Editoriales y el concepto de triunfo

Seguimos con la ronda de reflexiones para publicar un libro en unas condiciones adecuadas, y para hablar de esa cosa que se llama “triunfar”. Lo que se debe hacer se resume en un solo concepto: perseverar.

No es ninguna broma. La perseverancia es la que te puede llevar a triunfar, en cualquier aspecto de la vida. Por supuesto, también hay que aprender a retirarse a tiempo. Pero no debe uno dar media vuelta cuando hay señales que indican que el trabajo está dando sus frutos, incluso si son aparentemente escasos, cuando escalas peldaños, aunque sean muy pequeños. ¿Un nuevo lector? ¿Una nueva descarga? Son motivos suficientes para perseverar. Pueden llegar con cuentagotas, pero aunque una gota no llena un mar, te acerca al océano un poco más.

De todas formas, perseverar debe ser algo que tiene un límite por supuesto. Cuando se ve que las oportunidades y las sensaciones de que lo que hacemos ni tiene un espacio, ni lo va a tener, y eso es recurrente en el tiempo, lo mejor es dejarlo. El problema es que eso es fácil decirlo, muy difícil hacerlo. Van Gogh pintó toda su vida, y triunfó al final. Eso sí, tuvo que morirse. Algo que ocurre con demasiada frecuencia. La gente suele admirar a artistas anónimos, con poca o nula fama, pero esa misma gente no suele comentar ni apoyar a ese artista hasta que este se muere. La frase “qué gran artista ERA” se escucha en demasiadas ocasiones. Pero en fin, ese tema lo trataremos otro día.

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En todo caso, esto de triunfar es algo muy relativo, por supuesto. Si el triunfo son millones de ventas, y millones de dólares/euros, entonces son cuatro los que han triunfado, y esperar conseguir ventas en libros como los de Harry Potter es mezquino y absurdo, y si alguien está metido en el mundo de las letras con ese objetivo, se va a llevar una enorme decepción. Si es por la fama, por el éxito, se va a llevar otra gran decepción. Si es por acercar sus libros a unos cuantos lectores, aunque sea a un puñado, las cosas mejoran, y mucho. La ambición debe estar y ser acorde con la realidad.

Pero, sobre todo y ante todo, mi consejo personal que siempre reitero es: escribe porque lo necesitas. Porque lo vives. Porque lo sientes. Porque quieres transmitir algo. Porque tu alma y todo tu ser te pide expresar tus emociones, tus ideas, tus sentimientos. Hazlo así, y el lector, cuando lea tu obra, comprenderá que se escribió con cariño, con pasión, con entusiasmo. Y ese será el primer paso para conseguir un lector fiel. Sin necesidad de montar enormes y complejos programas de marketing. Sí, el marketing es necesario, no digo que no. Pero las obras que perduran son las que se han escrito con el corazón y con el alma, no con un objetivo de ventas. Ejemplos hay miles.

Hoy día la literatura está tan dispersa que pretender vivir de escribir es una locura. Incluso autores muy consagrados tienen sus trabajos y sus actividades extraliterarias para sobrevivir. Yo he conocido algún caso personalmente en alguna feria del libro, compartiendo una mesa vacía de lectores. Al menos teníamos cocacola y patatas, eso sí. Esos escritores que tienen cierto éxito pueden sacarse un extra, pero poco más. Antes las cosas no eran así. Pero eso pertenece a un pasado ya olvidado.

Yo, desde mi posición, puedo decir que he conseguido objetivos que iban mucho más allá de lo que hubiese imaginado. No digo “he triunfado” en el sentido clásico, sino en el hecho de que, cuando me embarqué en esto de escribir, mis esperanzas eran conseguir un número de lectores y lecturas que fuesen un poco más allá de mi hermana, mi sobrino y mi cuñado. Mis objetivos eran de ese modo modestos cuando empecé en esto, y puedo decir con alegría que he superado ampliamente esos objetivos. ¿Debo por lo tanto ponerme ahora nuevos objetivos? No. Voy a perserverar, sí, pero no voy a soñar con utopías. Además, y como bien me advirtieron hace tiempo, con la ciencia ficción de corte político y social, que es básicamente lo que escribo, mis posibilidades son casi nulas. Antes me llamará Charlize Theron para quedar a cenar… Perdon,  una llamada. ¿Sí? ¿Quién es? ¡Charlize, qué sorpresas da la vida a veces!

Prefiero conservar lo que ya tengo, cuidarlo, y hacer que siga adelante al nivel que estoy capacitado. No me voy a complicar con ambiciones que me lleven a arrastrarme intentando arañar logros que quedan fuera de mis posibilidades. Porque, en general, un escritor que quiera consagrarse tiene dos caminos: la autopublicación, y las editoriales. La autopublicación funciona en algunos casos, pero no nos engañemos, se requiere un esfuerzo y trabajo enormes, y mucha gente simplemente no tiene ni el tiempo, ni el dinero, ni los conocimientos, para llevar adelante un proyecto editorial propio. Somos escritores, no editores. Quedan, pues, las editoriales.

Vamos por lo tanto a ver ahora este asunto tan manido de las editoriales.

Las editoriales, ese mundo oscuro y lleno de voraces monstruos devoradores de escritores. Las hay de tres tipos:

1.- Editoriales tradicionales. Siguen en general ancladas en el siglo XIX. En algunas han descubierto la electricidad y los ordenadores incluso. Cuando entras en sus habitaciones, las antorchas humean en las paredes, y los correctores escriben con sus plumas de ganso. No saben, ni les importa, que el siglo XXI funciona de otra manera. Pero tienen algo muy importante: el poder para llevar un libro a la fama. ¿Qué libros? Los de los famosos, sean de televisión, futbolistas, oportunistas, políticos, iluminados, buscavidas, cuentistas, charlatanes, toreros, participantes del gran hermano, psicópatas de tres al cuarto, feriantes, viajantes, mafiosos, perdidos, encontrados, vanguardistas, youtubers, y cualquiera que pueda tener sus diez minutos de fama, firmar un libro que no ha escrito en su vida, y ganar con ello una buena entrada de dinero, cuya mayor parte se llevará la editorial.

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¿Exagero? Ni mucho menos.Ya hablé hace un tiempo en “el mercantilismo de un sueño” de cómo el arte se ha convertido en un negocio. Si Belén Esteban puede escribir un Best Seller, ¿qué nos queda? Lo comento enseguida: escribir para las generaciones futuras.

Sí, amigos y amigas. Si vivimos en un mundo carente de emociones, de sueños, de literatura, escribamos para las generaciones futuras. Sí, también para esta generación, pero con una mirada puesta en el mañana. Escribamos para las gentes del futuro. Escribamos para un mundo nuevo, donde el arte y la literatura sean de nuevo valores a tener en cuenta, donde los escritores, y los artistas, sean considerados trabajadores como cualquier otro trabajo, y donde se atienda al arte como un elemento fundamental de la cultura y el desarrollo de sociedades modernas, equitativas, justas, y acordes con el modelo que se quiere crear de civilizaciones más avanzadas. Porque el arte es la esencia del ser humano. Y sin arte, no hay humanidad. Sin arte, no hay vida. Sin arte, solo hay un vacío frío.

No sabremos qué dirán de nosotros esas generaciones futuras. Pero sí sabremos que, con un poco de suerte, podrán acceder a la cultura y al arte de forma ordenada, con colegios y universidades que enseñen arte porque es importante, y en donde los gobiernos del mundo valoren las artes y las humanidades como debe ser.

2.- Imprentas que se hacen llamar editoriales.

Las imprentas que se hacen llamar editoriales funcionan de un modo muy sencillo: lanzan el anzuelo a escritores, les hacen firmar un contrato, y luego dejan su obra tirada, sin poner ni un euro en publicidad. ¿Por qué hacen esto? Porque de este modo consiguen gran cantidad de material, no gastan nada en  ello, tienen el contrato asegurado, y si uno de cada cien libros reporta dinero, ganan un neto completo con ese dinero. Entonces sí invierten algo más en ese libro, y el resto se quedan ahí tirados durante el tiempo que dure el contrato.

¿Qué hice yo cuando viví una situación así? Naturalmente, saltarme el contrato. Si ellos no van a promocionar mi libro y a cumplir con su parte, que no esperen que yo vaya a esperar a que termine el contrato. Haré uso del libro, y lo pondré a disposición de los lectores mediante mis propios canales, y lo promocionaré yo mismo con mis escasos recursos, que son escasos, pero son mucho más que dejar que el libro se pudra durante el tiempo que dure el contrato.

Estas editoriales las vemos todos los días en Facebook, y hay que huir de ellas. Un ejemplo es el enlace que he puesto más arriba, pero hay muchos más casos.

3.- Verdaderas editoriales del siglo XXI.

También he escrito a varias editoriales que lo son de verdad. Pequeñas, jóvenes, pero con gente seria, que la hay, afortunadamente. La primera vez que escribí a una editorial fue cuando tenía 17 años, un cuento dedicado a mi sobrina. Aún anda por ahí, en alguna caja de las no sé cuántas mudanzas que llevo a la espalda. Qué tiempos aquellos.

Y una dura y fría constatación: todas las editoriales serias que han aceptado alguno de mis libros, luego han cerrado. La última fue hace muy poco. Este mensaje me llegó este 4 de mayo, quito nombres personales, dejo solo el nombre de la editorial, formada por gente muy amable y seria:

Estimados autores y lectores:

Nos ponemos en contacto en esta oportunidad, no con muy buenas noticias lamentablemente. Les comunicamos que por cuestiones de organización interna, mercado y fundamentalmente falta de tiempo para atender a clientes, autores y nuestra web en sí, como creemos que corresponde, consideramos como mejor opción el cierre de nuestro sitio web y por consiguiente de Nueva Editora Digital.

Queremos agradecer a todos por este tiempo compartido, de experiencias vividas y con un dejo de tristeza nos despedimos hasta siempre.

Un abrazo grande

nueva Editorial Digital
http://www.nuevaeditoradigital.com

Con esta editorial me las prometía felices. Parecía gente responsable, con contratos que no eran documentos en clave de los japoneses durante la batalla de Midway. Pero, ahí está ese dios babilonio oscuro, que se ríe de mí cada vez que puede. He tenido otros casos en tiempos pasados. Tengo un poder maligno está claro.

Por ello, me gustaría dar una serie de ideas a los que puedan estar tentados de vivir una experiencia así.

1.- Hay muchos escritores. Muchísimos. Y, a río revuelto, ganancia de pescadores. Toda esa masa de gente deseando publicar permite encontrar incautos, como yo, que van a picar en el anzuelo de la edición por parte de una editorial.

2.- ¿Cómo reconocer a esas empresas? El contrato. Pásalo a familiares, y amigos. Y mejor, a un abogado especialista, aunque cueste algo de dinero. Mejor pagar un servicio ahora que hundirte en la desesperación y en la frustración luego.

3.- Solemos rechazar al final todo lo que huela a editorial. A mí me ocurre. Pero bueno, mi caso ya está perdido. En el tuyo, si ves una oportunidad real, aprovéchala. Manda tus libros precisamente a esos que no van anunciando que te harán de oro. Manda tus libros a los que hacen una publicidad seria, modesta, respetuosa, y sobre todo, que no prometan nada.

4.- Autopublicar es el otro camino. Te costará tiempo y trabajo. Sé cuidadoso, actualiza tu blog y tu Facebook con regularidad. Habla de tus libros, pero habla de otras cosas también. Pon alguna reseña de algún libro que te haya gustado. Habla de tu trabajo como escritor, pero también de tus sentimientos y de tu visión de la vida. A la gente le encanta conocer al escritor, pero no que le lance los libros a la cara. No agobies, simplemente, sé tú. Y la autopublicación te podrá dar buenas satisfacciones, sobre todo si no escribes ciencia ficción.

5.- Sé tú mismo siempre. Lo más importante de un artista es la modestia y la sinceridad. Y lo dice alguien que ha sido acusado de tener un ego más grande que la galaxia. Es verdad, no lo voy a negar. Tú puedes tener tu ego, pero no des mucho la paliza con ese aspecto de ti. Lo importante es el equilibrio. Y recuerda lo más importante: un comentario de un lector vale más que todas las editoriales del mundo. Si es que quieres ser escritor.

Si lo que quieres es ganar dinero, las clases de economía de mercado están en el piso de arriba. Tú me entiendes. El negocio es una cosa, el arte es otra. Si lo que queremos es ganar dinero, entonces de acuerdo, es una opción. Pero si lo que quieres es crear arte, entonces estas ideas pueden serte de utilidad. O, al menos, intentar aclarar alguna idea. Si te ha servido de algo todo esto, con eso me sentiré plenamente satisfecho. Y os dejo, que tengo una cena pendiente. En algún sueño perdido de mi mente, por supuesto.

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2 comentarios en “Editoriales y el concepto de triunfo”

    1. Muchas gracias por comentar, me alegro que te haya gustado, y desde luego es una forma de pensar práctica, eso seguro. Un cordial saludo.

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