Fragmento de “Las entrañas de Nidavellir II: Promakhos”

Fragmento de Promakhos, uno de los nombres de Atenea, que significa “la que está al frente”.

Año 480 antes de Cristo. Sandra camina con el general griego Arístides y un grupo de soldados atenienses y espartanos en dirección a Atenas, que ha sido arrasada por las tropas del emperador Jerjes I y sus fuerzas del Imperio Aqueménida.

Arístides, viendo las habilidades de Sandra, la ha requerido para que se haga pasar por la diosa Atenea, y que de este modo pueda insuflar ánimo a los refugiados que se encuentran dispersos por todo el Ática y el Peloponeso. Sandra ha aceptado de mala gana porque depende de Arístides y sus tropas para salvaguardar la vida de sus compañeros.

Llegan por la noche a un campamento, y Sandra departe una conversación con una madre, Medea, y su hijo, llamado Fidias, que siente una gran devoción por Atenea, y dispone de una gran habilidad con las artes manuales. La madre se queja de los impulsos de su hijo, que quiere vengar a su padre. Sandra sonríe, y responde:

atenea-ares

—Los jóvenes tienen sueños de juventud. Luego la vida se va imponiendo, y este joven tendrá el criterio de los sabios filósofos sin duda. Se cultiva con la mejor literatura, y el mejor arte. Veo en él a un artista inmortal.
—Que Zeus te oiga, joven… ¿Cómo dijiste que te llamabas? —En ese momento entró Arístides, que exclamó:
—Cuidado mujer; hablas con la divina Atenea, la de los ojos claros, hija de Zeus, y protectora de Atenas. Pero, como todos los dioses, caprichosa y difícil. Su poder solo es superado por el del Padre de los Dioses. —Medea abrió los ojos sorprendida, y se arrodilló frente a Sandra.
—¡Señora! ¡Mi señora! ¿Sois Atenea de veras? ¿Por qué no me lo dijisteis? —Medea agachó la cabeza en una profunda reverencia, mientras su hijo Fidias la miraba con los ojos abiertos sin saber qué decir. Sandra la tomó de la mano suavemente, y la invitó a levantarse.
—Medea, no, no, por favor, nada de plegarias, ni de devoción, ni de sometimientos, ni de reverencias. Yo no soy quien para ser adorada. Sois vosotros los que debéis ser adorados; los que lleváis la carga de esta vida, y de este sufrimiento que supone vivir en medio del dolor y la guerra. —Fidias también se arrodilló ante ella y le besó la mano. Sandra le levantó con gentileza, y le habló:
—Mi joven y valiente Fidias, si has leído con detenimiento La Odisea, habrás visto que Atenea es una diosa, pero es justa, y su compasión con Odiseo, infinita. Atenea nunca le pidió a Odiseo que se postrara ante él. Atenea no buscó nunca ser reverenciada. Por lo tanto, no debes postrarte ante mí. —Fidias dudó.
—Pero señora, sois la divina Atenea, y los dioses…
—No, Fidias. Sea quien sea quien esté frente a ti, mortal o dios, no merece que hinques tus rodillas ante él o ella. Puedes adorar a un ser humano, o a un dios, o a un animal, y darle todo tu amor. Pero nunca debes postrarte ante nada ni ante nadie. El amor es igualdad, y postrado nunca podrás alcanzar los labios o el alma de tu ser querido. —Fidias asintió, pero luego, sin atender las palabras de Sandra, exclamó de nuevo:
—¡Pero mi señora! ¡Sois Atenea, la de los ojos claros! Hija de Zeus, protectora de la ciudad de Atenas, garante de la paz, voz de los desamparados, luz de la verdad, amiga de… —Sandra rió, lo cual sorprendió al joven y a su madre, y le interrumpió sonriente levantando una mano.
—Demasiadas cosas soy, mi joven y bello Fidias. Basta, mi joven muchacho, de alabanzas. ¿Recuerdas la Odisea? ¿Recuerdas a Telémaco?
—Sí, señora. Perfectamente. Cada palabra. Cada frase.
—Muy bien. Entonces sabrás que Atenea y Telémaco colaboraban como iguales, a pesar de ser ella una diosa, y el otro un hombre mortal. Hagamos pues lo mismo ahora. Si hemos de deslumbrarnos ante la poesía de Homero, que sea imitando sus cantares y su mensaje. Si has de tratarme como en la Odisea, sé tú Telémaco, y déjame a mí tratarte como un igual. Atenea no quiere servidumbre; quiere la verdad del hombre. Solo la verdad. ¿De acuerdo?

Fidias sonrió y asintió levemente, y se apartó de ella feliz, aunque el corazón le latiese a punto de salírsele del pecho. Sandra añadió:
—Eso está bien, Fidias. Somos ante todo amigos. Tu madre, tú, y yo. —Medea le besó la mano de nuevo. Sandra miró a Arístides, que sonreía feliz ante tanta devoción. Era evidente que le iba a dejar al general las cosas claras.
—No, por favor —Sandra comenzó a sentirse realmente incómoda ante aquella avalancha de sumisión—. No soy una estatua. Soy… Atenea. Y ahora, si me perdonáis, voy a hablar con Arístides en privado. Tengo que tratar con él un asunto de importancia.

Madre e hijo hicieron una reverencia, y se apartaron. Sandra le hizo un gesto a Arístides para que le acompañara fuera. Ambos salieron de aquella modesta tienda cercana a la devastada Atenas. Sandra entonces, con evidente enfado, le espetó:
—Bien, vamos a aclarar algo: esto está yendo demasiado lejos. ¿Qué pretendes, Arístides? ¿Hacerles creer a una mujer y a un joven que soy una diosa? ¿Hacer creer a todas las ciudades-estado griegas que Atenea, la mismísima diosa Atenea, ha tomado forma física para protegerles? ¿Es eso lo que quieres de verdad?
—Así es. Eso es lo que quiero —contestó Arístides tranquilamente. Sandra asintió nerviosa, y continuó:
—Ya veo. Pues te diré algo, y quiero que me escuches atentamente: creo que ya está bien de este engaño. Ya basta de engaños. Hay que acabar desde este momento con este espectáculo de dioses y mística. ¡Atenea, Afrodita! ¿Por qué no organizamos a un grupo como Jasón y los Argonautas? ¿Por qué no traemos a Aquiles de vuelta? —Arístides asintió.
—Si hace falta, se hará. Jasón, Aquiles, y lo que sea necesario organizar, Sandra. Eso pretendo, pero tú eres la clave. Solo has de montar tu espectáculo de fuego, con ese arma extraña que portas, y ese ave de luz que tienes. —Sandra continuó, cada vez más irritada:
—¿Montar mi espectáculo? Yo no soy una actriz de teatro, dejando aparte que no hay mujeres en vuestros teatros por supuesto. Esto es una verdadera locura, Arístides, y ha de acabar aquí, y ahora. Te dije que dejaba pasar lo de tus tropas, que crean que soy una absurda diosa helena, porque lo contrario sería incluso peor, y además te conviene tener a la misma diosa Atenea en persona de tu lado, a cambio de cuidar de mis compañeros. Pero ¿y esto que acaba de suceder? Es una ignominia. Es humillante para ellos. Son solo una madre y su hijo. Son dos personas inocentes, que están siendo engañadas de una forma cruel. Y eso no está bien, Arístides. No está nada bien. Yo no puedo emular a una diosa. Yo no soy una diosa. Además, ¿por qué tengo que ponerme del lado de uno de los bandos? Los persas son seres humanos también, y las disputas que tengáis con ellos no son de mi incumbencia. Tienes que acabar con esto, Arístides. Tiene que acabarse ya. ¿Me has entendido? ¡Ya!

Arístides se mantuvo impávido y en silencio, con rostro serio y una mirada muy profunda, mientras escuchaba las palabras de Sandra. Finalmente, la miró fijamente, y le respondió con voz solemne:

—Escúchame tú ahora con atención, Sandra: tú eres la respuesta de los dioses. Has sido enviada para salvar a Atenas de la desgracia. Tu sola presencia ha cambiado el sentir de mis oficiales y de mis soldados. Corre la voz ya de que la propia Atenea está con los pueblos de Grecia. Los remeros remarán con más fuerza, ahora que Atenea está de su lado. Los arqueros lanzarán con más fuerza sus flechas. Y los hoplitas cargarán con más valentía. Todo eso es por ti, Atenea. Todo eso es por lo que representas: eres la hija de Zeus para mi pueblo. Mi pueblo lleva décadas luchando contra los persas. Y mi pueblo necesitaba una señal de los dioses. Tú eres esa señal. Que esa mujer y ese joven crean que eres Atenea no es lo importante; lo importante es que crean que hay esperanza. Y, si tú, como diosa, les impartes esperanza, a ellos, y a mi pueblo, entonces para mí, y para mi pueblo, eres la diosa Atenea.


 

Autor: Fenrir

Amateur writer, I like aviation, movies, beer, and a good talk about anything that concerns the human being.

2 comentarios en “Fragmento de “Las entrañas de Nidavellir II: Promakhos””

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