Gestión y estrategias para la cuarentena

Cuando escribo esto comienza la segunda semana de cuarentena. El entusiasmo de la primera semana, los aplausos, las canciones, las buenas intenciones, quedaron atrás. Ahora comienza a pesar el confinamiento. Las noticias de los miles de infectados, y cientos de muertos, que crecen cada día. La opresión de las paredes. La angustia de las imágenes de las calles vacías. El incesante bombardeo informativo de noticias. La angustia por la situación personal y laboral de miles y miles de personas. El miedo, la ansiedad y la angustia atávicos, pero razonables, de que haya parámetros no controlados.

Y, en definitiva, el temor a que podamos terminar contaminados, y valorar si realmente todo este esfuerzo mereció la pena.

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La ansiedad tiene evidentes efectos físicos si no se controla, todos estamos sometidos a una enorme presión. Es normal, usted es humano, no un superhéroe. Dese una oportunidad a sí mismo para relajarse y superarlo.

Es terrible, sin duda. Pero, ¿qué podemos decir? De entrada, que el confinamiento y la cuarentena son necesarios. Que esta situación es terrible, sin duda. Pero mucho peor habría sido usar el modelo británico original de Boris Johnson, que consistía en no hacer nada, e ir generando una capa de protección en base a los miles y miles de infectados que se irían generando sin remedio, y, no lo olvidemos, los posteriores miles de muertos. Porque si la población de Reino Unido es de 66 millones, y digamos que se deben infectar el 70% para crear una capa de personas con protección, esos son 46 millones. Y si la tasa de mortalidad es, digamos, del 2%, esos son 920.000 muertos. Pongamos 800.000 muertos.

800.000 muertos, bajemos más todavía: 500.000 muertos. Medio millón de muertos. Muchas guerras brutales no han tenido esa mortalidad. Luego, parece que la estrategia del “no hacer nada” hace cualquier cosa menos solucionar el problema. Si yo, que soy un completo ignorante en estos temas, puedo hacer estos números, sin duda los grandes expertos podrán hacer muchos más números y verificar que “no hago nada” es una solución monstruosa.

Por lo tanto, cuando usted se sienta agobiado, cuando sienta que el tiempo pasa, y que ese entusiasmo del principio se acaba, piense en que está haciendo lo necesario. Ya le aburre hacer recetas, le aburre jugar con la consola, le aburre salir a protestar o a aplaudir, le aburre jugar y cantar con sus hijos, que además empiezan a perder el control…

Cuando todo eso pase, respire hondo. Quédese quieto. Cierre los ojos. Concéntrese unos segundos. No deje que nada ni nadie rompa esa concentración. Relaje músculos y la mente. Y, cuando se haya relajado, dígase a sí mismo: “este es el camino a seguir. Este es el camino para encontrar la salida”.

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La famosa curva de la que todo el mundo habla. La roja es la de “no hacer nada”. La azul, la que estamos haciendo. Esa es la que queremos, y por la que estamos haciendo este confinamiento.

No es fácil, por supuesto que no. Conforme pasen los días será peor. Los encierros son un reto complejísimo para personas entrenadas como astronautas y otros profesionales que tienen que trabajar meses en lugares apartados, como en submarinos, etc. Si para ellos, en situaciones controladas, ya es difícil, imagínese para el común de los mortales como usted y como yo, y en una situación no controlada.

Mi padre me dijo una vez, cuando era joven: “en cada situación, sé tú quien se adapta al contexto, y no intentes que sea al revés, porque eso nunca podrás conseguirlo. Mimetízate con el problema, e intenta obtener el máximo de cada situación. Mantén el control, y obtendrás una experiencia única incluso de las situaciones más duras e inesperadas”. Y me sirvió mucho. Luego, en el servicio militar, tuve que adaptarme a condiciones durísimas. Allí aprendí que sobrevivir no es cuestión de guarecer el cuerpo solamente, sino también la mente. Quien deja que la mente se pierda en quimeras imposibles y se desate el descontrol está perdido.

La segunda semana va a ser dura. Más lo será la tercera. La cuarta, con todo lo que conlleva, también es la de ver la salida. Pero mucha gente tendrá una carga emocional y psicológica acumulada terrible, que les llevará al máximo en esos últimos días. Por lo tanto, sabiendo lo que viene, vamos a prepararnos ya. Haga algo de ejercicio en casa, mire por la ventana y respire hondo, e insisto: ojos cerrados y control. ¿No es fácil? Por supuesto que no. De hecho hay gente que tendrá necesidad de ayuda psicológica, y un ejército de psicólogos ya se han ofrecido en Internet a ayudar. No sea tímido, ni le dé vergüenza. Pida ayuda. Mejor ahora, antes de que el problema se agrave.

Saldremos de esta, claro que sí. Saldremos de esta situación. Se habrán perdido vidas, pero serán las menos, dentro de las posibilidades que tenemos. Y seguiremos adelante con nuestras vidas. Seguro que sí. Hágalo por usted, por los suyos, y por todos. Si mantenemos el control, salvamos vidas. Y usted estará contribuyendo a eso. Merece la pena.


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Autor: Fenrir

Amateur writer, I like aviation, movies, beer, and a good talk about anything that concerns the human being.

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