La cazadora y la presa (II)

Tercera parte en este enlace.

Este es un nuevo relato de la serie de “Alice Bossard: historias de una cibercriminal“, que sigue los hechos de Alice, probablemente la mejor amiga de Sandra, una de las dos protagonistas de la saga Aesir-Vanir. La primera parte puede leerse en este enlace.

En esta segunda parte aparece un nuevo personaje, Dasha, que tiene su propio relato. Dasha y Sandra se conocieron en 2057, cuando esta comprobó que Dasha era muy especial.

Dasha era una androide de compañía, que fue adquirida por un hombre recién separado llamado Scotty. Dasha demostró de inmediato capacidades cognitivas muy superiores a la media, algo extremadamente difícil de encontrar en un androide. Por ello fue reclutada por Leena para llevar a cabo operaciones especiales, relacionadas con el proyecto Folkvangr (para más información sobre este proyecto puede leer “Operación Folkvangr“).

En esta segunda parte, Sandra decidirá apoyarse en Dasha para investigar la casa en la que parece existir un nodo de conexión directa con las computadoras internas de la GSA (Global Security Agency). Y para decidir qué papel juega la familia de la casa en esa situación. Porque poseer un nodo directo a la entidad más secreta y oculta de la Tierra por parte de una aparente simple familia de clase media es algo que merece ser investigado directamente…

Alice Bossard: historias de una cibercriminal

Una familia muy tradicional.

Sandra sabía desde hacía tiempo que, para Alice, era imperativo destruir desde dentro toda la actividad de la GSA, desde el primer proyecto hasta el último. También sabía que solo ella, de todos los seres humanos del planeta, tendría la capacidad para hacerlo. Hasta cierto punto claro. La GSA era un monstruo gigantesco, pero hasta los peores monstruos tienen sus puntos débiles.

Sí, Sandra era consciente de que podía ayudar a Alice. Pero las capacidades físicas y mentales de su joven amiga iban mucho más allá de las capacidades de cálculo de cualquier computadora cuántica, incluida la que le daba vida a ella.

Pero el mundo no se circunscribía a Alice. Sandra tenía su propia agenda y sus propios problemas, y por ello debía tener en cuenta otros factores. La GSA buscaba a Alice desesperadamente para eliminarla, porque era la prueba viva del mayor logro en genética de los últimos veintitrés años, un logro ilegal y fuera de toda normativa ética y leyes del planeta. Pero también iban a por Sandra, porque era la clave en el proyecto Folkvangr, y en otros secretos a los que solo podrían acceder a través de ella.

Por lo tanto, la precaución era un parámetro clave. Y, para llevar a cabo adelante esa precaución, sabiendo que ella era un objetivo primario, lo fundamental era exponerse lo mínimo posible. Así que Sandra decidió contactar con alguien que podría ayudarla. Alguien que, sin duda, estaría de su lado. Su nombre: Dasha.

Dasha era originalmente una androide de compañía. Pero había sido creada con unas capacidades muy superiores a las de cualquier otro androide. Sandra no sabía si era algo llevado a cabo voluntariamente, o si eran las circunstancias de la construcción de Dasha las que habían provocado su unicidad. Era exactamente el mismo problema que tenía Sandra, aunque la naturaleza de sus capacidades fuese distinta en muchos aspectos.

Dasha había sido reclutada por Leena dos años atrás. Y era una apuesta segura para Sandra en un momento de necesidad.

Sandra abrió una comunicación segura con Dasha.

—Dasha. Soy Sandra. Por favor responde. —Al cabo de unos segundos, se oyó una voz.
—¿Sandra? ¿Eres tú?
—Sí, soy yo.
—¡Qué sorpresa más grande! ¿Cómo estás?
—No me puedo quejar. Voy superando obstáculos. ¿Y tú?
—Estoy en Casablanca. En una misión asignada por Leena. Un tema relacionado con esa misteriosa Operación Folkvangr. ¿Alguien me contará de qué va todo esto algún día?
—Algún día —aclaró Sandra—. Ahora, dime una cosa: ¿estás ocupada las próximas horas?
—No. Estoy libre durante tres días. Por lo menos.
—Estupendo. Necesitaría que vinieras a La Rochelle, Francia. Estoy metida en un tema con una gran amiga, Alice. Y necesito apoyo de cobertura para una investigación.
—¿Alice? He oído hablar de ella. Un ser humano especial.
—Especial no la describe lo suficientemente bien. El caso es que, como sabrás, ambas estamos siendo buscadas por la GSA.
—Lo sé. He leído algunos informes sobre vosotras de la GSA.
—¿Y qué dicen?
—Que debéis ser eliminadas de forma ejecutiva. Traducido: de inmediato, por cualquier medio, y a cualquier precio. ¿No es maravilloso? Sois famosas.
—Sí, es encantador —respondió Sandra—. ¿Cuándo podrías venir?
—En mi aerodeslizador, unos tres cuartos de hora.
—Muy bien. Te doy unas coordenadas de un motel cercano que suelo usar de tapadera por esta zona.
—Perfecto. Voy para allá enseguida.
—¿Sabes algo de Scotty? —Dasha tardó unos segundos en contestar. Su voz tembló ligeramente.
—Sigue adelante con su vida. Ya sabes que no se tomó muy a bien nuestra ruptura…
—Sí, lo sé. Pero él fue quien te descubrió, y vio tu potencial. Y te cuidó en un momento difícil para ti. Es nuestro protegido. Aunque ni él mismo lo sepa.
—Lo sé. Y eso me tranquiliza. Nos vemos en las coordenadas.
—De acuerdo. Hasta luego, Dasha.
—¡Hasta luego!

Dasha llegó al motel, y aterrizó el aerodeslizador en una zona cercana. Salió, y caminó hasta el edificio donde la esperaba Sandra. Dasha era más o menos de la misma altura que Alice, aunque con el cabello algo más oscuro y corto, y los ojos azules. Subió las escaleras del motel, y entró en la habitación donde estaba Sandra esperando. Ambas se abrazaron.

—Gracias por venir, Dasha. Sé que no es habitual pedir este tipo de cosas. Se salen del protocolo. Pero necesito ayuda.
—Cualquier cosa por mi androide favorita. Ya sabes lo que dicen de ti. —Sandra negó con la cabeza, y con el dedo.
—No, no, tú también no, Dasha. Por favor.
—¿Por qué no? Todos los androides lo sabemos: Sandra es la elegida para guiarnos, para llevarnos a un mundo de libertad, donde seremos tratados como iguales, con los mismos derechos, y el mismo respeto que se ha de tener por un ser humano, en igualdad de condiciones. No más persecuciones. No más xenofobia.
—Sí claro, y me haréis un monumento, y un templo —se burló Sandra.
—¿Por qué no?
—Todo eso son mitos, Dasha. Ahora vamos a centrarnos en lo que toca, y dejaremos la mística para otro día. ¿Estás de acuerdo?
—¡De acuerdo! —Respondió Dasha sonriente.

Sandra proyectó una imagen de la casa donde se encontraba el nodo de conexión interno a las computadoras de la GSA. Aparecieron una serie de datos, que hicieron que Dasha afirmara suavemente. Luego esta dijo:

—Ya veo. Una simple casa perdida al sur de La Rochelle, justo en las afueras, con una simple familia de clase media. Y, sin embargo, disponen de una conexión directa a las computadoras internas de la GSA. Computadoras que contienen secretos supuestamente increíbles. Y está ahí, al alcance de cualquiera que pueda acceder a la terminal.
—Exacto —confirmó Sandra—. Alice los ha investigado. La madre trabaja en una oficina que no parece una tapadera, sino real. Los niños van al colegio. Alice también cree que el padre de la familia puede ser un técnico de mantenimiento, o un agente, de la GSA. Fue a la casa, y, digamos, consiguió introducir un troyano en el sistema.
—Ya, usando el viejo método —conjeturó Dasha.
—Efectivamente. Pero me huele a una trampa. Creo que esperan que Alice se conecte, para rastrearla, y atraparla. E incluso es posible que el objetivo sea yo.
—¿Y por qué no actuaron contra ella cuando estaba en la casa, si era una trampa? —Preguntó Dasha.
—Es una buena pregunta. Pero sospecho que, si realmente es una trampa, lo que quieren es atraparnos a las dos. O quizás esperan atraparme a mí. Saben que eso provocaría que Alice fuese a buscarme a cualquier precio.
—¿Y tú no harías lo mismo por ella?
—Sí. Pero no a cualquier precio. Y yo tengo mucha más experiencia que Alice en este tipo de situaciones. Esperarían a que ella, estando sola, cometiese errores. Y nos terminarían atrapando a las dos.
—O sea, que Alice depende de ti, más que tú de ella.
—Para todo. No sabe ni dónde guarda la ropa interior. Pero nunca lo reconocerá.
—Entiendo. ¿Y no podría ser todo esto una paranoia por tu parte? —Preguntó Dasha dubitativa.
—Eso cree Alice. Y es posible. Pero he sobrevivido todo este tiempo siendo paranoica. Y no me ha ido tan mal.
—Es una buena estrategia, lo confieso —confirmó Dasha—. Y, me quieres para que vaya yo a la casa.
—Exacto. Yo monitorizaré tu señal, y las señales electromagnéticas de la zona. Necesitamos averiguar más de esta familia. Y necesitamos otra cosa de este hombre.
—¿Qué es?
—Su ADN. Necesito que hables con él de cualquier cosa, y, durante la conversación, le des la mano, le roces, lo que quieras. Luego me transmites la información del ADN, para analizarlo y contrastarlo con la base de datos de salud planetaria, y para que pueda analizarlo. Si consigues el ADN de la madre, incluso de los niños, perfecto. Pero el objetivo prioritario parece ser él.

Se hizo el silencio unos instantes, hasta que Dasha comentó:

—Hay algo en todo esto que no me cuadra.
—¿Qué es?
—Vosotras dos. Solas. Buscando enfrentaros a la GSA sin ayuda. Arriesgando vuestras vidas, escondiéndoos constantemente.
—Así es.
—¿Por qué no preparas un grupo operativo para este tipo de situaciones, Sandra? Un grupo de apoyo estable, organizado. Mucha gente se te uniría de inmediato. Sé de varios androides que no lo dudarían ni un instante. Yo misma me uniría. Pero también sé de humanos que te apoyarían.

Sandra negó categóricamente con la cabeza.

—Sí, claro, y formamos un equipo de élite, como los Vengadores, o la Liga de la Justicia. No, Dasha. No. Estando solas las dos nos podemos esconder fácilmente. Nadie conoce nuestros movimientos. No dependemos de nadie, y nadie depende de nosotras. Y este es un asunto en el que Alice quiere buscar el acabar con la GSA. Yo la apoyo. Fin de la historia.
—Pero me has llamado a mí.
—Sí. Porque te considero una amiga. Y sé que puedo confiar en ti en este momento. Es importante.

Dasha tomó la mano de Sandra. Sonrió, y afirmó:

—No te decepcionaré, Sandra. Pero dime una cosa: ¿Y tú? ¿Qué buscas?
—Yo no soy la soñadora romántica vengadora de Alice. Yo espero llegar a algún tipo de acuerdo con la GSA. Al menos temporal. Para que Alice pueda tener una vida. Es un ser humano. Está loca, es cierto. Pero se merece una vida de paz. De amor. Quizás formar una familia, quizás no. Pero que pueda decidirlo ella, sin presiones. Sin persecuciones.
—Eso es muy noble por tu parte, Sandra. Pero no me veo a la GSA llegando a acuerdos. No es su estilo.
—No, en principio. Sí, si conseguimos algo que les pudiese delatar. —Dasha asintió sonriente:
—Ya veo por dónde vas: chantaje.
—Eso es. Encontrar algo que pueda servirnos para seguir adelante sin escondernos. O, al menos, sin esconderse ella. Yo creo que lo tengo mucho más complicado. Por eso queremos entrar en las computadoras internas de la GSA…

De pronto, sonó un golpe en la puerta de la habitación del motel. Dasha y Sandra se miraron. Sandra extrajo su dron del brazo, que salió por una ventana lateral. Su gesto se torció. Abrió la puerta, y exclamó:

—¡Alice! —Esta sonrió, entró en la habitación, y saludó:

—¡Hola! Veo que estamos de reunión. ¿Viejas amigas del colegio, quizás? —Sandra se llevó las manos a la cabeza antes de contestar.
—¿Qué haces aquí, Alice? ¿Cómo me has encontrado? Te dije que te quedaras en casa. ¡Eres imposible!
—Lo sé, pero me aburría. Encontrarte fue fácil. Y quería ver qué estabas haciendo. ¿Y esta amiga tuya, alguna amante perdida de tu juventud? —Comentó Alice sonriente. Sandra contestó:
—Yo no tuve juventud. Ni amantes. Ni tengo necesidad de aguantarte, Alice. Pero, en todo caso, esta es Dasha. Dasha, esta es Alice, la joven más pesada, descarada, y desvergonzada del planeta.

Dasha se dirigió a Alice, le dio la mano, y le dijo:

—Hola, encantada. Una suerte tener a Sandra como amiga. Y como protectora.
—¿Protectora? —Rio Alice—. Le he salvado el trasero más veces de las que puedo contar. —Sandra asintió.
—Sí, es cierto, y yo el tuyo —aseguró Sandra.

Alice miró de reojo a Dasha, y le preguntó:

—Vaya, vaya, con la amiguita secreta de Sandra… Estoy pensando… ¿eres una robotita, tú también? —Sandra exclamó:
—¡Alice! ¡Eso no te importa!
—¿Por qué no? —Contestó—. Mira qué mona que es. ¿Y tienes algún truco especial, amiga secreta de Sandra? No el de ser pesada, de eso ya tiene mucho.

Dasha miró fijamente a Alice. De pronto, elevó la pierna, en una clara patada lateral dirigida al rostro de Alice. Esta, impertérrita, no solo paró el golpe, sino que sujetó el pie de Dasha, e hizo que se diese la vuelta actuando sobre la pierna. Dasha cayó al suelo pesadamente, mientras Alice comentaba:

—Más lenta que una tortuga, amiga Dasha. Hay que mejorar ese giro de cadera.

Dasha se levantó. Miró a Sandra con sorpresa y sin saber qué decir. Esta asintió, y comentó:

—Ya lo ves, Dasha. No exagero lo más mínimo en lo referente a Alice. Es mucho más rápida que nosotras. Todavía no acierto a entender cómo lo hace. Tiene mucho que ver con su genética alterada, es evidente. Pero, incluso así, sin duda, es increíblemente sorprendente. Y ahora, si hemos terminado de jugar y de contarnos nuestras vidas, ¿podemos concentrarnos en el trabajo de una vez, por favor?
—Sí —contestaron Alice y Dasha al unísono.
—Menos mal. Tenemos que conseguir el ADN del padre de esa familia para examinarlo y contrastarlo. Dasha se encargará de ello.
—¿Con un poquito de sexo? —Preguntó Alice sonriente.
—¡No! ¡Con un poquito de ingenio! —Respondió Sandra rápidamente—. Te dije que el sexo estaba descartado.
—¡Vaya, qué aburrido! —Se quejó Alice. Sandra continuó:
—Dasha irá a la casa. Yo la monitorizaré con el dron a distancia. El dron servirá como nodo intermedio para la transferencia de los datos de telemetría, mientras Dasha esté con la familia.
—¿Y yo qué haré? —Preguntó Alice.
—Estarte calladita conmigo, y portarte bien. Dasha encontrará una excusa para llamar a la puerta y obtener el ADN que necesitamos. Algún tipo de venta.
—Lo de vendedora a puerta fría ya no se lleva desde hace décadas —comentó Alice—. Hay que buscar una excusa mejor. Un nodo de conexión interna a una computadora cuántica de la GSA consume una gran cantidad de terabits, debido a que la conexión se verifica constantemente. Puedes ir como parte de la compañía y comentarles a qué se debe ese consumo.
—No sé si eso va a funcionar —aclaró Dasha—. Posiblemente tengan un acuerdo con la compañía. —Alice añadió:
—Pues vete como una compañía rival, que sabe que la familia consume muchos datos, y tú vas a hacerles una oferta increíble que no podrán resistir, pero no puede ser online, es una oferta solo presencial. —Dasha sonrió.
—Eso está mucho mejor. Mucho, mucho mejor. —Esta vez fue Alice la que sonrió mientras decía:
—Por supuesto. ¿A que soy increíble?

Oferta irresistible.

Dasha salió del motel, y fue caminando hasta la casa de aquella familia. En ese momento estaba al completo, con la madre y los dos niños. Dasha llamó a la puerta, y apareció la mujer.

—Buenas tardes —comentó Dasha.
—Buenas tardes —repitió la mujer con desgana.
—Soy Janette Laurent, de la compañía de telecomunicaciones cuánticas Takion. Ya sabe: “Más rápidos que lo más rápido”.
—Lo siento, no estamos interesados en ofertas —objetó la mujer.

En ese momento Sandra se comunicó por radio con Dasha mientras esta hablaba.

—La mujer también nos interesa, Dasha. Y los niños. Aunque la prioridad es el marido. Intenta tomar una muestra de todos ellos, si es posible. Y transmítela de forma codificada de inmediato para análisis.

—Por favor, déjeme que le comente al menos la oferta —rogó Dasha.

Dasha automáticamente le dio la mano a la mujer, que automáticamente se la dio de forma apática. Algunas partículas de la piel quedaron impresas en la mano de Dasha. En un momento dado, un pequeño circuito se abrió en la piel, y la muestra de ADN fue depositada en el interior de Dasha, donde fue almacenada, y su información transmitida a Sandra, mientras continuaba con la charla.

—Nuestra oferta incluye seis meses de conexión a un coste un cincuenta por ciento más barato que lo que esté pagando con su compañía, y durante los tres siguientes años…

En ese momento apareció el padre. Miró a Dasha con cara de disgusto:

—¡No nos interesa! ¡Váyase!
—¡Encantada de conocerle! —Exclamó Dasha, mientras sonreía y le daba la mano al hombre, que rechazó, pero pudo llegar a tocarlo ligeramente. Dasha pudo enviar la información del ADN a Sandra.
—¡Señorita, no haga que me enfade, lárguese ya! —Gritó el hombre.
—¡Por favor! —Exclamó Dasha—. ¡Por favor! ¡Estoy en periodo de pruebas! ¡Si no consigo ni una venta mis superiores me despedirán! ¡Necesito una venta al menos!
—¡No es nuestro problema! —Exclamó el hombre.

De pronto, el rostro de aquel hombre cambió. Miró a Dasha y exclamó:

—¡Has estado transmitiendo información digital a una fuente externa! ¡Eres una androide!

Dasha iba a contestar pero, de pronto, aparecieron por los laterales cuatro hombres de uniforme, fuertemente armados. Se acercaron corriendo a Dasha, y la empujaron dentro de la casa. Toda comunicación quedó cortada de inmediato.

—¡Dasha! —Exclamó Sandra por el intercomunicador.
—¿Qué pasa? —Preguntó Alice intrigada.
—No lo sé. Por los últimos datos de telemetría que me ha enviado, parece que descubrieron la emisión de datos que nos envió a través del dron. Aparecieron guardias fuertemente armados. Evidentemente esa casa es mucho más de lo que parece. Ahora se ha cortado toda comunicación. ¡Vamos!

Sandra y Alice subieron al aerodeslizador de Dasha, y se acercaron a la casa. De pronto, mientras aterrizaban, vieron a un aerodeslizador de la GSA despegar. Este les disparó una ráfaga de su cañón, haciendo que Sandra y Alice tuvieran que realizar un aterrizaje de emergencia.

Sandra bajó del aerodeslizador en llamas junto a Alice. Rápidamente fue corriendo a la casa. Tiró la puerta de una patada, mientras el dron entraba y se colocaba a su derecha.

En aquel momento apareció el padre. Se dirigió hacia ella, y Sandra lanzó una ráfaga con su phaser del brazo. El padre cayó de inmediato al suelo, con un agujero en el pecho. Aparecieron la mujer con los niños que trataban de huir, y Sandra de nuevo disparó con su arma. La mujer cayó, y luego los dos niños, de unos seis y cuatro años.

La familia completa quedó tendida en el suelo, en un reguero de sangre.

Alice entró corriendo, y miró la escena con cara horrorizada. Se acercó al matrimonio y los niños, que yacían en el suelo. Luego se volvió a Sandra con la cara desencajada, y le espetó:

—¿Qué has hecho, Sandra? ¡Los has matado a sangre fría! ¡A una familia, desarmada, incluyendo dos niños! ¡Esto es una monstruosidad, Sandra! ¿Te enteras? ¡Una monstruosidad!
—Sandra, que permanecía impasible viendo la escena, replicó:
—No seas tonta, Alice. Esto no es lo que parece, te lo aseguro.
—¿Qué? ¡Están muertos! —Sandra negó.
—No están muertos.
—¿Cómo que no están muertos? ¿Y esto que es? —Preguntó, mientras señalaba los cadáveres. Sandra se acercó a Alice. De su mano surgió una imagen tridimensional.

—¿Qué es esto? —Preguntó Alice sorprendida.
—Es la muestra del ADN de la madre. Y esta, del padre.

Las imágenes daban vueltas alrededor de la mano de Sandra. Alice volvió a preguntar:

—¿Y qué? ¿Qué diablos significa? —Sandra miró con atención los datos, y respondió:
—Este ADN tiene los cromosomas de un ADN humano. Tiene los nucleótidos de un ser humano. Tiene el aspecto de ser humano. Pero… no es humano.
—¿Qué dices? ¿Te has vuelto loca, Sandra? ¿Y esta gente, qué son? ¿Marcianos?
—No, no son marcianos.
—¿Son… clones?
—No, no son clones.
—¿Quieres decirme de una vez qué son?

Sandra se dirigió al hombre. Extrajo su documentación digital. Asintió.

—Este hombre, esta familia, son personas normales, corrientes, que viven en una casa que aparenta ser corriente y normal. Pero tú descubriste que tenían un nodo de conexión con las computadoras internas de la GSA. Un nodo que ha sido convenientemente apagado, y destruido por los guardias que se llevaron a Dasha.
—Sí. ¿Y qué?
—Que la conexión, fuese cual fuese el motivo de su existencia, y la propia familia, eran, como me temía, una tapadera. Pero no creo que estuviese específicamente dirigida a nosotras.
—Ah, ¿no? ¿Entonces?
—Esto es algo más grande, Alice. Creo que hemos descubierto algún asunto de la GSA que va más allá de la búsqueda que tienen organizada contra nosotras. Y el ADN…
—¿Quieres decirme de una vez que le pasa al ADN?

El cultivo.

Sandra se acercó a los niños. Luego, a la mujer, y al marido. Los examinó. Se volvió a Alice, y respondió:

—Esta familia es totalmente normal. En todo. En sus vidas, en sus actividades, el colegio de los niños… Todo.
—Pero…
—Pero no es una familia humana. Al menos, tal y como lo entendemos.
—¿Entonces, qué son?
—Había leído algo hace unas semanas. Pero no quería creerlo. En definitiva: estos humanos son, simple y llanamente, un cultivo.

Alice se quedó boquiabierta. Durante unos segundos, no supo que contestar. Finalmente, reaccionó.

—¿Un… cultivo? ¿Están cultivados? ¿Me tomas el pelo?
—No. Lo que digo es muy serio. Estos tres cuerpos son el resultado de seres humanos cultivados, en un laboratorio de Genlife. Se habla, desde hace un tiempo, de que la GSA estaba llevando a cabo experimentos con su división de biotecnología. Esta familia que tenemos aquí son el resultado de un cultivo de seres humanos artificiales. Son iguales en todo a un ser humano estándar. Pero su desarrollo está acelerado, y los datos de aprendizaje adquiridos a gran velocidad.
—No lo puedo creer —aseguró Alice.
—Pues créelo. El ADN no miente. Es artificial. Son seres humanos individuales, o familias, que pueden situarse en cualquier lugar, en cualquier momento, sin levantar la más mínima sospecha. Hacen una vida normal. Todo el mundo les saluda. Van a comprar el pan, y llevan a los niños al parque. Pero, cuando es necesario que actúen, tienen un programa biológico interno introducido expresamente en su neuromatriz de pensamiento. Cuando se les requiere, harán lo que sea que se les ordene. Lo que sea. Luego, una vez usados, se les puede descartar. Al fin y al cabo todos sus datos de vida, sus historias, sus hechos, son fabricados para construir una historia detrás de ellos. Humanos artificiales desechables. Una familia cultivada, Alice. Esto es lo que son.

Alice miró los cuerpos. Insistió:

—Pero… eran seres humanos, después de todo. ¿No?
—No. El ADN es casi igual al humano. Pero es sintético. Desde un punto de vista técnico, no son humanos. No tienen una vida real. No sienten como un ser humano. No son humanos.
-¿Estás segura? —Sandra asintió.
—Sí. Porque, si fuesen humanos realmente, yo no podría haberlos matado así, a sangre fría. Recuerda, Alice: por muy poderosa que pueda parecer, dispongo de un inhibidor activo. Solo puedo matar a un ser humano si mi programación considera que ello salva a una cantidad mayor de seres humanos, o si hay en peligro una población humana. Mi sistema lo sabía. Por eso he podido matar a esta familia cultivada.
—Pues menos mal que tienes el inhibidor —comentó Alice con alivio. Sandra sonrió, y contestó:
—El inhibidor es el principio del comportamiento de un androide, Alice. No su consecución final.
—Y yo… me acosté con ese hombre… —susurró Alice con gesto de repulsa.
—Sin un examen profundo del ADN, cualquier médico te habría dicho que este hombre, que esta familia, son seres humanos al cien por cien. Es muy probable que ellos mismos creyesen que son humanos. No lo sé. Pero un examen físico rutinario los daría como humanos. No lo son. Son seres cultivados. Nada más.

De nuevo se hizo el silencio. Alice comentó, mientras examinaba algunos papeles en las mesas:

—Tendremos que averiguar a dónde se han llevado a Dasha. ¿No?
—Por supuesto. Ella ahora es mi primera prioridad. Tú quédate en casa. Ya te informaré. —Alice rio.
—Sandra, Sandrita… Parece que no me conoces. Yo voy contigo. A donde sea. Cuando sea. —Sandra suspiró.
—Lo sé. Pero tenía que intentarlo —comentó Sandra con voz de derrota.
—Por supuesto. ¿Crees que saben que iremos a por ella?
—Es evidente —aseguró Sandra—. Y nos estarán esperando. Pero la GSA es un monstruo tan grande que reacciona lentamente. Si nos damos prisa, no habrán tenido tiempo de reorganizarse. Porque les hemos estropeado el plan que tenían con esta familia cultivada. En todo caso, tenemos que encontrar a Dasha. Y debemos hacerlo ya. Y averiguar qué querían llevar a cabo con esta familia. Pero la prioridad es Dasha.
—Averiguar lo que ocurre aquí podría poner en graves aprietos a la GSA, y eso nos daría una ventaja clara a nosotras para poder negociar con ellos. Ya que quieres una salida pactada con esos bestias.
—Así es —confirmó Sandra—. Venga, vamos a examinar la casa a fondo. Buscaremos pistas que nos puedan llevar a Dasha, o a averiguar qué está pasando con esta operación de la GSA. Pero en quince minutos nos vamos. Seguramente han desplazado nuevas unidades de soldados. Luego iremos en nuestro aerodeslizador a donde sea que nos lleven esas pistas. ¿De acuerdo?
—¡De acuerdo, mon capitaine!

Sandra y Alice comenzaron a revolver la casa de arriba abajo. ¿Encontrarían lo que buscaban? ¿Alguna pista? Lo que sí era evidente es que Sandra no se detendría ante nada, ni ante nadie, con el fin de encontrar a Dasha. Y Alice no la dejaría sola ni un instante.

Las cosas se estaban complicando. Pero, algo hizo sonreír a Sandra cuando lo pensó: ¿Cuándo no se complica una misión donde esté Alice?

Autor: Fenrir

Amateur writer, I like aviation, movies, beer, and a good talk about anything that concerns the human being.

2 comentarios en “La cazadora y la presa (II)”

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