Cómo conseguí que aquel editor publicara mi libro

Era una noche oscura y tormentosa. Y allí estaba yo, el escritor fracasado, Peter Kratky, sentado en mi vieja mesa, con aquella pata rota que se sostenía con un viejo volumen de un antiguo libro de un autor desconocido. La útima cerveza se había acabado hacía dos horas, y el último cigarro era un reguero de ceniza sobre la mesa y la silla.

Así que me levanté de un salto, acudí a la nevera, y la abrí, encontrando lo que ya sabía: aquel espacio estaba más vacío que la cabeza de una ameba.

Aquello tenía que acabar. Tenía doce libros escritos, y ninguno publicado. Había gritado, había rogado, me había arrodillado ante aquel editor, que tiempo atrás me lanzó mi primer manuscrito al rostro, diciéndome a la cara, mientras mantenía una sonrisa torcida:

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Editoriales y el concepto de triunfo

Seguimos con la ronda de reflexiones para publicar un libro en unas condiciones adecuadas, y para hablar de esa cosa que se llama “triunfar”. Lo que se debe hacer se resume en un solo concepto: perseverar.

No es ninguna broma. La perseverancia es la que te puede llevar a triunfar, en cualquier aspecto de la vida. Por supuesto, también hay que aprender a retirarse a tiempo. Pero no debe uno dar media vuelta cuando hay señales que indican que el trabajo está dando sus frutos, incluso si son aparentemente escasos, cuando escalas peldaños, aunque sean muy pequeños. ¿Un nuevo lector? ¿Una nueva descarga? Son motivos suficientes para perseverar. Pueden llegar con cuentagotas, pero aunque una gota no llena un mar, te acerca al océano un poco más.

De todas formas, perseverar debe ser algo que tiene un límite por supuesto. Cuando se ve que las oportunidades y las sensaciones de que lo que hacemos ni tiene un espacio, ni lo va a tener, y eso es recurrente en el tiempo, lo mejor es dejarlo. El problema es que eso es fácil decirlo, muy difícil hacerlo. Van Gogh pintó toda su vida, y triunfó al final. Eso sí, tuvo que morirse. Algo que ocurre con demasiada frecuencia. La gente suele admirar a artistas anónimos, con poca o nula fama, pero esa misma gente no suele comentar ni apoyar a ese artista hasta que este se muere. La frase “qué gran artista ERA” se escucha en demasiadas ocasiones. Pero en fin, ese tema lo trataremos otro día.

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