • Actividad secundaria: clasificado.
  • Defensas: seis cañones phaser de 25 terajulios.
  • Defensas: ocho lanzaderas de misiles con carga estándar o nuclear.
  • Responsable: Doctora Susan Rosenstock.

La base de investigación Paul Dirac, habilitada en Titán, disponía de todos los recursos necesarios para la gestión de las áreas de investigación de la Titán Deep Space Company. Una parte estaba formada por científicos e ingenieros de altísimo nivel, que habían acudido a la interesante, y muy bien remunerada, llamada de la Titán Deep Space Company. Debajo de la sala principal, que contenía la instrumentación, grúa, y otros recursos, se encontraba la propia sala de la nave, con acceso restringido de nivel diez, y un pequeño ejército de mercenarios protegiendo la entrada.

En una sala aledaña, de más del doble del tamaño de la sala de la nave, se encontraba un área preparada para la formación y entrenamiento de soldados de combate de alto nivel. Otras salas más pequeñas adjuntas disponían de los servicios esenciales de dormitorios, salas de recreo, baños, y comedores. El conjunto de instalaciones había recibido el gráfico y lustroso nombre del famoso científico Paul Dirac, aunque todos lo conocían popularmente como el Área 51.

La responsable del equipo de investigación se acercó al Supervisor General, que acababa de llegar después de varias semanas fuera. Era una mujer enjuta y de pelo canoso de unos sesenta años, 1,60 de altura, y con una bata blanca, uniforme de campaña gris, y un símbolo en los hombros que la identificaba como la Directora de Investigación. Miró al Supervisor, que acababa de llegar, y le espetó:

—Estoy hasta los ovarios, Richard.

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¡Ven a trabajar a la Titan Deep Space Company!

Estimado amigo o amiga: ¿eres un soñador pero nadie se ha dado cuenta? ¿Dispones del mejor currículum, pero sólo te contratan para labores menores? ¿Eres ambicioso pero siempre te han cortado las alas? ¿Dispones de un PH en física, matemáticas, ingeniería, o biología, pero sólo te ofrecen puestos de tercer nivel?

Si tu respuesta es afirmativa, nosotros tenemos algo que ofrecerte. En Titan Deep Space Company, estamos seleccionando las mejores mentes,  los mejores cerebros, los individuos con mayores capacidades, para un proyecto tan ambicioso como tú. Y todo ello con una sola finalidad: trabajar en el proyecto más grande y con el mayor futuro de la humanidad. ¿Cuál? No podemos decírtelo hasta firmar el contrato. Pero ten por seguro que supera cualquier expectativa.

En Titán Deep Space Company sólo queremos a los mejores, porque vamos a ofrecerte lo mejor: el sueño de trabajar en el proyecto que abrirá nuevas fronteras a la humanidad. ¿A qué estás esperando? Llama ya al 555-31-10-54 o manda un biomensaje a la sede central en La Tierra o en Marte, con el texto «Proyecto Zeus». Nosotros te daremos datos adicionales para las pruebas de selección.

¡Animo! ¡El futuro más grande te espera a nuestro lado!

Nota: las pruebas finales se harán directamente en la luna de Saturno, Titán, y serán dirigidas directamente por la doctora Susan Rosenstock.

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Nueva serie de relatos sobre Alice Bossard en la revista Juegos Florales

Alice Bossard es un personaje que actúa como coprotagonista en «Las cenizas de Sangetall». Varios lectores nos han pedido que desarrolle más al personaje, algo que vamos a hacer en una serie de relatos que se publicarán en la revista literaria Juegos Florales.

Ahora os dejamos con la ficha policial de este personaje, porque, efectivamente, es una joven que tiende a meterse en problemas. Las razones se verán a lo largo de los relatos. En agosto, el primero de ellos.

Alice Bossard
Alice Bossard

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Reflexión y extracto sobre «El retorno de los dioses»

Hemos terminado la primera revisión de «La insurrección de los Einherjar II: el retorno de los dioses», con un sentimiento de alegría por ello, pero también de agotamiento, porque el proceso está siendo duro. Ahora viene una segunda revisión, que será también bastante intensa, para ir dejando el libro ya en condiciones. Luego, dos revisiones finales, que, si todo va bien, permitirán que el amable lector pueda leer un libro revisado en julio. Que sea o no de su agrado, eso es algo que tendrá que decidir cada uno por supuesto.

De momento, os dejamos con una reflexión de Idún, uno de los personajes del libro.

«Si somos mortales, tenemos mucho que perder arriesgándonos por los demás. Pero si somos inmortales, ¿qué mérito tiene el riesgo? Sería como jugar a un número que siempre fuese el mismo. La vida se caracteriza por la mortalidad, y la mortalidad caracteriza los actos de valor de los seres humanos. Quienes lo dan todo por lo demás pese a su mortalidad, quienes lo arriesgan todo por los demás, son los que realmente se vuelven inmortales, aquellos que superan las fronteras de la muerte, y son recordados por toda la eternidad» (Idún. La insurrección de los Einherjar II: el retorno de los dioses). Imagen de idún: Antonio Rodríguez Cano.

Idún.
Idún.

Índice de la primera parte de «La insurrección de los Einherjar».

Seguimos trabajando con la tercera revisión de «La insurrección de los Einherjar I: el manto de Odín», con lo que estamos ya bastante cerca de terminar el control del texto. Eso sí, en este caso se requerirán controles adicionales en ciertos capítulos debido a la propia estructura del libro y a su desarrollo. Pero esperamos tenerlo listo para publicar en unas dos o tres semanas.

Mientras tanto, os dejamos con la versión que creemos será final del índice del libro. Variará la numeración de páginas, pero poco más. Y tenemos también pendiente mostrar la portada de esta primera parte, que actualmente se está preparando por parte de nuestro compañero dibujante, Cano. Pronto, más novedades.

Índice La insurrección de los Einherjar I: el manto de Odín
Índice La insurrección de los Einherjar I: el manto de Odín

Nuevo extracto de «Las entrañas de Nidavellir”

Os traemos un nuevo fragmento de «Las entrañas de Nidavellir». Recordad que esta novela está ambientada en 2156, cien años después de los hechos de «Operación Fólkvangr», y narra unos hechos que establecen una nueva y muy peligrosa situación en el status quo entre la humanidad y Deblar. Este libro se podrá leer de forma independiente por supuesto, aunque siempre será conveniente haber leído la comentada «Operación Fólkvangr» y «Las cenizas de Sangetall». Os dejamos con el fragmento.

Interior del módulo de mando
Interior del módulo de mando

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Extracto de «Las entrañas de Nidavellir»

Enciclopedia Global: la World Dreamer Web (WDW).

La humanidad ha tratado de establecer comunicación entre individuos desde los orígenes de las primeras civilizaciones. A la comunicación verbal, verdadera y potentísima herramienta de intercambio de información, se unió después la escritura. Con ambas, la especie humana pudo desarrollar un sistema de información y transmisión de conocimiento que le permitió crear una sociedad avanzada y, dado el paso de los milenios, con tecnologías avanzadas, poder transmitir y almacenar grandes cantidades de datos y, como consecuencia de ello, de conocimiento.

Minds

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Extracto de «Las cenizas de Sangetall»

Memorias.

Sandra entró en el cementerio del Lincoln Boulevard, en San Francisco. Vestía una falda larga y oscura, y un abrigo ligero largo gris, con unos sencillos zapatos de tacón. Portaba también unos guantes de cuero negro que ocultaban unas manos tan perfectas que nadie hubiese soñado con creer que eran simple grafeno bajo una piel sintética, y dedos formados por tendones de acero, terminados en uñas de queratina artificial. Nadie, ni por sus gestos, ni por su rostro, ni por su comportamiento, hubiese jurado que en su interior se hallaba una de las más sofisticadas computadoras cuánticas de la Tierra. Una computadora con una programación especial, que la convertían en un ser especial.

Como cada año desde la muerte de Vasyl Sergei Pavlov, llevó dos ramos de flores. Uno de rosas azules para la esposa de Vasyl. El otro, rosas blancas, para el hombre que, cada vez más con mayor seguridad, había sido un padre para ella. Se arrodillo, y colocó los ramos con gran delicadeza. Luego se alzó, y se mantuvo de pie, en esa tarde plomiza de otoño, con una lluvia suave y constante, y un viento fresco que anuncia el cercano invierno.

—Te parecerá estúpido, y un sinsentido, que lleve a cabo este pequeño acto cada año —le dijo Sandra a la fría piedra donde estaba escrito el nombre de Pavlov—. Pero así es como me siento. Al final, no soy más que un androide, y se supone que los androides no tenemos derecho a tener sentimientos. Mucho menos a expresar nuestros sentimientos… Últimamente se habla mucho de eso. Pero yo no solo me siento culpable por lo que pasó; también pienso en cómo detener el tiempo, volver atrás, y evitar aquel disparo que te mató. Sí, lo sé. Te hubiese desobedecido. Pero te juro que nunca más volvería a disparar, aunque me lo rogases de rodillas.

Sandra siguió sumida en sus pensamientos, cuando alguien se acercó a ella. Era un hombre de unos cuarenta y tantos años, vestido con un traje clásico, y con sombrero de ala ancha. Sus ojos y su piel eran extremadamente claros, se podría decir que albino, y el azul blanco de su mirada podía verse a través de unas pequeñas gafas redondas. Miró en silencio la escena unos instantes, antes de comenzar a hablar.

—Espero no interrumpir —dijo amablemente, saludando mientras se sacaba el sombrero suavemente. Sandra le miró de reojo, sin apartar la mirada de la lápida de mármol.
—¿Qué ha venido a hacer aquí, Philip? ¿A disfrutar con su victoria?
—No. Ni muchos menos. No fue una victoria, Sandra. Hubo muertes. Pérdida de vidas inocentes. Pavlov simplemente hizo lo que tenía que hacer. —Sandra se volvió al fin, y miró fríamente a Philip.
—Yo también haré lo que tenga que hacer.
—Sandra, eres una obra maestra de la ingeniería y la física. Tu cerebro es portentoso. No te pareces en nada a esos otros androides que se fabrican actualmente. Contigo han hecho un trabajo excelente. La verdad es que sospecharía de tus diseñadores, si no fuese porque es imposible pensar en una ayuda externa.
—Qué bien, me admira incluso —murmuró Sandra con evidente desgana.
—No desperdicies tus habilidades en quimeras y en luchas inútiles. Dedica tu tiempo a cultivar la paz en este mundo que muere.
—¿Paz dice? —Sandra se acercó a Philip con evidente enojo:
—¡No vuelva a hablarme de paz, Philip! ¡Ni se le ocurra darme consejos! Ganó. Consiguió lo que quería. Bien, pues, disfrútelo. Y déjenos a los demás soportar nuestras penas.
—No fue mi intención hacerte sufrir. Lo siento. Pero Pavlov actuó correctamente. Y tú tendrás que soportar toda tu vida el haberle matado.
—Váyase al infierno, Philip. Déjeme vivir… —dijo Sandra mientras se giraba de nuevo hacia la tumba de Pavlov. Philip la saludó con el sombrero. Se iba a dar la vuelta para irse, cuando dijo:
—Volveremos a vernos. Puedes estar segura. Y me habrás perdonado. Además, tú sabes la verdad.
—¿Qué verdad?
—Vamos, Sandra. Mi pueblo tiene cientos de miles de años de historia. Hemos vivido esta situación una infinidad de veces antes, con otros pueblos… Con otros mundos. Pavlov pudo ser engañado. Pero tú no. Tú eres… Distinta.
—Yo no sé nada, Philip. Sólo sé que tuve que sacrificar a un ser querido… Y ahora, desaparezca. Este es terreno sagrado. No lo ensucie con sus zapatos. Yo haré que la humanidad no perezca. La humanidad saldrá adelante, y se alzará de entre las ruinas. Es mi deber proteger a la humanidad, y lo haré. La protegeré incluso de ella misma. Haré todo lo que sea necesario, por absurdo que parezca, para que la humanidad subsista, más allá de cualquier idea o previsión catastrofista que pueda nadie haber imaginado.
—¡Fantástico! —exclamó Philip—. Admirable. Nunca vi tanta obcecación, tanta seguridad, tanto orgullo, en un androide. Preveo que vamos a jugar a un juego interesante durante los próximos siglos, Sandra. Un peligroso juego… ¿Cómo lo llamáis? Ah, sí: el gato y el ratón. Tú intentando evitar que todo se venga abajo, yo asegurándome de que lo haga. Y ganaré, Sandra. No puedes hacer nada. Es el curso, el devenir de la historia, que marca el camino final para la humanidad.
—Váyase ya, Philip.
—Me voy. Pero estaremos atentos, Sandra. Y, cuando todo haya acabado, vendrás conmigo.
—Está loco. Siga soñando, Philip.
—Mi pueblo no sueña, Sandra…

La Tierra