Literatura y arte: definiendo la relatividad del éxito

Hoy vengo con una nueva reflexión que se ha ido acumulando en mi mente estos días pasados, y que tiene que ver con ese mundo absurdo y loco en el que vivimos, donde el presente continuo es el tiempo verbal preferido por millones de seres humanos. Decía Groucho Marx:

“Paren el mundo que me bajo”.

Yo les invito a bajar, y reflexionar, sobre la condición humana, y eso que llamamos éxito.

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Vamos a ser como Neo, y a parar el tiempo de este mundo absurdo que se mueve a la velocidad de la luz, para reflexionar, aprender, y razonar.

Corre, corre, simplemente corre a ningún lugar.

Vivimos en un mundo acelerado, superficial, y caótico, donde el éxito, cuando llega, si es que llega, suele ser tan efímero como el resto de eventos que suceden a nuestro alrededor. Recordemos la frase latina: “Memento mori” que se podría traducir por “el momento muere”, y que un esclavo le repetía al general triunfador mientras desfilaba victorioso por Roma frente al emperador.

Era un aviso: “este momento pasará en un instante; no vivas de su recuerdo”. Vivimos soñando con el éxito, sin saber muy bien qué es. Y suponiendo que son las masas aclamándonos como al general romano. Y ese es el mensaje que nos manda la sociedad constantemente.

Hoy en día esos generales son los “influencers” y “youtubers” que viven en una espiral por subir y subir y subir en seguidores y votos, obsesionados con un éxito que nunca parece llegar. También lo son todos esos mensajes que nos dicen que debemos triunfar en la empresa, los famosos “emprendedores”, el sueño final del éxito empresarial llevada a la personalización y egocentrismo más grandes. No son tan distintos del general romano ávido de nuevas victorias para poder celebrar nuevos triunfos.

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Escena de la película “Quo Vadis” con el esclavo sujetando la corona triunfal mientras le va recordando al protagonista que sus triunfos son momentáneos.

El valor del éxito en el tiempo.

Cuando era joven las películas de éxito se mantenían meses en cartel. Los libros de éxito copaban las primeras posiciones durante varias semanas, cuando no meses, y lo mismo ocurría con la música. Las noticias tenían vidas de semanas en muchos casos. Cada nuevo dato acaecido se examinaba con rigor, con mesura, y con detalle.

Hoy todo eso se ha perdido. Los libros duran quince días en las estanterías, tres semanas máximo, antes de pasar a la trituradora, incluso con libros de éxito. Solo se salvan raras excepciones. La música llega y se va sin haber sido apreciada casi, y está producida con ordenadores y secuenciadores que montan ellos mismos los ritmos y la melodía básica. Las noticias llegan a cientos cada día por televisión, radio y sobre todo redes sociales, muchas veces distorsionadas, cuando no directamente falsas, y duran lo que dura mover la rueda del ratón para ver la siguiente información, o desinformación.

Los amigos se acumulan por cientos en las redes sociales, y no sabemos en muchos casos ni el aspecto que tienen, ni por supuesto el timbre de su voz. Las tragedias y los éxitos pasan ante nuestros ojos a la velocidad de la luz. LA muerte se oculta como si no existiese, y cualquier tragedia personal se esconde, como signo de una maldición que nos ha poseído, y que amenaza con destruir nuestra imagen perfecta en las redes sociales. Las parejas son perfectas, los hijos son perfectos, las vacaciones y el trabajo son ideales. Todo es imagen. Pura imagen.

Vivimos en un presente continuo constante, donde el pasado tiene diez minutos y es historia antigua que no merece la pena ser tenida en cuenta, porque ha sido sustituida por mil nuevas noticias, y el futuro no llega nunca, porque es pasado en cuanto se ha hecho presente.

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Explorar el universo en todas sus formas, con la ciencia o el arte, supone razonar con calma, frente a otros, y explorar juntos todas las posibilidades durante meses, años, décadas. En la imagen, Niels Bohr y Albert Einstein discutiendo sobre la naturaleza del universo.

La Electric Light Orchestra (ELO), un grupo musical de los setenta y ochenta principalmente, ya lo advirtió en su composición “21st Century man” (el hombre del siglo XXI):

One day you’re a hero
Next day you’re a clown
There’s nothing that is in between
Now you’re a 21st century man.

Que traducido de una forma algo tosca es:

Un día eres un héroe
al día siguiente eres un payaso.
No hay nada entre los dos momentos
Ahora eres un hombre del siglo XXI.

Pensemos que la ELO escribió esta canción en el album “Time” en 1981. Es decir, si usted quiere jugar a los adivinos, aquí tiene un buen ejemplo de un acierto pleno.

La gran mayoría de artistas, escritores, pintores, suben y bajan de la fama en cuestión de días, máximo semanas. ¿Se ha fijado en esos programas de cantantes como Operación Triunfo? ¿Cuántos puede nombrar que realmente hayan mantenido una carrera de éxito? Los del primer programa, y algún que otro de programas posteriores. La inmensa mayoría de esos jóvenes yacen olvidados y frustrados en sus casas, intentando obtener un sueldo que al menos llegue a mileurista.

Los sueños de hoy son las pesadillas de mañana. La sociedad devora a los nuevos artistas, los digiere, y los escupe por docenas cada semana. La increíble película de la que todo el mundo habla es historia en cuestión de días, sustituida por la siguiente, y luego la siguiente, en una rueda infinita que nunca termina.

Con los libros pasa lo mismo. Si un libro llega a tener éxito, este es devorado y olvidado inmediatamente, sin tiempo a disfrutar su contenido. ¿Dónde están los debates sobre este o aquel libro? ¿Dónde están esas viejas reuniones que hacíamos de jóvenes para hablar del último libro, de filosofía, de ciencia, de humanidades? ¿Dónde está la escuela de pensamiento reflexiva, que trabaja durante semanas, meses, años, el estudio de una obra incomparable?

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La maravillosa J. K. Rowling es la excepción que confirma la regla. Cuando se la pone como ejemplo de triunfo, yo pregunto: ¿cuántos más hay como ella? Y su historia de triunfo es la de pasar por trece editoriales antes de triunfar gracias a un contacto con una amiga en una editorial. ¿Existen otros escritores de la calidad de Rowling? Sí. ¿Por qué no triunfan? Esa es la pregunta a contestar.

También ocurre con los videojuegos, que yo y otros consideramos arte, y sufren el mismo problema. Incluso los mejores se consumen solo para esperar al siguiente. Eres noticia un día, y al siguiente eres historia.

Valorando el éxito.

En este contexto, ¿qué podemos hacer la inmensa mayoría de mortales, que no hemos sido tocados por eso que se llama la varita del éxito? ¿Voy a dejarme influenciar por un mundo donde mi obra se juzga y sentencia en cuestión de minutos? ¿Voy a creer que he fracasado porque me lo diga una sociedad absurda que no valora el trabajo, el esfuerzo, la constancia?

Claro que no. Y espero y deseo que ustedes hagan lo mismo. Honestamente lo digo.

Este blog es para mí un gran éxito. ¿Por qué? Para empezar, porque tiene cinco años y casi mil entradas, porque tiene un grupo de lectores detrás, y porque tiene casi cien miln mil lecturas en este tiempo. ¿Fracaso? Ni mucho menos. Puede que este blog no aparezca en las noticias. Pero su existencia es bien conocida. Así como sus obras. Ponga “La leyenda de Darwan” en Google. Yo me siento muy orgulloso del resultado que aparece. ¿Por qué no debería estar orgulloso? Es mi trabajo.

Pero, según el 99,9% de miembros de la sociedad, este blog es un fracaso. ¿Por qué? Porque no aparece en las noticias, en los medios, ni salgo yo mostrando mi fastuosa casa con piscina al lado de mi poderoso Ford Mustang con tres millones de caballos. El éxito se mide por el poder económico y de influencia que se acumula en alguien. Su obra, paradójicamente, queda casi siempre en segundo plano.

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El conocimiento se adquiere estudiando, y poder usar ese conocimiento como ventaja requiere aprender a razonar y a pensar de forma lógica y coherente; solo así podremos usar el conocimiento de una forma provechosa; saber un millón de datos no sirve de nada. Saber usarlos sí sirve de mucho.

Valorad vuestra obra. Ahora, y siempre. Porque es vuestra, y es auténtica.

Yo pediría a mis compañeros amantes de las letras una cosa: por favor, haced caso a este viejo. Viejo, pero que ha vivido el mundo de las letras durante muchas décadas. Y mi consejo es: amad vuestra obra, valorad vuestra obra, y sentid vuestra obra. Vosotros sabéis si es buena o no, aquí no vamos a jugar a la falsa modestia. Nuestras obras literarias no serán perfectas. Pero son nuestras, y tienen todo lo que hemos podido aportar de nuestro corazón, de nuestra alma.

Tampoco vamos a ir diciendo que hemos escrito una obra cumbre de la literatura, eso ya lo sé. Son obra modestas, de acuerdo, pero que tienen y aportan unos valores a la sociedad. Si no se valoran ahora, ya lo harán en el futuro. Una obra es inmortal mientras quede un solo ejemplar para que un lector la descubra algún día.

No se trata de encumbrarnos, pero no vamos a despreciarnos. No vamos a dejarnos llevar por una sociedad superficial que nos juzga en dos segundos. No lo permitamos. Nosotros valemos más que eso. Nosotros somos más que eso. Seamos orgullosos. Estemos orgullosos de nuestro trabajo. Modesto, no perfecto, que se puede mejorar. Pero es nuestra obra. Y tiene calidad. Y debemos amar nuestro trabajo, como debemos valorarnos por ser los autores de esas obras.

En el caso de este blog, soy consciente de que la ciencia ficción tiene poca salida. Pero también es cierto que he encontrado un buen puñado de personas que valoran los libros y los aprecian. Afortunadamente, la ciencia ficción es mucho más que rayos y explosiones, y eso es lo que quiero demostrar con mis libros. Sio un puñado de personas han confiado en mí, yo voy a considerarme a mí mismo, con permiso de la sociedad, que he obtenido un éxito. El mío. He apostado por mi trabajo. Para mí es más que suficiente.

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Se publica mucho, pero no se aprecia el trabajo del escritor, sino del oportunista. No venden libros; venden su vida al mejor postor.

Una petición lanzada al ciberespacio.

¿Qué os pido a todos, compañeros de letras? Que no os rindáis. Que no os preocupéis porque os tilden de fracasados si habéis vendido un puñado de libros. Que améis vuestra obra. Que os sintáis orgullosos de ser escritores. Que el mundo puede que se mueva a la velocidad de la luz, pero quien viaja a la velocidad de la luz no puede ver nada excepto lo que tiene justo enfrente. Que la superficialidad no os contagie, y que disfrutéis cada obra literaria durante semanas, meses, saboreando cada página, y reflexionando sobre cada frase.

El gran poeta Rafael Alberti nos lo dice en un fragmento de uno de sus grandes poemas cuando escribe:

No es más hondo el poeta en su oscuro subsuelo.
encerrado. Su canto asciende a más profundo
cuando, abierto en el aire, ya es de todos los hombres.

Efectivamente. Escribimos. Y somos autores de nuestros triunfos y nuestros fracasos, que no por ello debemos dejar encerrados en el subsuelo de nuestras mentes. Debemos extraer nuestras palabras del alma como quien extrae la flecha de un brazo para que no nos envenene y nos devore. La palabra más viva es aquella que llega a los demás. La palabra que se oculta se pierde y se pudre, por muy cierta que sea.

Y todo ello, en un clima de paz, de sosiego, de calma. La mente analítica del ser humano está hecha para la calma, no para la velocidad de la luz. El consumo absurdo y constante de información no nos hará mejores, al revés, nos convertirá en simples ordenadores llenos de datos que no podemos gestionar ni de los que podemos reflexionar.

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Los trucos se terminan pagando. Boeing hizo un truco con el Boeing 737 Max para competir fácilmente con Airbus, y ahora sus aviones están en el suelo llenándose de polvo. No existe un camino rápido al verdadero éxito.

La mente humana está hecha para la calma, para la tranquilidad, para trabajar despacio en la reflexión, la filosofía, la ciencia, y el análisis de los hechos acaecidos. Dejemos que ese fluido constante de información no nos consuma, y aprendamos a valorar las obras literarias, y la cultura en general, despacio y con calma. Sentémonos físicamente, y no virtualmente, con esos seres queridos con los que podemos reflexionar sobre arte, ciencias, humanidades, filosofía, y veamos cómo ha amanecido disfrutando de una buena charla sobre la condición humana con nuestros amigos y seres queridos.

Esa es la estrategia del verdadero éxito; apreciar lo que somos, lo que valemos, lo que entendemos por arte. Vender es un éxito. Apreciar cada venta, pero sobre todo, apreciar que detrás hay un ser humano que valora nuestra obra, amigos y amigas, eso no tiene precio. Muchas gracias.

P.D. el tema inferior es “21st Century Man” de la E.L.O.


Autor: Fenrir

Amateur writer, I like aviation, movies, beer, and a good talk about anything that concerns the human being.

3 comentarios en “Literatura y arte: definiendo la relatividad del éxito”

  1. donde està Niels Bohr allà estoy yo 🙂 pero aun asì discrepo: la mente humana esta hecha para la lucha despiadada de supervivencia, pero hay excepciones hermosas como Niels Bohr 🙂 felizmente ahora que hay màs de 7 billones de las personas en este mundo, hay más Niels Bohr 🙂 un abrazo en la distancia

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