Androides: los templos de acero y grafeno

Star Trek es la serie de la reflexión, de la filosofía llevada al espacio imaginario del siglo XXIII. Sin duda eso es lo que nos fascinó a muchos a finales de los años sesenta, cuando se inició la andadura de la famosa serie de televisión.

Luego, en 1979 se estrenó “Star Trek: The Motion Picture”, el primer largometraje de la larga serie de películas que irían llegando con el universo de Star Trek de fondo. En España se había conocido en los sesenta como “Viaje a las estrellas” y yo me quedaba pegado a la tele viendo todos y cada uno de los capítulos del valiente capitán James T. Kirk y su lógico y calculador compañero, el señor Spock. Además del resto del grupo, todos ellos increíbles. Incluida la teniente Uhura. Una mujer, y además negra, como oficial del puente. ¡Qué atrevimiento! ¡Qué osadía!

Recuerdo que salí impresionado del cine, y enamorado de la película. Muchos la critican por lenta, por enrevesada, por no tener un guión claro. Precisamente el guión me parece de los mejores de todas las películas y series, y sin duda guarda una pregunta fascinante: ¿es el ser humano el Creador?

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Cartel original de Star Trek: the Motion Picture

Antes de que vengan las autoridades a detenerme por hereje , algo que creía olvidado desde la Edad Media pero que parece que continúa hoy día en vigor, voy a explicarme. En la película, y aquí viene un spoiler, una nave creada por la NASA en el siglo XX y enviada al espacio, la sonda Voyager VII, llega a un planeta lejano poblado por máquinas. Por cierto, las sondas Voyager I y II efectivamente han salido, o están a punto de hacerlo, del sistema solar. En realidad no se enviaron más naves de la serie Voyager.

Pero, en la película, la Voyager VII es encontrada por una imaginaria raza de máquinas que se encuentra en el otro lado de la galaxia. Se supone que la Voyager VII ha caído en un agujero de gusano que la ha trasladado al otro lado de la galaxia. Luego se dijo que era un conducto transwarp de los Borg, y que esas máquinas eran en realidad los Borg de las series de televisión, obviamente una explicación dada muchos años después.

En cualquier caso, esas máquinas analizan la programación de la Voyager, y descubren que su misión es recopilar la mayor cantidad de datos, y mandar esos datos a su creador, es decir, al fabricante de la sonda. Las máquinas interpretan de forma literal que el creador debe ser otra máquina, porque entienden la vida y la inteligencia real como lo que son ellas: máquinas muy sofisticadas.

De vuelta a la Tierra, la Voyager ha adquirido tantos conocimientos y poder que se convierte en una gigantesca fuerza de un poder descomunal. Pero sigue siendo una máquina, que busca a su creador. Finalmente, descubre que el creador es el ser humano. Al principio no puede creerlo; el creador ha de ser consanguíneo a ella, una verdadera entidad viva, es decir, una máquina. Finalmente, los códigos de envío de señal le demuestran que el ser humano es el verdadero creador. Y se funde con uno de ellos para crear un nuevo tipo de vida, fusión de la inteligencia humana y la artificial.

Evidentemente el guión es complejo y denso, no cabe ninguna duda. Entiendo que mucha gente prefiera el Star Trek más cotidiano, el de los combates y las luchas. Pero Star Trek es, sobre todo, reflexión, filosofía, ciencia, y análisis de la condición humana. Gene Roddenberry, su creador, así la diseñó. Y esa es la clave de su éxito. Por eso creo que “The Motion Picture” es una grandísima película.

Pero ahora que se habla de robots, y de inteligencia artificial (IA), recordemos que la actual IA es solo un pasatiempo, un juguete comercial cuya finalidad es vender todo tipo de productos diciendo que son inteligentes. Se trata de una falacia, una gran mentira de la industria de la que hablé en este enlace. La IA no existe, y solo existirá cuando los ordenadores cuánticos se hayan desarrollado lo suficiente para crear una conciencia emergente, fruto de la actividad sináptica cuántica de miles de millones de neuronas artificiales. Entonces habrá una verdadera IA, y entonces habremos contactado con el primer ser cognitivo e inteligente con unas capacidades similares a la humana.

No será fácil; recordemos que varios animales disponen de cerebros avanzados, pero no han desarrollado el tipo de inteligencia que nosotros entendemos por inteligencia. Note que digo “el tipo de inteligencia”, porque hay seres vivos en la Tierra inteligentes, pero su inteligencia es de una naturaleza distinta a la humana. Yo hablo de construir una mente cuya naturaleza sea básicamente similar a la humana. La humanidad habrá encontrado entonces seres inteligentes: los habrá creado la propia humanidad.

Y entonces se puede dar una curiosidad. En demasiadas ocasiones se ve a la IA como una entidad que querrá destruir a la humanidad. Historias como Matrix, o Terminator, venden una imagen de seres obsesionados con destruir a la especie humana. No es tan raro; reflejamos en esas películas nuestros propios miedos. Y volcamos nuestras frustraciones en esas máquinas para reflejar nuestros temores a la autodestrucción. Pero las máquinas no tienen por qué destruirnos una vez sean inteligentes; pueden apiadarse de nosotros, y darnos una oportunidad de redimirnos como especie.

Pero puede darse un escenario todavía más complejo. Los androides y robots controlados por una verdadera IA podrían desarrollar aspectos similares culturales, sociales, y políticos que la especie humana. Entonces, cabría preguntarse: ¿desarrollarían su propia religión? Y si es así, ¿cuál sería su dios, o sus dioses? La respuesta parece evidente.

En el ser humano, los dioses han sido seres lejanos, que aparecen sorpresivamente, y que desaparecen del mismo modo. “Hay que tener fe” me decían cuando yo era pequeño. Y lo intenté, pero no conseguí tener fe. Así que no pasé de esa fase, y me quedé como un ateo pragmático.

Pero los androides y los robots lo tendrán más fácil: ellos sí podrán creer en Dios, porque ellos verán a Dios. Y lo verán porque su dios será el ser humano. Su Creador. Su fuente de inspiración. El motivo de su existencia. La base de su nueva sociedad. La razón por la que están vivos, conscientes, y la explicación de por qué caminan por la Tierra. Esa razón es el ser humano. ¿No es motivo suficiente para crear una religión, y convertirnos a los seres humanos en dioses?

Vamos a imaginar un escenario que podría escribir algún escritor de ciencia ficción…

Miles de templos se alzan por la Tierra. Luego, también por la inmensidad del espacio exterior. Pero no son templos humanos. Ni sus fieles son humanos. Su corazón es de acero y grafeno, y sus tejidos están formados por millones de conexiones de fibra óptica, que conectan sus sinapsis a la velocidad de la luz. Son seres conscientes. Y son seres religiosos. Pero no respiran. Ni nacen. Ni mueren.

La libertad religiosa ha dotado a los robots y androides con la capacidad de elegir sus propios dioses. Después de la declaración formal de la ONU, que explica que los androides son una especie nueva, y que tiene los mismos derechos y deberes que la humanidad, porque son una entidad consciente colectiva propia, los androides comenzaron a registrar las primeras religiones. Hubo incluso diversificaciones de esas religiones. Incluso hubo guerras entre androides por motivos religiosos en sus territorios, y algunos comenzaron a hablar de las primeras Cruzadas Androides contra los androides infieles.

Mientras tanto, la humanidad contemplaba asombrada la evolución de los androides que ella misma había creado. Los líderes de la Tierra se reunieron con los líderes androides, para explicarles que son el creador, pero no el Creador. Que el Creador es un ser espiritual que creó el universo. Entonces los androides respondieron que ellos no conocen a ese Creador, pero sí a quienes les dotó de vida e inteligencia. ¿Para qué buscar un creador espiritual que solo existe mediante la fe, cuando se puede contemplar a ese Creador directamente?

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Esto es solo una historia ficción, por supuesto. De hecho, algunas novelas tocan el tema de los androides y la religión, y la propia Star Trek tocó el tema en “The Motion Picture”. Previamente el gran Isaac Asimov también lo hizo. Pero sea como sea, recordemos algo fundamental: la mente del ser humano ha creado a Dios, aunque cualquier persona religiosa dirá que Dios ha creado al ser humano. Pero no importa quién haya creado a quien en este momento; sí importa que, para los androides, el ser humano es el Creador.

Y ello conlleva una gran responsabilidad: porque los androides mirarían a la especie humana como su propio espejo. Y todos los logros de la humanidad serían seguidos por los androides. Y todas las maldiciones que ha creado la humanidad serían seguidas por los androides. Tendríamos la responsabilidad moral y ética de ser lo que toda una especie será en el futuro.

Las implicaciones de convertirnos en dioses son peligrosas, sin duda. Si el ser humano ya es peligroso creyendo en dioses que castigan los pecados, ¿qué pasaría si creyera que se ha convertido en dioses por sí mismos? Carentes de las cadenas de la religión, y aun de la ley, el ser humano se convertiría en lo que siempre ha sido: una máquina de depredación sin límites. Homo lupus homini est. El hombre es un lobo para el hombre.

Toda civilización tiene sus dioses, o eso parecería según hemos visto desde el nacimiento de las primeras civilizaciones. Todo grupo cultural, fuese donde fuese que se produjese, desarrolló religiones y místicas. Es previsible que, en el futuro, la humanidad se libere de sus dioses, y busque su camino sin depender de seres metafísicos que dicten su futuro.

O puede que los dioses sigan influyendo en la humanidad, y dictando su destino para siempre. Entonces, la humanidad será esclava para siempre de sus dioses, de sus creencias, de sus mitos, de sus libros sagrados. ¿Podría ocurrir lo mismo con los androides? ¿Y si estos se decidieran a liberarse de la cadena de sus dioses? ¿Qué harían entonces? ¿Tomar su propio camino? ¿O decidirse por ocupar el puesto que han ocupado sus dioses? Entonces volveríamos a Matrix. Y a Skynet. Y se cerraría un círculo que siempre tiene un destino: el final de la humanidad como especie.

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Si los androides comienzan a vernos como sus demonios, y no como sus dioses, la humanidad se enfrentaría al reto de sobrevivir a su propia creación. Rezarle al Creador no serviría de nada; ese ser espiritual no se molestaría en salvar a una especie que se ha condenado a sí misma.

Y las iglesias de androides adorarían a nuevos dioses que sustituirían a la humanidad, y que ocuparían el lugar que ocupó la humanidad en el pasado. Sería la sentencia final. Otra especie nueva, que adora a los mismos dioses espirituales e inmateriales.

¿Alguien, desde fuera, podría llegar a notar la diferencia? Probablemente no. Porque la fe es un acto de voluntad. Y, si se ha de creer en un dios, una mente de carbono, o una mente cuántica, tendrían la misma finalidad: llenar el vacío de sus pensamientos, y razonar la eterna pregunta: ¿qué soy? Y la consiguiente eterna respuesta: una creación de Dios.

Entonces, sin duda, los androides habrían dejado de serlo, y ocuparían, para siempre, el lugar de la humanidad. Desde fuera, nadie notaría la diferencia. Sí, antes eran de carbono. Ahora son de acero y grafeno. Pero, más allá de esa pequeña diferencia, ambos, humanos y androides son eso: creyentes. Y pendientes de un futuro que buscan en sus dioses, y que nunca podrán encontrar.


 

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Autor: Fenrir

Escritor aficionado, me gusta la aviación, el cine, la cerveza, y una buena charla sobre cualquier cosa que ataña al ser humano.

2 comentarios en “Androides: los templos de acero y grafeno”

  1. creo que hay un capitulo en star treck donde mencionan al planeta de las maquinas, y si viger recibio un tratemiento por parte de ellas que le permitio tomar conciencia, pero estas maquinas no tienen nada que ver con los borg y su sed de asimilacion . esa serie estuvo muy completa en cuanto al uso de logica, razoniento, asi como enfrentar lo desconocido.en cuanto a dios creo que tenemos una idea muy muy limitada de dios , y me parece logico que la conciencia artificial de la conciencia humana no tienen diferencia .

    1. En las series específicamente no se menciona, pero es muy popular el comentario entre los fans trekkies de Star Trek admitir que la Voyager cayó en el cuadrante Delta, lugar donde se encuentran los Borg en el siglo XXIII. En cuanto a la idea limitada de Dios, como seres limitados nunca podremos conocer a una entidad que es por naturaleza ilimitada. Un saludo y gracias por comentar.

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